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Xucit Verónica Cuestas Bran, durante ensayos en la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié. Foto Diario Co Latino/Davis Martínez.

Reconocimiento a la trayectoria artística de Xucit Cuestas

Anderlin Hernández
@DiarioCoLatino

Xucit Verónica Cuestas Bran, bailarina, jefa de cátedra y maestra de la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié (END), recibió un reconocimiento por su trayectoria artística, por parte del Ministerio de Cultura y la Escuela Nacional de Danza.

Su recorrido en el medio artístico ha sido extenso y no solo como bailarina solista, sino como maestra e impulsadora del proyecto universitario de Ballet de la Universidad de El Salvador.

¿Cómo inició su trayectoria en el baile?

– Yo comencé a los 6 años aquí en la Escuela de Danza Morena Celarié, tuve la oportunidad de empezar bastante pequeña. Alrededor de los 12 años ya había logrado integrarme en algunas obras. Mi primera participación fue Los bombones cascanueces, luego hice Sílfides, Pedro y el lobo, La bella durmiente, entre otras.

Eso fue hasta los 12 años, luego vino el conflicto, después el terremoto del 86, en el cual quedaron dañadas las instalaciones y entonces nos tuvimos que ir al INDES. Ahí tuve la oportunidad de recibir clases con un maestro estadunidense, era un grupo pequeño, no era toda la institución. Asimismo, participé en un ballet infantil, que había hecho una maestra en ese entonces, pero en ese mismo lapso llevaba mi proceso de taekwondo e iba a competencias, hacía recitales de ballet, llevaba ambas cosas a la vez.

Recuerdo que a la edad de 13 años tomé la decisión de ya no seguir más en ballet ni taekwondo, porque era demasiada presión y dije ¡ya no más!, y mi papá me preguntaba si estaba segura y le dije que sí, entonces ahí fue cuando decidí ya no hacer ninguna de las dos cosas.

¿Cómo decidió regresar al ballet?

– A mis 18 años estaba trabajando de temporada en un almacén, y recuerdo que llegó la maestra Sonia Franco de Batres, exdirectora de la END, me preguntó si ya no bailaba y le respondí que ya no, a lo que me dijo ¡regresa!, toma clases. Y bueno me dispuse a ir.

Ese mismo día se dio la casualidad que iba para la parada de buses y me encontré con un maestro de taekwondo y me propuso lo mismo, que regresara, que habían llegado los coreanos y estaban en toda esa trayectoria de aprendizaje. Y en ese momento me encontré otra vez en la decisión de decir, o esto o lo otro.

Pero decidí el ballet. Así fue como empecé a tomar mis clases nuevamente, a ponerme en forma a recordar toda la técnica. Terminé mi año con clases en la mañana, con el maestro Eduardo Rogel, al siguiente año retomé los cursos de la tarde, para comenzar la formación con el grupo mayor que él tenía.

¿En qué momento decidió dedicarse a la enseñanza?

– Ese mismo año, en el que me incorporé al grupo mayor, una maestra me dijo que creía que yo podía ser maestra. Mi reacción fue de sorpresa y le dije que apenas iba comenzando, a lo que ella me refutó que ¡NO!, que ella creía que yo sí podía ser maestra y recuerdo que me dijo “todo lo que bien aprendes nunca se olvida”.

Entonces así fue, al año siguiente me propuso como maestra. Comencé dando los cursos de los sábados, y en la semana yo observaba las clases del maestro Eduardo y tomaba anotaciones, para yo poder seguir en la parte de la docencia. Al siguiente año ya no daba clases solo los sábados, también empecé a dar clases en la semana.

El siguiente año entramos con todo el proceso metodológico. Vinieron las cubanas y la escuela ya se volvió con metodología cubana y así se siguió dando mi proceso de docencia.

¿Cómo fue la parte de su carrera artística?

– Toda la parte de mi carrera artística comienza más en esa etapa de los 22 años más o menos. Tuve la oportunidad de viajar, me fui de gira a Estados Unidos por 3 años, con el teatro de danza contemporáneo, que lo dirigía Miya Hizaka. Estuve en costa rica, Nicaragua, Guatemala. Asimismo, vinieron varios coreógrafos al país y tuve la oportunidad de formarme en varias coreografías con extranjeros. Posteriormente, llegó eso de que la escuela hacía intercambios. En ese entonces vino una de las maestras ensayadoras, de lo que es el ballet ecuatoriano de cámara.

