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Y, ¿QUË HAY DE NUESTRA MEMORIA HISTÓRICA?

Luis Arnoldo Colato Hernández, Educador

La memoria compila los pormenores sucedidos, las experiencias acumuladas, el crecimiento personal que derivamos.

Al carecer de esa experiencia somos como niños a los que hay que conducir de la mano, también en sociedad.

Un ejemplo de ello es la reciente pandemia, que debería volvernos resilientes por sus costes humanos y materiales.

Otro ejemplo es el pasado conflicto armado.

No pasemos por alto que no se lo puede considerar un hecho aislado en el tiempo, porque si es consecuencia de las acciones de la oligarquía y sus reformas políticas y económicas agrarias adelantadas en el decenio de los 70’s del siglo 19, con la ley de extinción de ejidos.

Ella derivó toda la convulsa historia reciente, pues al ser desprovistos de lo propio, los campesinos respondieron violentamente, incrementando esa violencia hasta enero de 1932, y concatenándose con los diferentes hechos político sociales que nos afectan como sociedad.

Es decir; podemos rastrear desde ese momento la violencia social hasta ahora, comenzando con la pérdida de los bienes campesinos con aquel plumazo, porque además los ataron a la naciente institución de la hacienda, con la ley contra la vagancia.

La violencia consecuente aumentó hasta 1905 con un reguero de crímenes relacionados, respondiendo el estado con la creación de la infame GN, y el magnicidio del ex presidente Araujo, atajando las reformas con las que intentó aliviar las tensiones agrarias, saldándose con aquella parodia de juicios exprés que fusiló a sus hechores materiales, sin intentar identificar a los intelectuales.

A ello siguió el convulso retorno al conservadurismo duro, que derivara junto a la caída de Wall Street, con los levantamientos en el occidente de la República, con la marina estadounidense e inglesa en las costas salvadoreñas respaldando el etnocidio del martinato, cuyo coste final en vidas humanas aún desconocemos.

Y así podemos continuar y siempre encontraremos la correlación con el robo de las tierras ejidales a favor de la oligarquía y con la complicidad del estado hasta nuestros días.

Ahora, los mismos procuran reescribir la historia, desdibujando los hechos y responsabilidades, imponiéndonos una narrativa alternativa, causales no relacionadas, y, la idea de que un caudillo puede resolvernos todo.

Ocultando de la historia, que la injusticia y exclusión social son estructurales, causadas intencionalmente por las élites económicas.

La cuestión es simple: la riqueza no ha sido generada por esta, sino que es producto del usufructo y expolio de las mayorías para su beneficio particular y mediando el uso patrimonialista estatal.

Para lograrlo, se ha silenciado sistemáticamente a todo el que lo señala, también ahora.

Ahí los crímenes que se han cometido desde el estado, y que por extensión han derivado en la violencia social que nos aflige, pues se transforma en las denominadas cadenas de venganza, implicando a la base social que, desatada, participa de la sangría como vemos en los diferentes episodios de nuestra historia.

 

Cuidado entonces con ese intento del oficialismo por reescribir nuestra historia, pues solo prepara el terreno para nuevas sangrías mientras se enriquece gratuitamente.

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