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Las hidroeléctricas están dejando sin “agua al río”, y prácticamente la acaparan toda y toda la población del lugar se quedaría sin acceso al derecho al agua. Foto Diario Co Latino/Archivo.

Pueblos Indígenas en resistencia por la cuenca Sensunapán-Banderas

Gloria Silvia Orellana
@DiarioCoLatino

“Tenemos artesanías de la riqueza que tenemos en el río Sensunapán, donde se cultiva el tule, para nosotras esto es un orgullo estar rescatando esta herencia, porque en El Salvador hay muchos que no conocen ni el petate como herencia cultural”, explicó, Maura Castro, del Comité Indígena para la Defensa de los Recursos Naturales de Nahuizalco y del Grupo de Mujeres en Rescate de la Cultura Nahua Pipil.

Y la amenaza latente de afectaciones a este patrimonio material e inmaterial, de los pueblos Nahua Pipiles en Sonsonate, por actividades extractivas mantiene en zozobra y alerta constante a los defensores y defensoras del territorio de la cuenca Sensunapán-Banderas.

El tule (Schoenoplectus acutus) es una planta acuática con propiedades de compresión y flexión y se ha verificado su alto potencial para reforzar el concreto. A esta planta se le conoce también como junco o espadaña. Por lo que, Maura Castro reiteró su llamado a la administración del presidente Bukele a parar este tipo de industria.

“Hay muchos derivados del tule que trabajamos y no estoy pidiendo. Estoy exigiendo a las autoridades competentes que ya hagan el corte de permisos para las hidroeléctricas en el río Sensunpán”, dijo .

“Las mujeres somos las afectadas porque somos gestoras de vida y estamos en las labores del hogar, jugamos este rol dentro de la casa cuidando hijos, esposos, ya que también van a trabajar al campo, entonces, nos encontramos en el hogar y necesitamos agua”, sostuvo Castro.


Río Sensunapán o Grande de Sonsonate, con un recorrido de 40 kilómetros, nace en el municipio de Juayúa y desemboca en el océano Pacífico en el municipio de Acajutla, Sonsonate. Y tiene una demanda 52.7 millones de metros cúbicos y solo ofrece 31.2 millones de metros cúbicos por tanto se encuentra bajo estrés hidríco. Foto: Diario CoLatino /cortesía UNES

A solo 70 kilómetros de San Salvador, el municipio de Nahuizalco o Cuatro Izalcos (nombre indígena), cuenta con raíces prehispánicas que guarda en su haber histórico la llegada de Pedro de Alvarado en el año 1524. Cuando inicia el despojo contra el pueblo Nahua Pipil, y la resistencia de ese pueblo que aún se mantienen en la protección de su herencia ancestral y sus bienes naturales.

El Comité Indígena para la Defensa de los Recursos Naturales de Nahuizalco, la Mesa por la Sustentabilidad de los Territorios de Sonsonate (MESUTSO) y la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES) realizaron un recorrido por los sitios de recordación de los pueblos indígenas y las hidroeléctricas que mantienen sometido el cauce del río Sensunapán, lo que ha generado una disminución considerable de su caudal que impacta a las comunidades para la subsistencia.

Para Enrique Carías, integrante de la MESUTSO, explicó que las hidroeléctricas están dejando sin “agua al río”, y prácticamente la acaparan toda y toda la población del lugar se quedaría sin acceso al derecho al agua.

“Es por esto que nosotros decimos que la octava hidroeléctrica vendría a darle el tiro de gracia al río Sensunapan, lo matarían por completo. Porque en su cauce aguas arriba hay cinco hidroeléctricas y aguas abajo hay otras dos presas, entonces, a dónde le quedaría agua a la comunidad para abastecerse”, advirtió Carías.

Asimismo, señaló que las represas están dispuestas cerca del nacimiento del río Sensunapán o Grande de Sonsonate, que nace en el municipio de Juayúa, y recorre un intrincado camino de 40 kilómetros antes de unirse al océano Pacífico, en el municipio de Acajutla. Es, además, una fuente de vida para alrededor de 30 mil familias que se residen entre los cantones de Pushtan, Sisimitepet, El Almendro y Loma del Muerto.

Y pese a las medidas cautelares dictadas por la Cámara Ambiental de Segunda Instancia el año pasado, los colectivos ambientales denuncian “que poco o nada” han hecho en cumplimiento de las órdenes judiciales, por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales o la Alcaldía de Nahuizalco. Y que el 13 de junio del presente año, la misma Cámara Ambiental concedió a solicitud del MARN, la ampliación de la vigencia de estas medidas cautelares a septiembre próximo.