A raíz de eso la maestra Sonia Franco me monta una coreografía. Un solo muy fuerte, tenía aproximadamente 10 minutos de duración, bailaba yo sola, fue como una estructura de hierro. Luego mandamos el vídeo a Ecuador a un festival de mujeres en la danza, es un festival muy importante en Ecuador, y finalmente aceptaron el video. Entonces nos fuimos con la maestra, tuve la oportunidad de que me aceptaran en el festival. Ya estando en el festival hago clase en la compañía y me dicen, ya habíamos visto tu vídeo y te aceptamos, te contratamos, entrarás en un intercambio de bailarina solista. Viví casi 8 años en Ecuador, como bailarina solista, en el que ahora se llama Ballet Nacional del Ecuador.

Cuando llegué tuve la oportunidad de interpretar muchos papeles. Hacíamos danza de salón, tango, teníamos piezas en contemporáneo con la técnica release y hacíamos ballet clásico; era una compañía bien completa pero alrededor de 5 años de estar en la compañía se volvió completamente clásica, entonces empezamos a bailar solo clásico.

En esos 8 años que estuve en Ecuador, el director de la compañía me propuso dar clases. De esta manera me empecé a hacer cargo ya de las producciones de final de año de todos los chicos. Entonces ya me tocaba a mí generar todo un proceso de producción, desde los más chiquitos, ensayarlos e incorporarlos en las coreografías para que pudieran estar a nivel de la compañía y que no vieran la gran diferencia entre los bailarines de un nivel artístico, a comparación de los que van comenzando.

Así fue como estuve en el interior de todo el Ecuador, desenvolviéndome ahí como bailarina solista, viviendo de ser bailarina y de ser maestra de los estudiantes de la compañía municipal de allá.

¿Cómo fue su regreso al país?

– Al regresar no tenía trabajo, como todo aquel que regresa del exterior y no tiene nada. Nuevamente me encuentro con la maestra Sonia, ella tenía una academia aparte y comencé dando clases ahí. Al cabo de 3 meses dije: bueno regreso al país, tengo mucho bagaje de experiencia, creo que el ballet no puede llegar solo a una parte de estructura artística o profesional como es lo de la escuela (END).

Así es como trabajé un proyecto, que abarca no solo lo profesional sino la sensibilización del arte de la danza para el ballet clásico; lo presento en la Universidad de El Salvador, lo cual es aceptado y hoy en día con el proyecto ya tenemos alrededor de 6 años, tengo alrededor de 250 alumnos y entre universitarios somos alrededor de 270.

Dicho proyecto abarca a la comunidad universitaria y ya cuenta con sus propias producciones. A veces dicen que se nace para hacer ballet, pero yo creo en las dos partes, y con este proyecto toco más la parte de la sensibilización, donde se le da la oportunidad a todos aquellos jóvenes y adultos que quizás nunca han hecho ballet pero les gusta. Y esto también da frutos, pues prueba de ello son todos aquellos hombres que están aquí en la escuela, que empezaron haciendo ballet en la universidad conmigo y ahora están contratados y forman parte de la compañía nacional de contemporáneo.

¿Cómo ha incorporado toda su experiencia artística en el país?

– Creo que al haber ido y recoger todo ese bagaje de experiencia, he podido solventar muchas cosas. Por ejemplo, en la escuela, desde que vine incorporé un repertorio de ballet completo y en la END no se hacía desde hace muchos años. He hecho repertorios como La bella durmiente, Don Quijote, Cenicienta, La bella y la bestia y ahora voy con Romeo y Julieta para junio del presente año. Entonces, creo que por ahí ha sido mi parte artística y mi parte como profesional, como docente y ahora tengo a cargo la revisión de los grupos grandes, los del octavo año, que son los grupos que se necesita ya de un cierto nivel, que se necesita calidad, haber bailado para poder dar esos niveles, porque no se puede trasmitir algo si uno no lo ha vivido.

¿Cree usted que existen oportunidades para los bailarines en el país?

– Por su puesto, yo creo que hay que buscar, lastimosamente la compañía solo tiene 10 plazas, pero el que quiere puede hacerlo, yo lo he hecho, hay bailarines, estudiantes, que se han ido fuera del país y que han sido bien aceptados por el nivel técnico que tiene la END. Hay que trabajar mucho y hay que tener un enfoque claro de lo que se quiere, tampoco es que sea fácil, no es que el país ofrezca tantas plazas como bailarines. Pero se puede de alguna manera, preparándose, estudiando y formándose académicamente, eso te da mayor experiencia, para tener amplio bagaje de conocimiento.

¿Existe apoyo del Gobierno al ballet?

– Claro, somos parte de lo que era antes la Secretaría de Cultura, que es ahora el Ministerio de Cultura, ellos obviamente nos dan la estructura, el espacio, eso es parte del apoyo. En la parte de las producciones, ellos también nos dan el apoyo, en cuanto la parte de tener acceso a los teatros, hacer tipografías, gráficas y tener las instalaciones y los maestros.

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