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miércoles , 20 junio 2018
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Perdón, nación y familia

Guido Miguel Castro Duarte

Amás de 24 años de haberse suscrito el Acuerdo de Paz, stuff los antiguos contendientes están exigiendo que se saquen de las tumbas los casos que se consideran violatorios a los derechos fundamentales, generic cometidos por el enemigo, click exigiendo verdad, reparación y justicia para las víctimas o sus familiares, sin olvidar que esto puede significar ayudas millonarias a las Ong’s de defensa de los derechos humanos.

El riesgo de esta forma de memoria histórica manipulada, es que siempre se genera un nuevo conflicto, y se tira al traste el esfuerzo conciliador de aquellos años.

Algo parecido puede pasar a nivel doméstico en las parejas de esposos, o entre padres e hijos. Cuando uno de ellos pretende sacar en el presente errores del pasado, que no ha tenido la capacidad de perdonar, el conflicto se renueva cada vez con más fuerza, y tarde o temprano la unidad familiar se rompe o sufre graves fracturas. La capacidad de perdón está directamente relacionada con la caridad y la misericordia. El verdadero perdón hace prevalecer los valores fundamentales para lograr sanar las heridas que produce la ofensa recibida. En la familia sería la unidad familiar y el amor a los hijos, y en la sociedad el bien común y la estabilidad social.

Lo contrario al perdón es el rencor, que vive alimentándose con la imaginación y la exageración, en un permanente ejercicio de regurgitación de las ofensas recibidas.

El perdón es un proceso interno que lleva al convencimiento que mantener el resentimiento contra el agresor no repara el daño, y que mantener el sentimiento de venganza resulta más dañino que beneficioso. Es el resultado de una reflexión objetiva que permite sanar las heridas internas dejadas por la agresión recibida.

En la guerra se pasó de la locura a la esperanza con el proceso de paz, y solo mentes desquiciadas podrían pretender revertir ese proceso social, pero aquellos que promueven la venganza están llevando al país irremediablemente a una nueva espiral de violencia, que ahora trasciende a las redes sociales y que podría llevarse al plano de la realidad.

En la familia, cuando uno de sus miembros no sabe anteponer los valores superiores a sus deseos de venganza, genera un conflicto interno que lleva, tarde o temprano, a una ruptura peor que la que produjo el hecho original que se resiente, como pueden ser una visión de mundo diferente, una infidelidad, una deslealtad o a veces, hasta discusiones triviales que desencadenan en riñas domésticas y en agresiones físicas o psicológicas.

Ante el deseo de venganza debe anteponerse la sensatez, el bien común y la unidad nacional o familiar. La venganza nace de la ira que no es buena consejera en la toma de decisiones trascendentales.

Quienes claman venganza, casi siempre lo hacen sin pensar en los efectos que podría tener el cumplimiento de ese deseo. Los efectos colaterales en personas inocentes siempre son tan o más dolorosos que el daño original, generándose una espiral de violencia.

Al final de cuentas, la violencia se reduce a la falta de amor, de caridad. Una sociedad sin amor será siempre una sociedad violenta, igual que un hogar en el que no se hace prevalecer el amor, será siempre un campo de batalla. Esta comparación es importante porque la sociedad, al final de cuentas, es la suma de todos los hogares que existen en su territorios y allende a sus fronteras, incluidos todos los conglomerados sociales que forman los individuos.

Si en el hogar no se aprende a perdonar, que no nos extrañe que cada cierto tiempo se producirá un nuevo conflicto social a escala nacional. Estamos dominados por el odio.

La paz exige renunciar a ciertos privilegios, ceder para vivir de manera armoniosa, porque ante cualquier posesión siempre habrá un reclamo concreto contra ella. Desgraciadamente, los seres humanos somos eternamente inconformes.

Así como un padre o una madre puede ser capaz de perdonar a su cónyugue en aras de la armonía familiar y la estabilidad de los hijos, así un sector en conflicto puede ceder al deseo de venganza contra el grupo contrario en un esfuerzo por conservar la armonía social. Todo es cuestión de voluntad y de caridad.

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