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Presidentes Trump y Macron.

Roces entre Francia y EE.UU., Trump presiona a París

Prensa Latina
Aliados y compañeros de algunas aventuras bélicas, Francia y Estados Unidos vuelven a un escenario de roces diplomáticos, algo que París se esfuerza en evitar, pero en tiempos de Donald Trump resulta imposible.

La polémica entre los presidentes Emmanuel Macron y Trump no es nueva, recordando que en noviembre de 2018 el magnate inmobiliario convertido en jefe de la Casa Blanca apeló a su arma favorita, la red social Twitter, para incomodar a su par galo.

El contexto de entonces, las celebraciones en esta capital por el centenario del armisticio de la Primera Guerra Mundial, a las cuales acudió el mandatario norteamericano, quien horas después criticó la iniciativa francesa de promover un ejército europeo, atribuyó al Palacio del Elíseo trabas a productos estadounidenses, en particular el vino, y rechazó comentarios del líder anfitrión contra el nacionalismo.

Para molestar aún más, imputó a Macron las menciones en su discurso a la política de seguridad propia en el viejo continente y la defensa del patriotismo por encima del nacionalismo a intentos de desviar la atención ante problemas domésticos como su baja popularidad y el alto nivel del desempleo.

No quedó otra al jefe de la República en Marcha que responder en una entrevista concedida a la televisión pública local: ‘ser aliados de Estados Unidos no significa ser un Estado vasallo’.

Los ‘nuevos campos de batalla’ Washington-París pudieran ser un poco más complicados, porque responden en un caso a una decisión legislativa, y en el otro a una visión de política exterior.

Sin embargo, ningún analista prevé que la sangre llegue al río, sobre todo porque la historia ha demostrado que en la Unión Europea todos prefieren evitar los choques de envergadura con la superpotencia.

LOS HECHOS

El 11 de julio, el Parlamento de Francia aprobó la llamada ley GAFA (acrónimo de Google, Amazon, Facebook y Apple), que consiste en cobrar una tasa de tres por ciento sobre los ingresos de los gigantes de Internet, particularmente los procedentes de la publicidad dirigida en línea y las ventas con fines publicitarios.

Estados Unidos reaccionó entonces juzgando la decisión de discriminatoria contra las compañías con cuartel general en suelo norteamericano.

La postura de la Casa Blanca escaló días después, cuando Trump calificó en Twitter a la ley GAFA de ‘estupidez de Macron’ y amenazó con ‘una acción recíproca sustancial’, además de soltar una frase propia de su comportamiento en las redes sociales: ‘Siempre he dicho que el vino estadounidense es mejor que el vino francés’.

El jefe del Palacio del Elíseo no reaccionó, y en su lugar lo hizo el ministro de Economía, Bruno Le Maire, quien aseguró que la imposición de una tasa a las empresas con dominio de los servicios en Internet no apunta a las compañías norteamericanas, como esgrime Trump.

‘No hay una voluntad de marcar a entidades específicas’, insistió.

De acuerdo con Le Maire, la medida responde a una acción de justicia fiscal, ya que los gigantes de Internet pagan menos impuestos que otras empresas, e impactará a todas las compañías con ingresos globales superiores a 750 millones de euros y a 25 millones en este país, al margen de su nacionalidad.

Eso incluye a entidades estadounidenses, europeas, francesas y chinas, subrayó, al tiempo que reiteró la propuesta de París de lograr un acuerdo internacional sobre los impuestos en Internet y de que la cumbre del G-7 de Biarritz, prevista del 24 al 26 de agosto, sirva de escenario para discutir el tema.

También ratificó la voluntad de Francia de abordar el asunto con Estados Unidos, aunque dijo que al tratarse de una decisión parlamentaria, será implementada.

París aprovechó como presidente del G-7 el marco preparatorio para la cumbre de Biarritz e introdujo el tema del impuesto en una reunión de ministros de Economía y gobernadores de bancos centrales, celebrada aquí el 17 y 18 de julio.

En las conclusiones realizadas por la parte francesa, siempre reconociendo que era su visión de lo discutido, mencionó un consenso en torno a la utilidad de la medida.

Interrogado al respecto, el secretario estadounidense del Tesoro, Steven Mnuchin, fue bastante conservador, alegando que ‘aún resta trabajo por hacer’.

Si bien agosto ha transcurrido en una aparente calma en torno a la cuestión, todo parece indicar que Francia la revivirá en Biarritz al defender su propuesta de darle carácter internacional.

EL TEMA DE IRÁN

Otro roce Trump-Macron se produjo el 8 y el 9 de agosto, después de que el presidente norteamericano escribiera en Twitter que Irán está en graves problemas financieros y busca desesperadamente hablar con su administración, pero ‘recibe señales contradictorias de todos los que pretenden representarnos, incluido el presidente Macron de Francia’.

‘Conozco que Emmanuel tiene buena intención, como el resto, pero nadie habla por Estados Unidos. Nadie está autorizado, de ninguna manera, a representarnos’, agregó.

Washington abandonó el acuerdo sobre el programa nuclear de Teherán, firmado en 2015 en Viena, y retomó las sanciones unilaterales al país persa, disparando las tensiones y los peligros de confrontación en el golfo Pérsico, mientras Alemania, Francia, China, Reino Unido y Rusia -los otros actores del pacto- reiteraron su compromiso con el mismo.

Tampoco esta vez Macron respondió a Trump, pero París no se quedó de brazos cruzados y al día siguiente del tuit, el canciller Jean-Yves Le Drian afirmó que Francia no necesitaba autorización para mantener contactos con Irán dirigidos a reducir las tensiones.

‘Sobre Irán, Francia se expresa con total soberanía y está fuertemente comprometida con la paz y la seguridad en esa región, para lo cual no necesita autorización alguna’, aseveró en una declaración.

El jefe de la diplomacia reiteró que París es fiel al acuerdo de Viena, al igual que las otras partes, con la excepción de Estados Unidos.

Trump y Macron se verán las caras en la cumbre del G-7 de Biarritz, sin que hasta el momento existan anuncios de un encuentro bilateral enfocado en limar asperezas, aunque los expertos insisten en que tampoco es necesario.

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