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Una visita inesperada

Marlon Chicas

El Tecleño Memorioso

Santa Tecla, conserva como parte de su identitario cultural, una serie de mitos entre sus habitantes, con relación a lugares emblemáticos, familias de abolengo, canes con dientes de oro, casas embrujadas, seres sobrenaturales entre otros, entre estas extraigo una del baúl del recuerdo de la abuelita Clemen (+), que solía contarnos en nuestra infancia, la cual aconteció en su juventud, cerca del viejo solar de la familia, en la intersección de 2ª avenida norte y 9ª calle poniente del barrio Belén.

En palabras de mamá Clemen, hubo una casa de esquina, contigua a una extinta pila pública, la cual pasaba deshabitada por largo tiempo, los que se atrevían a ocuparla huían despavoridos, argumentando la aparición del anima de un religioso en altas horas de la noche, que, de acuerdo con la abuelita, era el propietario del inmueble.

Cierto día llegó a residir una joven con su pequeña hija, sin sospechar lo que ahí sucedía por las noches, la ama de casa, luego de realizar sus labores domésticas, dedicaba la nocturnidad a su oficio de costura, con el fin de ganar algún dinero, utilizaba su vieja máquina de coser, al tiempo que velaba el dulce sueño de su hija, iluminándose únicamente con una vela.

Cuando el reloj marcó la medianoche, se escuchó el abrir de la puerta de la habitación en la que ella y su hija se encontraban, apareciendo un hombre espigado con sotana y rostro cabizbajo, buscando un lugar donde sentarse, de inmediato el extraño visitante jaló la vela e iluminándose leyó un devocionario que portaba, la joven madre fue invadida por un fuerte escalofrío y pesadez que recorrió su cuerpo, con esfuerzo saltó a la cama en la que su pequeña hija reposaba plácidamente, cubriéndose de pies a cabeza, observando entre la sabana a la inesperada visita, quien luego de finalizar la lectura del devocional, se incorporó dejando el lugar tal y como lo encontró.

Dicha acción despertó el interés y solidaridad de la muchacha, comprendiendo que su nocturnal invitado se encontraba penando ante el incumplimiento de alguna promesa en vida, por lo que decidió ayudarle a salir de tal situación, a la siguiente noche preparó un lugar especial para su huésped, con todo lo necesario, puntual a su cita el presbítero apareció en el lugar, sin dirigir la mirada a la joven, la cual no se inmutó por su presencia prosiguió su labor como era su costumbre.

Pasado el tiempo, el extraño visitante concluyó la lectura del devocional, e incorporádose llamó con su mano derecha a la inquilina, la cual valientemente se acercó a él, recibiendo de manos del religioso una carta, quien, sin dirigir palabra alguna, indicó con el dedo índice dicha nota, ordenando con gestos a cumplir lo ahí escrito, luego de ello, el clérigo abandonó el recinto para no volver jamás.

Cumpliendo lo acordado, la jovencita se avoco a casa de la madre del sacerdote para entregar la carta, la progenitora de este se mostró extrañada de la visita, en dicha nota se manifestaba el deseo del religioso de heredar el inmueble a su benefactora, la mamá del clérigo quiso  comprobar la veracidad de las palabras de la chica, pidiendo a esta identificar al autor de la carta, por medio de unas fotos de sus hijos que pendían sobre la pared, por lo que la muchacha lo ubicó de inmediato, ante ello la madre del religioso reconoció la honradez de la portadora, y otorgó el inmueble a la beneficiada.

La anterior narración es solo un ejemplo de la riqueza con que cuenta Santa Tecla, que solo el tiempo develará su autenticidad o no, como parte de la cultura popular de los tecleños, ¡hasta una próxima, amigos lectores!

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