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miércoles , 18 octubre 2017
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RICARDO HUMANO EL PINTOR QUE NO EXISTE

RICARDO HUMANO EL PINTOR QUE NO EXISTE

Tania Primavera*
Contiene textos de Kijadurías y Pierre Baratcabal

Azules intensos que me invitan a ir. Salto en medio del arcoíris. Entro a la casa roja. El mural en el lago ha tardado años en crearlo. Los perros lo han visto llegar. Le he visto pintar, guardar silencio, tirar carcajadas como marioneta. Ver la tormenta. Siempre en sandalias, o pies descalzos. Solitario. He visto muchas de sus pinturas. Hasta tengo dos colgadas en las paredes de mi casa. Pinta, siempre, siempre esta pintando o dibujando. En esta tierrita, en este Cuscatlán, es como el pintor que no existe.
Conocí a Ricardo Aguilar Humano en 2003, hacía mis horas sociales en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) en San Salvador. Entre cintas  de cine y la moviola pasaba limpiando y registrando films.  Vi que Santiago recibía a un hombre pelo largo y gris, vestido de lino claro. Entregaba el Legado Salarrué después de casi diez años, luchando con el legado entregado a él por Maya, hija del artista. Era la reunión previa a la entrega oficial del archivo de su amigo el pintor y escritor Salvador Salazar Arrué Salarrué, Sagatara, a su nueva casa, el museo. Lo fueron a traer a casa presidencial, estaba en un cuarto desde hacia un mes, 100 cajas.
En otra ocasión, acompañé  a Santiago a ir por otras cosas a casa de Humano. Desde entonces, somos amigos. Los años no son nada y la vida se va en un soplo. O dura una eternidad. El 27 de noviembre de 2016, por primera vez nos invitaron a dar una charla «Salarrué, el último nahual de Cuscatlán», en la Casa Museo Salarrué, en los planes de Renderos.
Humano, el pintor que no existe. Nació en Santa Ana en 1940. Vivió los años beat en San Francisco, eso y más, hasta en 1967 que regresa. En  1969 expuso en parques, ferias de pueblo, en la antigua penitenciaria de San Vicente, y en el viejo y desaparecido manicomio donde ahora se encuentra en INFRAMEN.
En La Palma, Chalatenango, abrió una galería por dos años, en los años setenta del siglo pasado. El color en el arte el arte era el color. Se vivía y se moría por el arte. A inicios de los setentas, se fue a jalón para Cusco, Perú. Donde recibió el «verde, el rojo y el fuego». Expuso en la Bienal de Las Nieves en Francia, y sus pinturas fueron escogidas para mostrarlas en una Galería de Lyon. Sobre esas pinturas escribió el profesor de dibujo y teoría del color de Bellas Artes de París. Y también Alfonso Quijada Urías conocido como Kijadurías, artículos que publicamos aquí, mas adelante.
El pintor Humano, también ha expuesto en Ashville, Carolina del Norte, en la Galería Bobos. En Washington D.C. tuvo una muestra individual. En los últimos años, varias veces ha expuesto en la Alianza Francesa de San Salvador, en compañía del pintor y escritor Kijadurías y la artista visual Françoise Devaud Beseme.
Fue miembro fundador de la Real Orden los Locos de Octubre, y consecuente, junto a Manuel Elías, Kijadurías, Miguel Ángel Polanco, García Ponce, Antonio Bonilla, cuya Reina fue Mariposa.  Expositor en Galería La Rendija. Y actualmente expositor permanente en la Galería Surú en Piedra de Agua, El Congo, carretera al Cerro Verde.
Sobre la pintura de Humano, escribió en el año 2.000 el poeta Premio Nacional de Cultura El Salvador, Alfonso Kijadurías, el siguiente texto:
UNA MIRADA A LA MIRADA DE RICARDO HUMANO
