Saúl Méndez
Colaborador
Durante la gestión del presidente Nayib Bukele, el mandatario ha sostenido que su gobierno ha redefinido el enfoque de la paz al colocar la seguridad ciudadana y el control territorial como pilares para garantizar tranquilidad y libertad a las familias salvadoreñas. En ese marco, también ha expresado su rechazo a los Acuerdos de Paz de Chapultepec, firmados en 1992 para poner fin al conflicto armado en el país.
En contraste, Patricio Pineda, integrante de la Mesa Permanente por una Pensión Digna, subrayó la importancia de fortalecer la memoria histórica y promover una cultura de paz.
“Sin estos dos elementos, es difícil construir ese hilo conductor social, económico y político que se busca fortalecer en la actualidad”, afirmó durante la entrevista en el programa Café con PA’IS, que este mes cumplió cinco años informando.
Según la Secretaría de Prensa de la Presidencia, las acciones contundentes contra las pandillas han marcado el éxito de la administración de Bukele.
No obstante, Pineda sostiene que, en teoría, los regímenes democráticos o libertarios buscan garantizar el respeto irrestricto e inalienable a la vida, la propiedad y la libertad. En ese sentido, cuestionó prácticas como la persecución de líderes comunitarios que denuncian daños ambientales, sindicalistas que alertan sobre despidos masivos y periodistas que han investigado casos de corrupción.
El activista también advirtió que varias de estas dinámicas evocan rasgos de regímenes autoritarios del siglo pasado.
“Si no se establecen bases sólidas en torno a la memoria histórica y la cultura de paz, no se puede alcanzar aquello que, supuestamente, estas nuevas tendencias en el poder dicen promover. En la práctica, esto no se observa, y es algo que está comprobado”, explicó.
“Puede existir en el discurso, puede imponerse a través de una narrativa, pero en la realidad hay una divergencia clara entre lo que se dice y lo que se hace, en contraste con las intenciones que estos nuevos paradigmas afirman tener”, agregó Pineda.
Pese a los planteamientos oficiales, organizaciones internacionales han señalado que la gestión de Bukele se caracteriza por el uso de medidas de represión, persecución política, populismo punitivo, impulso a las criptomonedas y una sofisticada maquinaria de comunicación basada en el uso intensivo de redes sociales.
El presidente ha llegado a calificar de “farsa” tanto el conflicto armado como los Acuerdos de Paz de Chapultepec, a los que ha descrito como una “negociación entre dos cúpulas” que, según su postura, no generó beneficios para la población salvadoreña.
“Partimos, entonces, de un análisis en el que se nos impone una nueva forma de pensamiento y de narrativa, pero se deja de lado lo esencial: el individuo, el ser humano, el miembro activo de la sociedad. Es decir, no se prioriza que la persona que participa en la vida nacional tenga un desarrollo integral, que es precisamente lo que se necesita”, manifestó Pineda.
Desde septiembre de 2022, el Gobierno de Bukele introdujo en la narrativa pública el concepto de una “verdadera independencia”, en el contexto del 201.º aniversario de la independencia nacional.
“Los indicadores son evidentes, al menos en nuestro caso: la pobreza ha aumentado, el sistema de salud ha empeorado y la educación ha retrocedido. No somos un país que esté avanzando, ni en el mediano ni en el largo plazo, hacia una verdadera independencia o hacia dejar de ser dependiente de otras potencias, ya sean emergentes o consolidadas”, sostuvo.
Según datos del Movimiento de Trabajadores Despedidos, los despidos en el sector público alcanzan 47,124 casos acumulados desde 2019, una cifra que refleja vulneraciones al debido proceso y a la estabilidad laboral.
Por su parte, CONADESA señaló que 2025 estuvo marcado por despidos masivos en el sistema de salud, con más de 7,000 trabajadores cesados.
“Incluso, se observa un deterioro en el respeto a la soberanía nacional, que paradójicamente se afirma defender. Existe, entonces, una alineación que termina irrespetando a las personas, y ese no es el camino”, advirtió Pineda.
“Un modelo así no puede ser sostenible, porque responde a imposiciones derivadas de estos nuevos paradigmas y modelos que, en la práctica, no están generando el desarrollo que prometen”, concluyó.
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