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Ágora Cuscatleca: Apuesta Sobre El Negrito del Batey

Carlos Girón S.

-¡Una apuesta!, unhealthy ¡una apuesta, muchachos! Les propongo que hagamos una apuesta ya, a ver quién gana, quién acierta en el pronóstico –apareció diciendo en el Ágora Cuscatleca, Julián, el sorbetero de carretón.

–“Ve con lo que viene ahora este Julián”, se apresuró a responder doña María, la de las pupusas con loroco y curtido.

–“¿Apuesta de qué o sobre qué?, inquirió el carpintero Tomás.

–¿De cuánto es la apuesta?, se adelantó a preguntar Federico, el fontanero, que había mañaneado con la es2peranza de que le caería bastante trabajo.

–“Veinticinco, cincuenta dolores”, contestó el sorbetero, agregando que consideraba que valía la pena apostar fuerte por el objeto de la apuesta.

–“Más, si quiere, y se vale la pena, como usted dice”, argumentó Angélica, señora de los mercados, de las que tienen ñeque para todo.

–“Apuesten, o apostemos lo que sea, pero aclaremos sobre qué”, intervino el joven universitario que iba temprano también para la U, pero que se sintió atraído y tentado sobre el contenido de la apuesta.

–Pedro, el vendedor de billetes de lotería también se sintió intrigado y pidió lo tomaran en cuenta en la apuesta, pero que dijeran pronto la cosa o el asunto objeto de la propuesta.

–Julián develó el enigma: la apuesta era sobre qué pasará o qué harán con Chico Flores –si lo dejarán libre o lo mandarán a la cárcel– en el tribunal donde “yo digo que están haciendo un amago, un parapeto, de que lo van a enjuiciar en serio por los 10 o 15 millones de dólares donados por Taiwán para ayudar a los miles de damnificados de desastres y para mitigar la pobreza de mucha gente, que nunca llegaron a su destino, sino que se desviaron a otras manos, además de las suyas”.

–“Uchica, está bien peluda esa cuestión, de veras”, se adelantó a decir María”, pupusas en mano.

–“Miren –dijo el universitario—hay muchos indicios de que lo dejarán libre, comenzando con el Fiscal, que nunca quiso incluir entre los delitos de que se le acusan, el lavado de dinero, sobre lo que se han vertido abundantes pruebas con cheques que han ido y venido, a Costa Rica, al partido playero, por lo arenoso, y otros.

–“Es que ha sido su empleado, y parece que sigue con nexos con parientes de ese Chico”, hizo notar la vendedora de bolsas de mango, Amanda

–“Si, pero también se han movido muchos hilos en el caso para lograr el objetivo de dejarlo impune”, afirmó Amadeo, un taxista que estaba en su auto, pegado a la acera, escuchando y opinando sobre los temas que se debatían en ese lugar de reunión,  el Ágora, donde relumbra el filosofar del pueblo. Y agregó Amadeo: “Tomen en cuenta que en todo eso ha habido una danza de miles y miles de dólares que se han repartido aquí y allá”.

–“Si miran el semblante del negrito en los periódicos; se ve muy tranquilo, con una sonrisa burlona, como sintiéndose confiado de lo que ya le han adelantado: que no irá a la cárcel, pues no ha cometido ningún delito”, acotó el señor de edad bien vestido que acababa de asomar a la reunión.

–“¡Y qué más da, pue, no sería ni el único ni el último caso de impunidad!”, dijo Tomás. Y agregó: “Otros casos no menos graves, de apropiación de muchos millones de dólares destinados a obras de beneficio para el pueblo, ¿no fueron premiados los acusados con la exoneración de todo cargo delictivo?”. Y agregó: “ Tienen el caso de los fondos para el nuevo Hospital de Maternidad, que nunca lo hicieron en los gobiernos anteriores a los del FMLN, pues se dijo que se los bombeó aquel famoso ministro de salud. Y el de ENEL, y otros y otros”.

–“Bueno, aquí  entre nosotros, ¿quiénes se pronuncian en el sentido de que también el Negrito del Batey será exonerado, y quiénes se inclinan por el fallo de que irá a la cárcel?

–“Yo apuesto 50 dólares, y aquí los pongo, por la primera alternativa –que lo declararán un angelito, como el angelito negro de la canción, ya verán”, dijo Tomás.

–¡Nooombre, cómo va a creer semejante grosería!, ripostó Rosa, la del carretoncito de café con pan. “Yo no tengo 50 dolarucos, añadió; pero si los tuviera, lo mandaría directo, no a su casa, sino a la chirona, quiero decir, creo que eso harían el juez y los fiscales y querellantes, como les dicen a los que lo acusan…

–“Tiene razón doña Rosa”, dijo Filadelfo, el lustrador de zapatos, mientras se los chainiaba a un parroquiano que pasó por allí. Dijo más: “Recuerden que los arenosos hasta han realizado marchas exigiendo golpear duro a los corruptos, aunque el negrito sea de la misma playa y se lo lleven de encuentro”.

–“¡Ay mi Dios, eso si que no! Chucho no come chucho”, apuntó Angélica, la de los mercados, agregando, ¿no para eso son padrinos de gente elevada en la Fiscalía, pues, no lo sabían o se hacen…”.

–“Bueno, pero la apuesta sigue en pie, señores”, recordó Julián. “Yo le apuesto a los barrotes, añadió, tras de los cuales debía estar desde el inicio del caso, el morenito quemado de la playa”,

–¡Julián, Julián!, la apuesta se disipa, pues siento que todos los presentes aquí inclinamos hacia abajo el pulgar, ¿si o no, muchachos y muchachas?, dijo el lustrador de calzado, a lo que la concurrencia respondió en coro:

¡Cierto, Cierto! ¿para qué apuesta en este caso donde lo que es el pueblo limpio, honesto y trabajador ya dio también su veredicto con pulgar abajo?

–¡Bravo, bravo!, amigos y amigas todos, y confiemos en que las autoridades judiciales dictarán al final del caso, un veredicto que es el que pedimos y esperamos nosotros, el pueblo: pulgar abajo –sentenció por último, Pedro, el billetero. Con ese consenso, los parroquianos del Ágora fueron dispersándose por diversos lados, acariciando siempre la esperanza de que el día les traerá ocupación para ganar lo del pan de cada día para la familia.

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