Alfonso Kijadurías
Valle del Señor
«Ricardo Humano pinta lo que no ve, el fragmento invisible de lo evidente, llevado por el imán de lo inconsciente, somete  la materia plástica a los caprichos de la pasión, pinta lo alegre y lo profundo al pintar aquello que se escapa por exceso de realidad, lo que pinta es para tocarlo, hundir el dedo incrédulo en un costado de su fe, mejor dicho de su felicidad por el hallazgo de cada pincelada. Como el maestro Sesshús de quien la leyenda cuenta pintó de niño con sus lágrimas y con el pie una rata que lo libró del castigo impuesto por sus superiores al morder las ataduras de sus manos, o como el maestro Inocente Toledo, quien tras pintar un caballo logró escapar a todo galope ante el asombro de sus captores, Ricardo Humano, hijo del trópico, logra escapar de las cerradas mazmorras de lo fácil para caer en las aguas turbulentas de lo difícil. En su pintura la claridad o la oscuridad muestra lo que yace detrás de cada pensamiento, el sentido detrás de cada brochazo, el gesto convertido en signo, así lo revelan las manchas al prolongarse y tomarse por completo la tela, convirtiendo el marco en una referencia por donde la mirada penetra para mirarse a sí misma y  refundar su inocencia.
Ricardo Humano ha logrado lo que muy pocos pintores han procurado, hacer sonar la pintura, imponerle una melodía, un concierto en el aire que flota o emerge de la substancia esotérica de cada color, y esa melodía al escapar del canon es la que logra liberar a la pintura de la pintura misma, hasta mostrarla como es : desgarrón o herida, cicatriz, aletazo, pasión pura de la impureza que no se deja domesticar por las influencias que no sean las influencias de su naturaleza volcánica también llevada en la mirada halconera del pintor, la naturaleza como fue y será ni buena ni mala, más bien indiferente.
A fuerza de insistentes borrones Humano ha convertido la tela en una noche oscura, como la noche del alma de San Juan de la Cruz, en esa oscuridad si uno rasca con la uña de la mirada lo que se descubre es otra capa donde el azul de prusia sirve de cortina a las zonas malvas donde dormitan animales nocturnos, insectos, y hojas, que no tardarán en metamorfosearse en todo aquello que empieza a intuirse en la otra orilla, el primer resplandor en el patio morado donde inicia sus rondas la tortuga maya. Así vuelve de nuevo a repetirse la melodía del darma humano y su aspiración de saltar el muro con la primera clarinada del gallo que cada mañana funda un imperio nuevo. El mayestático imperio de la mirada. Allí el pintor Humano guiado por aliento multicolor de colibrí, recobra el adánico desvarío que le permite penetrar con mano firme en lo diverso, multiplicar el cúmulo de diferencias que conforman nuestra identidad.
De esa manera, con ese estilo forjado de tanto escuchar el caramillo del Aduanero, idéntico a sí mismo, fiel al pacto de su pintura y de su sangre, partiendo de su ignorancia creadora ha pintado lo que nunca supo que llegaría a pintar, anticipándose a un conocimiento que no ha tardado en iluminarse, volverse real en la tela donde lo inacabado se fundamenta en un proceso infinito, que al igual que la vida misma no cesa de crearse y recrearse a sí misma. En eso radica su misterio, el de la pintura y la clave maestra de su modernidad. Razón tenían los antiguos maestros japoneses en dejar al margen de sus pinturas un espacio en blanco. Esa zona invisible muy cara a los pintores que como Ricardo Humano pintan todo aquello que no se ve, lo adivinado y lo divino».

