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MILPA: cuando la defensa del trabajo, la tierra y la identidad ancestral se convierten en una sola lucha

Erick Zelaya*

El movimiento sindical mundial ha demostrado que los derechos laborales no han sido concesiones generosas del ningún gobierno o burgués. La jornada de ocho horas laborales, el salario mínimo, la seguridad social, el derecho de huelga, la negociación colectiva y la libertad sindical fueron conquistas arrancadas mediante la organización y la lucha de millones de trabajadores alrededor del mundo. Allí donde las personas trabajadoras decidieron unirse, la dignidad encontró un camino para abrirse paso.

 

Sin embargo, la historia del sindicalismo también ha estado marcada por grandes ausencias. Durante décadas, sectores enteros de la población trabajadora han permanecido invisibles para las estructuras sindicales tradicionales: agricultores familiares, pescadores artesanales, trabajadoras del hogar, artesanos, trabajadores por cuenta propia y, especialmente, los pueblos indígenas.

 

En ese contexto surge el Sindicato Movimiento Indígena para la Integración de las Luchas de los Pueblos Ancestrales de El Salvador MILPA, una organización sindical que representa una propuesta novedosa dentro del movimiento sindical salvadoreño al integrar en una sola plataforma la defensa de los derechos laborales, los derechos de los pueblos indígenas, la protección del territorio, los bienes comunes y la naturaleza.

 

Su acta constitutiva y sus estatutos reflejan esa visión amplia del sindicalismo, definiendo como objeto la defensa de los intereses económicos, sociales y culturales de sus integrantes y estableciendo como lema «Unidad e Integración de las Luchas por la Defensa de los Pueblos Ancestrales».

 

Un sindicalismo nacido desde los territorios

 

MILPA no responde al modelo clásico del sindicato organizado exclusivamente alrededor de una empresa o una institución pública. Su base social está conformada por agricultores, pescadores artesanales, jornaleros, trabajadoras domésticas, pequeños productores, artistas populares y trabajadores independientes que además comparten una identidad y una pertenencia a los pueblos originarios de El Salvador.

 

Desde esa realidad construye una propuesta profundamente innovadora. Sus bases estatutuarias establecen como objetivos centrales la defensa de los territorios frente al despojo y el extractivismo, la protección de los bienes comunes, la recuperación de la tierra, la defensa de los derechos laborales de las personas trabajadoras indígenas, la revitalización de la cultura y la memoria histórica ancestral, la protección de los defensores del territorio y la promoción de la agricultura y la medicina ancestral.

 

Este enfoque rompe con una visión reducida del sindicalismo limitada únicamente a la negociación de salarios. Para MILPA, no puede existir trabajo digno si desaparece el territorio donde ese trabajo se desarrolla. Tampoco puede hablarse de derechos laborales cuando quienes producen alimentos, pescan, cultivan la tierra o conservan los ecosistemas son expulsados de los lugares donde históricamente han vivido.

 

La defensa del territorio como defensa del trabajo

 

La mejor manera de comprender a MILPA es observar las luchas que ha acompañado. Uno de los casos más emblemáticos ha sido la defensa de las comunidades afectadas por la construcción del Aeropuerto del Pacífico, en el departamento de La Unión. La organización ha denunciado públicamente que numerosas familias campesinas e indígenas enfrentan procesos de desplazamiento vinculados al proyecto, cuestionando la insuficiencia de los procesos de consulta y alertando sobre los impactos ambientales derivados de las obras. Estas preocupaciones incluso fueron llevadas ante el Mecanismo de Expertos sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de las Naciones Unidas, situando el conflicto en la agenda internacional de derechos humanos.

 

MILPA también ha advertido sobre los riesgos ambientales asociados al proyecto, incluyendo la afectación de manglares, bosques tropicales, nacimientos de agua y ecosistemas costeros fundamentales para la subsistencia de comunidades pesqueras y agrícolas. Desde su perspectiva, el desarrollo económico no puede construirse sacrificando los derechos colectivos de quienes históricamente han habitado esos territorios.