Francisca Pérez Mestizo señala el lecho del río Sensunapán que ha sufrido una baja en el caudal de sus aguas por la presión que ejercen las 7 hidroeléctricas y los regantes. Foto Diario Co Latino/Alfredo Carías

En cuanto a este tiempo concedido al Gobierno, el Ministerio de Cultura, anunció que está actualizando la “Política Nacional de Pueblos Indígenas”, y que realizará un proceso de consulta a los diferentes colectivos de identidad indígena. No obstante, hay dudas que solo se trate de una “medida cosmética” para justifique el mandato de la Cámara Ambiental.

“Es preocupante como se ha ignorado nuestra opinión, como si no existiéramos, como si no tuviéramos relevancia e importancia en el país”, aludió, Marlon Enamorado danzante y defensor de la cultura Nahua-Pipil, al reafirmar que están “definitivamente en contra de la construcción de otra hidroeléctrica en la zona”, que amenaza el entorno del cual subsisten y violenta sitios sagrados.

“Es importante llamar a las autoridades que están allí ( en puestos de poder) para proteger a los ciudadanos y para ver que las leyes se cumplan y que nos protejan de nuestra vulnerabilidad ese es su trabajo”, afirmó.

Y agregó “Esta empresa millonaria quieren definitivamente apoderarse de estos recursos, quieren apoderarse de los bienes naturales que no son de ellos, sino de todo los salvadoreños. Porque el agua es para todos y nos preocupa mucho que se esté intentando construir en un lugar tan importante y sagrado de nuestras comunidades”, argumentó Enamorado.

Los colectivos ambientalistas agregaron que la “historia heredada ya no puede seguirse anulando en el tiempo actual”, que las autoridades de gobierno deben rescatar este “patrimonio intangible y tangible”, iniciando desde las escuelas del sistema público.

Así también, desde todas las instancias del Estado, por ser el responsable de garantizar a los Pueblos Indígenas la protección de los bienes naturales y el acceso a dichos bienes especialmente cuando estos forman parte integral de la cosmovisión y en su mayoría son fuente de vida y de ingresos de estas comunidades.

Amalia López, de la UNES, reconoció el trabajo que han venido realizando las comunidades y Pueblos Indígenas, en defensa de su identidad y el territorio que es una muestra de la resistencia heredada.

“Lo interesante de este sector es que se une en la defensa de la tierra con la protección y revitalización de bienes culturales sean estos tangibles o intangibles y estamos ante un hecho sin precedentes en El Salvador, en donde la población clama por la vida del abuelo río Sensunapán”, expresó.

“Estos pueblos están también exigiendo que se les permita revitalizar su cultura, su herencia ancestral en estos lugares conocidos como parajes que son sitios de recordación o sacros y forman parte de la cultura NahuaPipil, y eso merece respeto”, manifestó López.

Los “parajes” afirmaron los Pueblos Indígenas que son “lugares naturales” que comprende: manantiales, cuevas, peñas, pozas y barrancos, que forman parte o están contiguo al río Sensunapán. Así como, otros ríos cercanos , cerros, caminos y quebradas. En donde según los relatos de los nanas o tatas, son lugares de ceremonias, de protección a la espiritualidad e invocaciones relacionadas a la presencia de los “espíritus guardianes”.

Y de instalarse la 8a represa sobre el río Sensunapán, se verían afectados los lugares encantados o sagrados como: La Periquera, habitát de pericos, loros, tecolotes, lechuzas y gavilanes: La Yeya, lugar donde se resguardaron los abuelos para sobrevivir a la Masacre de 1932, que son dos cuevas enormes. La Golindrinera, paraje constituido por cuevas y peñas donde se resguardan las golondrinas.

Así también, Los Trozos, una antigua gruta conocida como “Cueva de la Purificación”, sitio ceremonial y actos espirituales. Los Encuentros que donde vive el “Rey Camarón” que castiga a quien pretende abusar de la pesca. Y Paso Hondo lugar de memoria y punto del río por el cual transitaron la Ruta de los Izalcos que conecta a Nahuizalco, utilizada en tiempos mesoamericanos, entre otros lugares.

Ante esta situación los colectivos indígenas y la UNES exigieron que se reconozca y se preserve el patrimonio indígena en el departamento de Sonsonate, así como resguardar al río Sensunapán como parte integral de estos patrimonios. Y que las instancias correspondientes cumplan con las medidas cautelares dictadas por la Cámara Ambiental.

Y que al vencimiento de estas, ya se cuente con medidas definitivas que impidan daños irreversibles al “abuelo río” y los sitios sacros y de recordación, en el marco de la normativa nacional e internacional que ampara a los Pueblos Indígenas, que basta con la voluntad política del Estado salvadoreño para que sean respetados.

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