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Al ver y sentir su intensidad, es una pintura que no está enferma la de Humano, no necesita curaduría. «Es» y se entrega y uno recibe, si logra «entrar», también sin entrar. Y es intemporal, no las fecha, solo una firma: Humano. Un día me contó que se nombró así, muy joven, por César Vallejo.
Comparto también, pues me parece muy interesante, el siguiente texto sobre el pintor Humano, escrito por Pierre Baratcabal, traducido del francés al español por Françoise Beseme. Pierre Baratcabal es antropólogo graduado en La Sorbonne (Paris), arquitecto, fue profesor de dibujo anatómico y profesor de teoría del color en la Escuela de Bellas Artes de Paris:

 

SOBRE LA FORMA
Pierre Baratcabal
Compartiremos, en nuestras experiencias del mundo, el conocimiento de que existen lugares de poder desde donde podemos entreverlo bajo un aspecto inédito. Ubicaciones donde nuestro centro de gravedad psíquico se modifica, «sitios» donde nos abrimos a una modalidad particular del ser; como existen objetos de poder y prácticas propiciatorias. Me refiero a una observación infinitamente prosaica y trivial. El misterio del mundo no se engalana de ninguna semiótica prestigiosa hacia un público, y, de la pequeña moneda del sentido del cual, el pavor humano se esfuerza en edificar una muralla, la historia sólo nos enseña una cosa con certidumbre : ya no seguirá mañana.
Aquí, « poder » es, simplemente, el modo infinitivo del verbo que evoca la capacidad de hacer. En este sentido el poder se distingue radicalmente de la reflexión. Reflexionar , no es actuar, es más bien diluir.
Con respecto del artista (a quien nuestra cultura se complace, dudosamente, en diferenciar del «homo-faber» en general), su práctica creadora es una danza ceremonial donde algo se arriesga ; donde el ahorro del riesgo es imposible. El celebrante enfrenta, una vez más, la vertiginosa verticalidad del bebé para formular una convocación.
Para un pintor, esta práctica puede describirse como el encuentro inventado de una forma «ya existente», dentro del azar provocado, a la que el celebrante asigna un valor agregado que sólo engañosamente podría resultar del sentir. Es que el orden, sólo se puede administrar, y, del catálogo de «formas» que poseemos (o que nos poseen ?) en la memoria, no surgirá nada. Nada de salto cualitativo aquí sin la levadura del caos, nada de nuevo sin los céfiros precursores de la presencia dionisíaca, nada de juego de ajedrez sin el alfíl (Esta pieza de ajedrez se llama « el loco », en francés le fou).
De los «modus operandis» de la dinastía de agrimensores de no man’s land de la que Aguilar saca sus credenciales, tenemos cierta noción gracias a las observaciones de Leonardo da Vinci : la génesis del cuadro no consiste en la suma de objetos ordenados por una lógica narrativa. Es el encuentro de indicios fortuitos y del deseo narrativo.
Para evocar la práctica del pintor, podemos utilizar la metáfora guerrera: existe estrategia y táctica, estas instancias de recortes del tiempo de la acción. Sería presuntuoso evocar la estrategia del creador, es su espacio íntimo y el comentario le pertenece. En cambio, la táctica, da indicios para la apreciación de los cuales el espectador puede aventurarse con cierta legitimidad. No evaluemos este acercamiento como procedente de preocupaciones sofisticadas. Se trata únicamente de «ver» por placer, cómo el cuadro terminado es la huella de una faena, y cómo Aguilar se arriesgó para sacar al duende. La satisfacción esperada de esta re-presentación imaginada a posteriori se parece a la del comentario de la  tauromaquia,  del Ajedrez, de la gastronomía o de la guerra. Allí experimentamos la veracidad del adagio según el cual «el hombre genial es el que me encuentra genial».

La coherencia indica la vía del silencio, simetría del iconoclasmo en la asunción de un advenimiento del visible. Extinción del verbo, advenimiento del ver – Pero nuestra generación de retóricos del bajo imperio, temprano supo componer con el absurdo. Y, sabiendo que los glifos de los codex traídos de contrabando, por Aguilar (guardián del paso, Charon azteco) no encontrarán la piedra Roseta que les daría su sentido literal.

No pude evitar, y fue una debilidad mía, decir algo, algo como lo que dijo el director de las reservas americanas, al concluir una conferencia, habría tenido que avisarle por anticipación de que « si me entendieron, es porque no supe expresarme bien ».

 

Humano es parte de la Historia Contemporánea de la Pintura en El Salvador, no aparece en libros ni reseñas, pero se siente, y eso es invisible. Humano, el pintor que no existe, despierta con un prisma matinal.

 

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*Tania Primavera Preza
taniaprimavera777@gmail.com
Desde abril 2015, escribe crónicas en su blog sabatino Gotas de Néctar en la Revista Gato Encerrado. Desde agosto de 2014, es autora del audio espacio Entrevistas EN OFF en Contrapunto.com.sv. Desde 2016 colabora con artículos de arte, memoria y cultura en Diario CoLATINO.
Actualmente es responsable del Área de Prensa y Comunicaciones del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI); guionista y locución para Retratos, capsulas culturales en programa Focos. Integrante del Consejo Editor de la Revista Trasmallo. Ha participado en jornadas lúdicas con jóvenes utilizando el «Juego Los Izalcos» sobre cultura ancestral indígena, la edición de exposiciones museográficas, producción de cápsulas radiales, publicaciones y talleres con jóvenes sobre derechos humanos y memoria histórica. y condujo de 2011 a 2015 junto a un equipo del MUPI la  Red de Jóvenes en Defensa de los Derechos Humanos.

 

 

 

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