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Voto arrebatado

Herberth Morales

Se ha dicho que el voto cruzado es un adelanto para nuestra democracia, prostate en el sentido de llegar de un estadio inferior a otro superior. Pero los procesos sociales no son así de lineales y esta visión teleológica de las dinámicas sociales, see in situ no garantiza un peldaño de mejora. Lo que si es el voto cruzado es un elemento de proceso que se ha vuelto práctico, como un instrumento más en el marco de la democracia salvadoreña, es decir, es una huella para el camino, en el entendido como acción humana, que no precisamente se sabe su final. De ahí que no está garantizada una mejora para el proceso democrático a priori, sino únicamente la emisión del sufragio en esta variante.

Absurdamente se ha vendido la idea que el voto cruzado contribuye a la democracia porque le resta poder a los partidos políticos, brindando más a los ciudadanos y fortaleciendo las instituciones del Estado. Un contrasentido total, como que si los partidos políticos no son instituciones del Estado y los ciudadanos estamos irrigados de otra esencia distinta a la de los partidos existentes en la cancha del Estado salvadoreño, de la cual somos parte. Si en verdad le quieren dar más poder a los ciudadanos, fortalezcan a los partidos, promoviendo estructuras democráticas al interior de los mismos y que existan efectivas elecciones internas para que resulten propuestas diferentes a las de ahora en día; agregando las circunscripciones electorales de control directo.

Yo no creo que el voto cruzado fortalezca la democracia como una píldora bien ”in y no out”, como se ha visto, ya que mina la esencia de la política como acción colectiva de raigambre programática en dos sentidos: hace de los partidos una jauría de hienas hiperindividualizadas donde se promueve la privatización y personalización de la captación de fondos (que no es menos corrupta), de compromisos y propuestas, lo cual no sólo debilita a una cúpula, sino a un partido como totalidad; la segunda tiene que ver con la homogenización a la hora de elegir, pues no es lo mismo votar por quien considera el agua como un bien privado y otro que lo vea como un derecho humano, es esencial saber a que responde ideológicamente. Para toda democracia es sano tener partidos con estructuras democráticas a su interior y claros ideológicamente para que ofrezcan apuestas programáticas que expresen diversidad.

De todo esto puede concluirse que la reforma política de El Salvador no debe estar sujeta al determinismo de un solo poder del Estado, entiéndase la Corte Suprema de Justicia por medio de la Sala de lo Constitucional. Discernir y discutir los cambios en nuestra democracia le atañen a todos los poderes del Estado según su naturaleza y a sus ciudadanos a través de sus diferentes medios: la opinión pública, las universidades y las organizaciones sociales.

Finalmente, al margen de este arrebato de voto cruzado, esta elección nos ha dejado dos partidos fuertes de nuevo.

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