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A UN AÑO DE LA CAPTURA DE ENRIQUE ANAYA…

Por David Alfaro
08/06/2026

Hace exactamente un año fue capturado el abogado Enrique Anaya. Su detención, así como la captura de Ruth López, se convirtieron en dos de los episodios que evidenció el deterioro del Estado de derecho en El Salvador y mostró con mayor claridad el verdadero rostro del dictador Nayib #Bukele.

Durante años, Bukele vendió al mundo la imagen de un líder moderno, carismático y «cool». Con chaquetas de cuero, gorras, publicaciones virales y un estilo comunicacional distinto al de los políticos tradicionales, convenció a millones de personas de que era posible ejercer el poder de una manera nueva. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa imagen comenzó a desmoronarse.

Hoy, cuando se cumple un año de la captura de Enrique Anaya, la caricatura de Manfredo Velásquez resume una realidad que ya no puede ocultarse. Mientras en la parte superior aparece la figura burlona de un mandatario que se autodenomina «dictador cool», en la parte inferior se observa la detención de un abogado crítico del dictador, rodeado por agentes policiales que responden más a los intereses del poder político que a la aplicación imparcial de la ley.

Lo que alguna vez fue presentado como una revolución democrática, se ha convertido en un régimen sustentado en el miedo, la propaganda y la persecución de voces disidentes. La captura de opositores, periodistas, defensores de derechos humanos y críticos del gobierno ha generado crecientes cuestionamientos dentro y fuera del país.

Un año después de la captura de Enrique Anaya, la pregunta sigue vigente: ¿qué tan lejos está dispuesto a llegar el poder para silenciar a quienes piensan diferente?

La imagen del presidente moderno y disruptivo parece haber quedado atrás. En su lugar emerge, para muchos observadores, la figura de un gobernante que concentra poder, debilita los contrapesos institucionales y responde a la crítica mediante la intimidación.

El llamado «presidente cool» ya no es evaluado únicamente por su narrativa o por su capacidad de comunicación. Cada vez más, es juzgado por los hechos. Y para quienes ven en la captura de Enrique Anaya un caso de persecución política, esa máscara terminó de caer hace mucho tiempo.

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