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“Legado de una generación – 30 de julio de 1975”, un documental producido en 2017 por la Secretaría de Comunicaciones de la Universidad de El Salvador, fue presentado el pasado viernes 24 de julio, en el marco del 51 aniversario de la masacre estudiantil. Foto Diario Co Latino / Cortesía

Una generación adelantada a su tiempo y consciente de los problemas sociales

 Iván Escobar

Colaborador

Los adolescentes de secundaria y estudiantes universitarios de principios de los 70 eran jóvenes comprometidos con la realidad, conocedores de la vida difícil de los salvadoreños, conscientes de los movimientos políticos de la época, de la represión que impulsaban las fuerzas gubernamentales, en aquellos años dominadas por el poder oligárquico y los militares que, en la actualidad, la presente generación no logra percibir, ni tiene interés en conocer las causas de muchos problemas. Esta es la conclusión de docentes universitarios, así como de algunos de los sobrevivientes de la masacre del 30 de julio de 1975.

“Legado de una generación – 30 de julio de 1975”, un documental producido en 2017 por la Secretaría de Comunicaciones de la Universidad de El Salvador, fue presentado el pasado viernes 24 de julio en el cine fórum organizado por la Licenciatura de Ciencias Políticas, del departamento de Ciencias Políticas y Sociales de la Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Sociales de la UES, en el marco del 51 aniversario de la masacre estudiantil.

De acuerdo con el docente Joel Avilés, es oportuno que la comunidad estudiantil de la UES, docentes y público en general sigan conociendo sobre los hechos perpetrados en la dictadura de Armando Molina, específicamente la serie de represiones que sufrió la universidad estatal en aquel mes de julio de 1975, cuando irónicamente El Salvador se vendía a la comunidad internacional, como “el país de la sonrisa”, slogan que la dictadura aprovechó impulsar, porque el país centroamericano en ese momento celebraba el “Miss Universo”.

“Se tomó a bien realizar este cine fórum como ejercicio didáctico o extracurricular, ya que estamos hablando de varias generaciones que han reconocido y recordado de manera diferente los hechos del 30 de julio…”, indicó el docente, al tiempo que señaló que es bueno que las generaciones presentes puedan conocer de viva voz de algunos de los estudiantes de aquel entonces, que sufrieron la represión.

“Nosotros creemos que, como estudiantes, docentes, comunidad universitaria, el 30 de julio, más que ser una fecha, es una necesidad de reforzar nuestra identidad universitaria”, añadió que dicha identidad “(…) está marcada por agresiones políticas de los regímenes políticos, dictatoriales y el mes de julio tiene que ver con la intervención de la UES, el 19 de julio de 1972, y demás acontecimientos”.

Para Avilés, los estudiantes de aquellos tiempos, y en particular la generación de 1975, “era una generación hecha por su contexto… Fue una generación bastante golpeada, pero que también asumió el deber histórico que le tocaba”.

Y reiteró que “a pesar de ser muy jóvenes… pero no era el tema de la edad, era el tema de consciencia que se había adquirido en el fragor de ese contexto que estaba golpeando no solamente a los estudiantes, sino que golpeaba a la sociedad… El estudiante vino a cumplir una obligación. Este transitar fue colectivo y permitió que fuera una marea de protestas. Por ello, consideramos que las nuevas generaciones tienen que conocer de estos hechos”, aseveró.

El catedrático y sobreviviente de la masacre, René Mejía, compartió con los asistentes a la jornada su experiencia y dijo que, si bien él era un joven estudiante organizado, en aquel momento se salvó porque estuvo en otros compromisos, que hoy le permiten dar testimonio de uno de los hechos más oscuros que vivió el estudiantado universitario. “Quienes vivimos aquel 30 de julio, el tiempo nos ha convertido en testigos, a ustedes les corresponde ser custodios de la memoria y constructores del futuro”.

“No tienen que repetir nuestra historia, les pedimos que aprendan de ella, no les pedimos que vivan nuestros dolores, les pedimos que transformen esas lecciones en compromisos con la paz, el diálogo, la justicia y el servicio a la sociedad”, remarcó a los estudiantes.

Mirna Perla, abogada de la República, exmagistrada de la Corte Suprema de Justicia, en aquel año de 1975, a sus 22 años, cursaba sus estudios de derecho en la UES, recuerda cómo la dictadura se ensañó con una generación que solo entendió muchos problemas y el origen de ellos en esta sociedad y querían cambiar las cosas, pero a cambio recibieron insultos, golpes y balas.

No duda del valor y conciencia de la generación de la cual proviene y que, a pesar de la masacre, hasta el día de hoy continúa luchando por esa justicia, por esa resistencia ante cualquier forma de represión. “El estudiantado salvadoreño de aquellos años en la universidad, e incluso de secundaria, estábamos con algunas organizaciones revolucionarias, que obviamente nos hicieron estudiar, analizar la realidad y comprender”, recordó.

En el caso de ella, dijo que iban y mantenían trabajo constante en las comunidades, conocían la realidad dura de las familias en el campo, la pobreza extrema, los males que aquejaban a la gente y la indiferencia del Estado. Además, las carencias en la universidad para desarrollar un trabajo eficiente, al carecer de recursos que el gobierno negaba, “como suele pasar hoy”.

Vladimir Alfaro ofreció los comentarios del documental presentado en esta oportunidad y recalcó un elemento: la necesidad de avanzar a la organización de estudiantes, docentes y trabajadores, pues es algo que se carece hoy en día, y ha dejado a la universidad al margen de un pensamiento crítico, un pensamiento acorde a los tiempos.

“Hay que reconocer el esfuerzo, el aporte, la gesta que hicieron los estudiantes en 1975. Nosotros tenemos una crisis económica, política actualmente, en una coyuntura de represión, de autoritarismo, vemos que los patrones se vuelven a repetir”, advirtió.

En ese sentido, cuestionó ¿qué pasa con el estudiante? “Se tienen que volver a generar espacios de reflexión, espacios de discusión, de debate sobre ese tipo situaciones… Y que todo esto genere espacios para la organización”, consideró.

En esta semana, distintas organizaciones de estudiantes y autoridades universitarias están conmemorando los hechos del 30 de julio, y todos coinciden en que es necesario tener viva la memoria y no perder el origen de la lucha de aquella generación, de la cual algunos aún viven y son testimonio.

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