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¿POR QUÉ ESCRIBIR?

 

Ricardo Alfonso Madrid,

Escritor

La pregunta cuestiona y obliga a la respuesta; partiendo de que el pensamiento es fugaz,  si revolotea mucho tiempo se torna en círculos que muerden las sienes, provoca desvelos hasta que necesariamente se ha de plasmar en blanco y negro (o el color de tinta que tenga el lapicero).

Ahora bien, el pensamiento es fugaz y las palabras se las lleva el viento. Si dentro del pensar es completamente abstracto, al escribirlo, la idea se traduce en mensaje legible, transmisible, sujeto al criterio e interpretación del entorno.

Del pensamiento salen las ideas traducidas en palabras, y las palabras crean y ejercen poder, con capacidad de incidir e influenciar a las demás personas que leen o escuchan las palabras.

En este orden pueden ser tocados todos los temas posibles como formas de pensar hayan, en los diferentes estilos y acorde a los motivos, dependiendo de la preparación previa con base a las experiencias y clases de lecturas que se hayan tenido; así podría tener afición al amor, a la motivación o superación personal, el análisis coyuntural político y social, casos paranormales o de metafísica, vivencias y de memoria histórica, el misterio de la vida y de la muerte, o si acaso por trascender los planos de consciencia.

Así mismo, retomando que la palabra tiene poder, derivada del pensamiento, acudimos a lo que según LA BIBLIA Latinoamericana, Edición revisada 1995, 93ª. Edición, en el Evangelio según Juan, dice en Capítulo uno, versículos del uno al cinco: “En el principio era la palabra, y la palabra estaba ente Dios, y la palabra era Dios. Ella estaba ante Dios en el principio. Por ella se hizo,  y nada llegó a ser sin  Ella. Lo que fue hecho tenía vida en ella, y para los hombres la vida era luz. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron”.

Independiente de las creencias que cada quien sostenga, es un hecho innegable de que la palabra tiene poder.

De ahí se puede derivar que cada quien tiene un propósito en la vida y pretende dejar un legado, hay algo que mueve su pensar, que motiva su sueño o utopía que persigue, que le impulsa su accionar, porque cuando no bastan las palabras y se ha de ser coherente con el pensar, el decir y el hacer; se ha de dar testimonio con los hechos.

Cada palabra crea, cada acción afecta el entorno, similar al efecto de una piedrecilla que al caer en la quietud del estanque, origina en el agua ondas o círculos cuyo epicentro es la piedrecilla caída.

Con la palabra podemos construir o podemos destruir, hacer soñar y encantar o desencantar.

Podrá venir el poeta o la poetisa con su lírica ensoñadora y metáforas estrafalarias, que juntarán las nubes haciendo torbellinos, conjugando las estrellas en los ojos de una niña, los cabellos tornasoles que a los celajes de la tarde, reflejan los destellos que cobijan a los enamorados y las arenas embadurnadas en los cuerpos devanados por el éxtasis en la playa silente y encantadora de la madrugada.

O podrá venir el ensayista con su pensamiento innovador, donde hace planteamientos que de momento ya no caben en su pensar, por lo que propone nuevas fórmulas que involucran filosofías o aspectos sociológicos, pudiendo convertirse en guías o hasta leyes que inducirán a un nuevo orden de cosas, dependiendo de la aceptación o recepción que tenga.

Y así podrían venir o citarse cuanto pensador o escritor se atreva a dejar para la humanidad, en los diferentes géneros literarios, la cosecha de su acervo de conocimientos que le haya conferido como vocación el Creador de todo lo que existe.

Para edificar o reedificar se ha de transformar el entorno, romper esquemas establecidos, crear o transformar paradigmas, generar actitudes que inspiren a ser diferentes, lo cual involucra esfuerzos, motiva a la lucha, al espíritu de sacrificio, no obstante las lágrimas, llantos y dolores, porque en ese esfuerzo se podrá padecer pero no sufrir, porque conlleva una satisfacción  que conmueve a la felicidad y la alegría por el logro obtenido.

Entonces se puede trascender a otros planos de consciencia, en la búsqueda de respuestas ante la realidad existente, se transforma la crisis en oportunidad dejando el legado a la descendencia por la memoria y honra de su ascendencia, a quienes nos debemos cada uno que respira y vive.

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