Saúl Méndez
Colaborador
La Asociación Salvadoreña de Ayuda Humanitaria PRO-VIDA destacó la implementación de huertos familiares desarrollados por 40 mujeres organizadas de comunidades indígenas de los distritos de Santo Domingo de Guzmán, en Sonsonate Centro, y Santa Catarina Masahuat, en Sonsonate Norte, como una estrategia para enfrentar la crisis alimentaria y el incremento en el costo de los insumos agrícolas.
La iniciativa forma parte del proyecto «Revitalizando el desarrollo local sostenible y el idioma náhuat en comunidades indígenas», que busca fortalecer el desarrollo territorial en comunidades con alta presencia indígena y contribuir a la revitalización del idioma náhuat pipil, actualmente en peligro de extinción. El proyecto también cuenta con el apoyo del Colectivo El Salvador Elkartasuna, el Gobierno de Navarra, el Ayuntamiento de Villava-Atarrabia y la Coordinadora de ONGD de Navarra.
La organización explicó que el fortalecimiento de la agricultura de subsistencia en las comunidades indígenas responde al incremento en el precio de los alimentos, provocado en gran medida por las pérdidas de cultivos ocasionadas por las fuertes sequías registradas en el país como consecuencia del cambio climático.
Miguel Cartagena, vocero de PRO-VIDA, señaló que la falta de lluvias durante la presente temporada ha provocado el deterioro de los cultivos. A esta situación se suma el incremento de plagas, como el gusano cogollero, que afecta el desarrollo de las plantaciones de maíz.
«Esto que se está viviendo actualmente, ya está impactando y es una realidad compleja en que debería de buscarse alguna forma de declarar una emergencia por la pérdida de los productos, la producción agrícola y va a impactar más en las familias. Ya hay milpas que estaban a punto de producir, pero ya la milpa está sufriendo sequía y está secándose», advirtió.

Ante este panorama, PRO-VIDA apuesta por fortalecer la seguridad alimentaria mediante la implementación de iniciativas agroecológicas en distintos puntos del país y con énfasis en mujeres rurales. Además de las acciones desarrolladas en Sonsonate, la organización destacó la realización de cuatro jornadas de capacitación, asesorías técnicas y acompañamiento para la producción de aves de corral y hortalizas en las comunidades La Esperanza y San Diego, del cantón Tenango, en Suchitoto, Cuscatlán.
Las jornadas forman parte del proyecto Gestión Hídrica, Consorcio PRO-VIDA/PROGRESO, financiado por el Colectivo El Salvador Elkartasuna, el Gobierno de Navarra y otras aportaciones públicas.
«Nosotros hablamos de algo que se llama agricultura de subsistencia, porque no se produce en gran cantidad, sino que para cubrir únicamente las necesidades de la familia», indicó Cartagena al referirse a la implementación de prácticas agroecológicas como una alternativa para enfrentar la crisis alimentaria.
El vocero también reveló que en departamentos donde la organización desarrolla proyectos, como Cabañas, Cuscatlán, Ahuachapán y Sonsonate, ya se han identificado milpas secas y daños considerables en los cultivos de frijol.
«En la zona de Santo Domingo de Guzmán, Sonsonate, que son comunidades originarias indígenas con un impacto mucho más grande de pobreza y que ya se está perdiendo este producto por la falta de lluvia, por la sequía que se está dando. Entonces todo eso hace que definitivamente el impacto en la seguridad de la alimentación a la familia sea complejo», explicó.
«No lo decimos simplemente por mencionarlo, sino que incluso lo vemos y aparte de eso hay estudios también que respaldan este tipo de situaciones que viven las familias», concluyó.
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