 

Otra lucha significativa ha sido el acompañamiento permanente a las familias de Playa El Icacal, donde comunidades de pescadores y habitantes históricos han denunciado conflictos por la tierra, amenazas de desalojo y afectaciones derivadas de proyectos turísticos e infraestructura. MILPA ha insistido en que la protección de estas comunidades constituye también una defensa del derecho al trabajo, pues para cientos de familias el mar y la costa representan su principal fuente de ingresos y de vida.

 

Más recientemente, la organización ha llamado la atención sobre el Proyecto Fotovoltaico en el occidente del Pais, particularmente en la finca Santa Adelaida, ubicada en la Reserva de la Biosfera Apaneca-Ilamatepec, denunciando la afectación de 2500 familias.

 

Estas intervenciones muestran una característica distintiva de MILPA: comprender que la defensa de los derechos laborales no termina en el centro de trabajo. Empieza mucho antes, en la protección del territorio, del agua, de los bienes comunes y de las condiciones que hacen posible la vida de las comunidades.

 

Una propuesta sindical profundamente democrática

 

Más allá de su actuación pública, el funcionamiento de MILPA de conformidad a sus estatutos refleja una organización que apuesta por la participación democrática de sus afiliados.

 

La Asamblea General es reconocida como la máxima autoridad; se establecen mecanismos de elección periódica mediante voto secreto; se crean comisiones de control financiero, de honor y justicia; se garantiza la participación de mujeres y sectores históricamente excluidos; y se incorporan secretarías especializadas en cosmovisión indígena, derechos laborales, derechos de la naturaleza, educación, cultura y relaciones nacionales e internacionales.

 

No se trata únicamente de una estructura administrativa. Refleja una concepción distinta del sindicalismo, donde la democracia interna, la formación política, la defensa cultural y la solidaridad ocupan un lugar tan importante como la reivindicación económica.

 

El impacto de una nueva manera de entender el sindicalismo

 

Las acciones impulsadas por MILPA han contribuido a colocar en el debate nacional una pregunta que durante mucho tiempo permaneció ignorada: ¿quién defiende los derechos de quienes trabajan fuera del empleo formal?

 

En un país donde la informalidad continúa representando una parte significativa del mercado laboral y donde numerosas comunidades indígenas viven principalmente de actividades agrícolas, pesqueras y de subsistencia, la respuesta tradicional del sindicalismo resulta insuficiente.

 

MILPA ha demostrado que la defensa del trabajo también implica defender la soberanía alimentaria, la protección ambiental, la cultura ancestral y el derecho de las comunidades a permanecer en sus territorios.

 

Ese aporte trasciende a la propia organización. Invita al movimiento sindical salvadoreño a ampliar su mirada y reconocer que las nuevas formas de explotación también exigen nuevas formas de organización.

 

Organizarse para defender la dignidad

 

La historia demuestra que ningún derecho permanece garantizado para siempre. Las amenazas contra los territorios, el avance de proyectos extractivos, la crisis climática, la expansión de la economía informal y la persistencia de profundas desigualdades sociales plantean enormes desafíos para las personas trabajadoras y para los pueblos indígenas de El Salvador. Frente a esa realidad, experiencias como MILPA recuerdan que el sindicalismo sigue siendo una herramienta vigente cuando sabe interpretar las necesidades de su tiempo.

 

Su mayor enseñanza consiste en haber comprendido que el trabajo, la tierra, el agua, la cultura y la identidad no son luchas separadas. Son expresiones distintas de una misma demanda de justicia.

 

Mientras existan comunidades que defiendan sus territorios, agricultores que cultiven la tierra, pescadores que vivan del mar, mujeres que sostengan la economía del cuidado y pueblos originarios que preserven la memoria histórica de El Salvador, seguirá siendo necesario construir organizaciones capaces de defenderlos colectivamente.

 

Porque un país más justo no se construye únicamente con crecimiento económico. Se construye garantizando que quienes producen la riqueza, conservan la naturaleza y mantienen viva la memoria ancestral puedan vivir con dignidad, participar en las decisiones que afectan sus comunidades y ejercer plenamente sus derechos.

 

Ese es, quizás, el mayor legado que MILPA está comenzando a construir: demostrar que el sindicalismo del siglo XXI debe ser, al mismo tiempo, una defensa del trabajo, del territorio, de la naturaleza y de la dignidad de los pueblos.

 

* Luchador social, Sindicalista en el exilio  y Columnista

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