Luis Arnoldo Colato Hernández
Educador
La educación es un curso permanente para cada uno de nosotros, algo que no podemos suponer un logro ya satisfecho, pues la globalización nos impone su continuidad.
Y ese es el desafío, la formación continua, no fija y sí pragmática y generalista, donde la especialidad es flexible, dinámica.
Empero, cuando la formación digital llega a nuestras aulas, lo hace desde lo formalista, lo puramente intuitivo, con una pobre formación para los formadores, agravada por un menor seguimiento del mismo, lo que deja al completo sistema dependiendo de iniciativas personales, donde algunos educadores que vieron en éste su potencial se aplicaron al mismo con su mejor esfuerzo, sin el acompañamiento que el sistema debió dar, lo que derivó en beneficios que se reflejan de modo parco en los resultados de la prueba PISA, donde nuestro país apenas ocupa el lugar 70 de 72 evaluados, revelando lo asistemático del modelo.
Así y a manera de ejemplo, podemos citar como uno de los yerros del sistema lo conforma no promover en nuestras aulas, aquellas profesiones que no serán sustituidas por la IA en los próximos años, algo que supone para nuestros jóvenes, una paradoja que nubla sus futuros, lo que debemos como educadores procurar satisfacer desde el conocimiento y la pedagogía.
Partamos del curso que toma ya la formación en materia digital y lo que supone para acceder al mundo laboral desde este.
Hay profesiones que la IA no podrá tocar, por lo que apostar por ellas parecería ser una segura consideración, y, sin embargo, al momento presente nuestro sistema educativo no las considera.
Comenzamos por entender que la IA no piensa en términos de la expresión, sino simplemente interpretando datos con frialdad, pues no “siente”, así en esos términos una primera profesión intocable es la medicina clínica de urgencias y cuidados críticos, porque requiere interpretación de síntomas sustentada en la experiencia directa, que hace que el médico que ejerza en el futuro se apoye en la IA sin depender de ella, porque será quién determine el curso a seguir. Una segunda línea formativa es la de la reparación y mantenimiento físico en entornos no estructurados, porque precisamente las variables no están calculadas ni pueden anticiparse y demanda de improvisación. Un tercer ejemplo son los trabajos que requieren confianza social irreductible, por la interacción derivada, que es el caso de la terapéutica. La cuarta es por sus implicaciones, fundamental, pues lo es el liderazgo político y organizacional, no relativo a lo burocrático, y sí determinante del quehacer humano. Finalmente está aquella que estableció nuestra humanidad, que nos separó de las bestias y nos hizo ser lo que somos: lo artístico y filosófico.
En esta debemos aclarar que la IA ya genera arte, literatura y hasta algo parecido a pensamiento, pero a partir de predicciones y datos, desde programas, no de autenticidad dependiente de la experiencia directa.
Estas son formaciones que la IA no podrá sustituir, por mucho tiempo.
Porque lo humano no puede ser replicado.
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