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Radicales democráticos tras desarrollo y justicia en El Salvador

Dr. Víctor Manuel Valle Monterrosa

Hubo una vez en El Salvador un grupo de profesionales y escritores que intentaron la fundación y consolidación de un Partido Radical Democrático. Radicales, porque proponían el abordaje de los problemas sociales hasta la raíz, y democráticos porque preconizaban soluciones a esos problemas con base en la participación consciente y deliberada de las mayorías. Claro, una utopía aún en los tiempos actuales, no se diga a mediados del siglo XX cuando surgieron.

Durante el segundo gobierno del Partido Revolucionario de Unificación Democrática(PRUD) a cargo del teniente coronel José María Lemus, en un tiempo de relativa apertura, antes de la demencia represiva que inició a Lemus en agosto de 1960 y lo llevó a su derrocamiento dos meses después, un grupo de personas tuvo la idea de inscribir el Partido Radical Democrático, PRD

La incipiente organización del PRD duró poco; no sobrevivió la represión desatada por el llamado Directorio Cívico Militar que entró a sangre y fuego el 25 de enero de 1961; pero tuvo tiempo de abrir brecha para hacer orientación política y sentar precedente desde la trinchera intelectual comprometida con el pueblo. Fundaron el semanario El Radical cuyo primer número salió el 4 de febrero de 1960.

El grupo dirigente fundador estaba compuesto por los abogados Mario Castrillo Zeledón, Luis Alonso Posada y Julio César Oliva; el odontólogo Rafael Antonio Vásquez, el médico Marco Antonio Vásquez y el literato Ítalo López Vallecillos. A la altura de 1964 cuatro de ellos eran menores de 40 años e Ítalo, con 28 años, era el menor. Los doctores Vásquez frisaban los 60 años.

El Partido Radical Democrático delineó su ideología con base en tres palabras: Pan, Justicia y Libertad y su semanario era presentado como un órgano de orientación y combate. Sencillo y clarísimo.

Cuando apareció el primer número del semanario, en febrero de 1960, Lemus estaba y se sentía fuerte, había viajado a Estados Unidos el año anterior, con esposa guapa y dedicada a los niños, a entrevistarse con el presidente Dwight Eisenhower. Lemus era presentado como el demócrata alternativo a un sospechoso Fidel Castro que hacía un año había comenzado una revolución con barbas, y amenazaba con salirse del huacal imperial.

Sin embargo, algunos nubarrones se veían en el cielo político del país. Los radicales democráticos advertían sobre el riesgo de una represión como arma política que viese las manifestaciones legítimas, sobre preocupaciones por la vida económica y social, como “abusos” que alentaran al gobierno “a defenderse” aún con medios violentos. Todo eso se expresó en el primer número del Radical Democrático.

“Dios ciega a quien quiere perder”, escribieron. Y fueron premonitorios, porque en los siguientes meses Lemus desató una atolondrada y sangrienta represión que lo llevó a su derrocamiento el 26 de octubre de 1960.

Es muy educativo para el soberano, es decir el pueblo, saber que hubo esos ciudadanos luchadores sociales y visionarios que buscaron caminos para resolver los problemas del país en el marco de la democracia y, en tal sentido, es bueno recordar sus trayectorias de luchas y padecimientos.

Mario Castrillo Zeledón (1921-1983) era la figura más notoria y visible. Abogado, articulista orientador de diarios y objeto de ataques de los asalariados de siempre que los gobiernos usan para denostar adversarios. Salían caricaturas donde lo mostraban como grotesco monstruo. Por poco tiempo fue Fiscal General en un gobierno reformador y fue víctima de palizas, capturas y exilios.

Luis Alonso Posada (1925-1983), abogado y político de mucha participación. Magistrado de la Corte Suprema de Justicia por un breve período, Alcalde de Santa Tecla en 1974, por el MNR, en desafío al oficial PCN, exiliado en los 1980 y muerto en el exilio en Costa Rica.

Julio César Oliva, (1925- defunción SF) abogado muy reconocido como ciudadano interesado en problemas políticos y soluciones democráticas. Militó en el MNR y fue miembro del Centro Cívico Democrático de los 1990, organización muy activa en el debate político previo a la firma del Acuerdo de Paz de 1992 y los años que siguieron.

Rafael Antonio Vásquez (1899-1992), odontólogo, participó en 1944 en la logística previa a la invasión de salvadoreños, desde Guatemala, para derrocar al tirano de turno Osmín Aguirre y Salinas, Vicerrector de la Universidad de El Salvador 1963-1966 y Rector de la misma (1966-1967). Su hijo médico, René Pompilio Vásquez Gil, fue detenido y desaparecido en la represión contrainsurgente de 1982.

Marco Antonio Vásquez, médico, antiguo luchador social y político contra los gobiernos dictatoriales. Figura muy respetada en el MNR y por eso, en su homenaje, se creó en los 1980 la FUNDAMAV, Fundación Marco Antonio Vásquez. Su hermano Miguel Ángel Vásquez, fue conocido militante comunista condenado en Guatemala durante el gobierno del general Ubico e indultado. libró de fusilamiento en El Salvador durante la represión de 1932. Vivó muchos años en México.

Ítalo López Vallecillos (1932-1986), escritor, poeta, ensayista y editor. Fue pionero en ser desparecido durante las últimas semanas de Lemus y liberado, junto a Roque Dalton, y otros, cuando Lemus fue derrocado el 26 de octubre de 1960. Murió en el exilio, en México, mientras llevaba a cabo tareas políticas del MNR,

Esos seis ciudadanos tuvieron los rasgos comunes siguientes:

  1. Siguieron los pasos de la conducta política del Dr. Arturo Romero, “Hombre Símbolo de la Revolución” de 1944;
  2. Fueron izquierdistas sin atarse ni subordinarse al Partido Comunista, ni ser anticomunistas;
  3. Buscaron la consecución de transformaciones sociales revolucionarias en el marco de una democracia real en El Salvador;
  4. Fueron precursores, sin proponérselo, del Movimiento Nacional Revolucionario, MNR, fundado legalmente en 1967 por Rodrigo Antonio Velásquez Gamero y dirigido, desde 1969, por Guillermo Manuel Ungo reputado como “la voz de un pueblo en lucha” y fue Vicepresidente de la Internacional Socialista durante el conflicto político militar interno, hasta su fallecimiento por causas naturales en 1991, en las vísperas de la firma del Acuerdo de Paz.

Esas vidas con sus conductas son un mensaje de ética política y de coherencia en la actuación política. Tuve el privilegio de conocer e interactuar, en algunos momentos, con todos ellos. Los fundadores del PRD terminaron sus vidas sin claudicar, sin traicionar sus principios y sin doblegarse ante el poder represivo y excluyente que ha padecido El Salvador. Sus trayectorias son valioso material para historiadores que deseen educar a los ciudadanos a través de dar a conocer conductas ejemplares en política nacional. Así, contribuirán a acercarse a la utopía de construir un país con desarrollo y justicia en un marco de libertad con dignidad para todos.

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