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Reflexión teológica

César Ramírez Caralvá

Escritor y Fundador Suplemento Tres mil

 

Debo citar el libro: Últimas inquisiciones: Borges y Von Balthasar /Ignacio Navarro – Buenos Aires: Bonum, 2009 , pág 434-436 contiene la solución a interrogantes que acompañan a la fe cristiana, e invita a comprendernos mejor un planeta que se autodestruye en todo sentido.

“El Verbo se encarna en un varón. Pero la criatura más importante es una mujer (“el rostro que a Cristo se asemeja más”). Aquí no hay un hecho especialmente paradojal, ni grandes problemas de “genero” tampoco: Dios necesitaba un varón para exteriorizarse y una mujer para interiorizarse. El asunto se hace más inasible como misterio global en Jesús de Nazareth, considerado desde la Encarnación hasta la Pascua cuando se quiere ver la figura conjunta, mariana y cristológica, en el desarrollo del acto de la Redención. Pero los trazos principales están delineados con claridad. Así como María es tocada por el principio viril fecundante del Espíritu Santo, ella, al pie de la cruz, deberá asistir y aportar, como principio femenino fructuoso, al parto de la nueva creación que se obra en el costado abierto del Hijo. Surgen de este costado como en todo nacimiento, sangre y agua, principios del bautismo y de la eucaristía que constituirán a la nueva creatura. Pero Cristo no puede hacerlo sin María a su lado; el parto es de Cristo pero la maternidad es de María: mujer, ahí tienes a tu hijo (J. 19, 26). Por eso, ellos son la más íntima comunión en la más preciosa diferencia: Cristo ejerce su sacerdocio eucarístico en su sacrificio. María ejerce su sacerdocio maternal (la mujer no sacrifica) aceptando y recibiendo al fruto de su Fruto, la nueva creatura redimida engendrada por su Hijo. De ahí que María sea, en su modo específico, la más alta representante de la sustitución vicaria de Cristo. Él, ahora desciende abandonado a los infiernos para completar la obra de resurrección. El infierno, para Cristo, es la ausencia del Padre. María ausente del Hijo, queda en un infierno de espera hasta que el sacrificio de Jesús sea completado en él por la vida nueva que dará el Padre y, en ella, por la vida que, otra vez, dará el Espíritu”.

La explicación teológica es una propuesta de superar la fragmentación de la teología medioeval, pero el mismo autor Von Balthasar alude las obras de Dante y Borges…

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