Dr. Víctor Manuel Valle Monterrosa
El 7 de mayo de 1980, Día del Soldado, un grupo de conspiradores fue detenido manu militari en la Finca San Luis, en la periferia de Santa Tecla y perteneciente a un miembro de la amplia familia Guirola.
Ese día, hace 46 años, una patrulla militar leal al coronel Adolfo Arnoldo Majano, miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno, capturó a Roberto d´Aubuisson, Álvaro Saravia y otra veintena de civiles y militares que acusados de estar reunidos para conspirar en un golpe de estado contra la Junta de Gobierno instalada en octubre de 1979 y re organizada en enero de 1980 y, al mismo tiempo, orquestar una “guerra de exterminio” de subversivos de izquierda y tontos útiles acompañantes.
Una agenda perteneciente al capitán Álvaro Saravia, cuyo contenido fue descifrado por especialistas en espionaje y criptografía, determinaron que en las notas contenidas en la decomisada agenda estaba el detalle de la conspiración que llevó al asesinato de Monseñor Romero, el 24 de marzo de 1980, en lo que los asesinos confabulados llamaron Operación Piña. Todo eso es ya de dominio público y se encuentra debidamente documentado.
El hecho es importante porque sucedió mes y medio después del asesinato de Monseñor Romero y 4 meses después de que se instaló la llamada segunda Junta Revolucionaria de Gobierno, en enero de 1980, para darle forma un gobierno contrainsurgente a la medida de Estados Unidos y con la fuerte influencia del Alto Mando Militar derechista que revirtió el curso progresista que intentó iniciar la primera Junta, instalada inmediatamente después del derrocamiento del general masacrador Carlos Humberto Romero.
Los forcejeos de los primeros meses del año fueron notorios y determinantes. La primera Junta, progresista, fue desmantelada y sólo se quedó de los iniciales el coronel Adolfo Arnoldo Majano, de muchas simpatías en los militares jóvenes y algunos políticos progresistas; pero su situación y estabilidad en el poder era un poco precaria. La acción del 7 de mayo de 1980 tenía la intención de probar correlación de fuerzas: era un pulsito con la dinámica de los hechos políticos y militares.
La captura de d’Aubuisson y compañeros tenía una doble utilidad inmediata: hacía luz sobre el asesinato de Monseñor Romero y ponía a prueba la posibilidad de un eventual curso progresista de la Junta de Gobierno que, de por sí, ya estaba acusada de represiva y contrainsurgente.
Al final, en el forcejeo se impusieron los militares retardatarios y leales la trayectoria del estamento militar en los gobiernos del PCN y el coronel Majano salió debilitado. Como resultado, los conspiradores fueron liberados y no fueron encausados pues su reunión era inocua, estaban celebrando el Día del Soldado sanamente, dijeron, y les creyeron.
Ahí surgió como figura política notoria Roberto d´Aubuisson, mascarón de proa de la barca de violencia que se necesitaba para hacerle contrapeso a la insurgencia que estaba a punto de entrar con toda fuerza en la vida nacional. d´Aubuisson se salvó y emergió con fuerza política. Majano salió de la jugada, el movimiento cívico militar progresista de 1979 se descalabró y El Salvador entró de lleno a un esquema de insurgencia y contrainsurgencia que desangró y desgasto todo al país durante los siguientes 12 años.
Es bueno recordar esos hechos, aunque sea en sus perfiles más notorios, pues no es bueno para el país que hechos similares se repitan. La historia debe servir para educar el soberano, el ´pueblo, y evitar la repetición de errores del pasado.
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