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Más allá de las elecciones de 2027: la tarea estratégica de reorganizar a la clase trabajadora

Erick Zelaya*

En los últimos días el movimiento sindical ha sido objeto de análisis, al aparecer por la precandidatura presidencial del Sindicalista Rafael Aguirre, secretario general del Sindicato de Médicos del Instituto Salvadoreño del Seguro Social (SIMETRISSS) y representante de la Coordinadora Nacional por el Derecho a la Salud del Pueblo Salvadoreño (CONADESA),

Como cada periodo electoral, se tiende a concentrar la atención del país en una especie de esperanzas que las cosas a través de las elecciones cambiarán, mientras tanto la explotación y expoliación de la Clase Trabajadora continúan. Las candidaturas, las alianzas, las campañas y las encuestas ocupan el debate público, mientras los grandes problemas que afectan diariamente a la clase trabajadora parecen quedar temporalmente relegados.

Es comprensible que las elecciones despierten interés. Sin embargo, desde nuestra perspectiva debemos preguntarnos si concentrar nuestros esfuerzos en la campaña electoral, es la tarea correcta.

Para el movimiento sindical y popular, la pregunta más importante no es únicamente quién es el candidato o quien gobernará después de 2027. La verdadera pregunta es otra: ¿cómo llegará organizada la clase trabajadora al día siguiente de las elecciones? porque las elecciones terminan en una fecha determinada, pero la lucha por los derechos laborales, por salarios dignos, por la libertad sindical y por condiciones de vida justas continúa todos los días.

No debemos permitir que la coyuntura electoral sustituya la organización

Existe el riesgo de que el calendario electoral absorba las energías de las organizaciones sindicales y populares. Que los debates giren exclusivamente alrededor de candidaturas y estrategias electorales mientras se descuida el trabajo cotidiano de organización. Ese sería un grave error.

Los sindicatos no existen únicamente para intervenir durante las elecciones. Su razón de ser es organizar permanentemente a la clase trabajadora, defender sus derechos y preparar las condiciones para enfrentar los conflictos sociales que inevitablemente surgen en una sociedad marcada por profundas desigualdades.

Las campañas duran algunos meses, las organizaciones deben construirse para resistir durante años.

Nuestra valoración sobre el escenario posterior a 2027

Desde nuestra perspectiva sindical, creemos que el período más difícil para los trabajadores podría comenzar precisamente después de las elecciones.

Nuestra valoración es que el gobierno de Nayib Bukele, una vez superado el proceso electoral, contará con un mayor margen político para profundizar un programa económico cuyos costos recaigan principalmente sobre la clase trabajadora y los sectores populares.

Estamos convencidos que vendrán reformas al sistema de pensiones, una mayor apertura a procesos de privatización o concesión de servicios públicos, nuevas medidas de ajuste fiscal, como el aumento al IVA y nuevos impuestos, reformas que afecten derechos laborales y otras decisiones orientadas a responder a las presiones derivadas de la situación fiscal y financiera del país por los compromisos con el Fondo Monetario Internacional y la grave crisis de la deuda que enfrenta El Salvador.

Si ese escenario se materializa, también es razonable prever un incremento del descontento social y de la protesta. Ningún pueblo acepta indefinidamente el deterioro de sus condiciones de vida sin expresar resistencia.

Sin duda ante una eventual reacción de trabajadores, sindicatos, comunidades y organizaciones populares, el gobierno de Bukele responda con represión abierta, mayores restricciones a la protesta social, nuevas formas de persecución contra dirigentes sindicales y populares, y un endurecimiento de los mecanismos de control y silenciamiento. Precisamente si ese escenario es probable no podemos permitirnos llegar a ese momento débiles, fragmentados o desorganizados.

La tarea principal es fortalecer nuestras propias fuerzas

Si nuestro análisis es correcto, la principal responsabilidad del movimiento sindical no consiste en esperar el resultado electoral, consiste en fortalecer desde ahora nuestras propias capacidades.

Hay que reorganizar sindicatos, recuperar organizaciones debilitadas, crear nuevas estructuras donde hoy no existen, formar nuevos cuadros sindicales, preparar a jóvenes dirigentes, fortalecer la participación de las mujeres trabajadoras, construir coordinación entre sindicatos, organizaciones populares, movimientos comunitarios y sectores democráticos, profundizar la solidaridad internacional.

Nada de eso puede improvisarse cuando el conflicto ya ha comenzado.

El trabajo de hormiga

 

Vivimos una época en la que muchas veces se confunde la política con la presencia permanente en redes sociales o con la emisión constante de comunicados o conferencias de prensa. Pero las organizaciones fuertes no nacen de los comunicados; se construyen mediante un trabajo paciente, cotidiano y muchas veces invisible.

El trabajo de conversar con cada trabajador, de visitar centros de trabajo, de formar políticamente, de estudiar los derechos laborales, de reconstruir relaciones de confianza, de crear pequeños equipos organizados, de fortalecer las finanzas sindicales, de acompañar conflictos concretos, de escuchar antes de dirigir. Ese trabajo rara vez aparece en los titulares, sin embargo, es el que determina si un movimiento está preparado cuando llegan los momentos decisivos.

 

Como las hormigas, debemos construir pacientemente nuestras fuerzas sin esperar reconocimiento inmediato.

Organizaciones fuertes, no únicamente dirigentes visibles

La historia del movimiento sindical demuestra que ninguna organización puede depender exclusivamente de unos pocos dirigentes, las organizaciones verdaderamente fuertes son aquellas capaces de continuar funcionando incluso cuando sus principales referentes enfrentan persecución, despidos, exilio, encarcelamiento o cualquier otra forma de represión.

Por eso debemos construir direcciones colectivas, formar relevos generacionales y compartir responsabilidades. La organización debe ser siempre más fuerte que cualquier individuo.

La historia no termina en las urnas

Las elecciones de 2027 pasarán, habrá vencedores y derrotados en la disputa electoral. Pero al día siguiente millones de trabajadores volverán a sus fábricas, hospitales, escuelas, oficinas, comercios, talleres y campos. Allí seguirán presentes los mismos problemas: los salarios insuficientes, la precarización laboral, el debilitamiento de los derechos sindicales y las crecientes dificultades para sostener condiciones de vida dignas. Y si, como prevemos, el gobierno de Bukele impulsa después de las elecciones un nuevo ciclo de reformas económicas que descarguen el peso de la crisis sobre el pueblo trabajador, la capacidad de respuesta dependerá exclusivamente del nivel de organización que hayamos construido antes. No habrá atajos, ni soluciones improvisadas.

No bastarán los discursos cuando sea necesario defender derechos concretos, por eso la tarea más importante del presente sigue siendo la reorganización de la clase trabajadora y de los pueblos, el fortalecimiento de los sindicatos, la reconstrucción de la unidad popular y la formación de una nueva generación de dirigentes comprometidos con las luchas de nuestro pueblo.

Las elecciones son una coyuntura, la organización es una tarea histórica.

Quienes comprendan esta diferencia estarán mejor preparados para enfrentar las batallas sociales, laborales y democráticas que puedan abrirse en los años posteriores a 2027.

*Luchador social, Sindicalista en El Exilio y Columnista

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