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Monseñor Romero y la poesía

Alfonso Velis Tobar

Poeta, ask investigador y ensayista

M.A Carleton University

 

Parece que entre Monseñor Romero  poetas y profetas hay afinidad, viagra   porque en Monseñor Romero hay otro poeta profeta, prescription que habla en poesía. Cuyo verbo es la poesía misma que salió de su boca; dijo, que no quería gozar, ni descansar mientras haya un pueblo salvadoreño a quien liberar.  Ideal que lo llevaría al cadalso de la muerte en manos de sus  verdugos; que no lograron matar su voz  de viva encarnación con la historia. Entonces vemos que su espíritu fue afín con el arte, la poesía y la música. Su formación humanística: como teólogo, cantor, músico, periodista, locutor radial, escritor de palabra sacra, comunicólogo, filosofo, sociólogo cristiano, primero de pensamiento conservador,  después consciente de su misión pastoral su conversión,  con coraje vira su palabra sendas de la liberación y  justicia de los pobres. Sabemos que Monseñor escribió poesía desde muy joven, el padre Chus Delgado en su biografía – me gusta de ameno  lenguaje coloquial-  expresa el gran amor de Monseñor por la poesía desde que era  seminarista. La magia de la palabra fue su instrumento para plasmar la verdad; sus dotes en la oratoria. Si, Monseñor fue orador de palabra sencilla, justa.   Y también escritor, periodista, director del Semanario Católico de Oriente “El Chaparrastique” siendo cura de San Miguel, luego fungiendo en la Archidiócesis de San Salvador, dirigió el periódico  “Orientación”. Ejerció la locución en la Radio Católica YSAX  “La voz de la esperanza”,  que llegó a ser la más escuchada en el país domingo a domingo, en todo rincón de Centroamérica, se escuchaban con mucha atención sus valientes homilías en el periodo que Monseñor  tuvo que enfrentar  las amenazas de su muerte por parte de los caínes y los judas que lo odiaban,  pero eran odios de clase…

Pero fue gracias a la poesía que Monseñor Romero, siendo novicio en el Seminario Menor de San Miguel, gana una beca para cursar estudios de Teología en Roma. Así pudo Monseñor Romero conocer también por esa época a su compañero, hoy monseñor Rafael Valladares, alumno brillante, inclinado a las letras, al periodismo y de inquietudes intelectuales; no solo conocerse ambos en su vida pastoral, sino por medio del espíritu de la poesía. Sucede que había convocado Monseñor Dueñas a un certamen literario, y el premio era cursar  los estudios sacerdotales en Roma, el tema, un elogio del papa. Ambos empatados con el primer lugar, ambos elegidos para la beca. (Valladares, 1986: P. 16 y 17)

Según palabras del padre Chus Delgado, de este tiempo del seminario data una bella poesía salida de la pluma del joven Oscar Romero, dedicada al sacerdocio. Joven que ya desde entonces veía en el sacerdocio como  “un hombre de lucha”, según  palabras de don Chus Delgado, poema que manifiesta puntos claves, Monseñor tuvo elevado espíritu de la palabra  predicada: “Tu palabra es perdón y ternura sobre el penitente, /  tu palabra es la cátedra santa, doctrina eterna; / es la luz que ilumina, consejo que alienta/ es voz de esperanza, es fuego que incendia; / camino, verdad, claridad excelsa, /  vida…,  eternidad…”  Y qué más vehemencia fiel con la poesía que expresa monseñor sobre la misión sacerdotal: “Pero no es solo el templo tu campo de batalla; /  recorres el mundo con tu espada excelsa, / la cruz redentora. / Y el rugir del cañón no te arredra, /  ni te arredra el chocar del acero / cuando escuchas la voz de la iglesia /  que presto te llama con voz lastimera, /  porque crueles con crueles puñales la hirieron de muerte”…

Entonces vemos en Monseñor su humildad para decir la verdad, el mismo no sabía que era poeta, pues nunca se considero poeta, pero era poeta en todo sentido de la palabra. “Yo amo la poesía” nos dijo Monseñor a Chema Cuéllar y a quien escribe, cuando nos concedió 15 minutos, Chema llevaba un libro en 1979.  Nos dijo que había leído poesía de Roque Dalton y que trágica había sido su vida. Entonces Monseñor  era un verdadero poeta,  porque hablaba como poeta, su naturaleza espiritual, su manera de usar un lenguaje figurado, sencillo, florido en imágenes y metáforas. Y no se necesita ser especialista en lingüística, ni “Hermeneuta” de profesión, para interpretar el pensamiento poético que flota en sus homilías. Esa voz conceptual de  expresión coloquial,  con trinos  líricos saliendo de su boca; ese mensaje moral social cristiano. En una ocasión con el poeta Joaquín Meza, en apoyo de la  “Organización de  Madres de Desaparecidos y Reos Políticos  Monseñor Romero” en  1985, clamaban justicia exigiendo al régimen opresor,  por sus hijos y familiares, desaparecidos o encarcelados; pude con mucha suerte rescatar una cartilla con poemas escritos por Monseñor Romero, con presentación del padre Fabián Amaya Torres. Fueron para mí unas joyas. Poemas como: “El sacerdocio” (Escrito en Roma), “Por la muerte de mi papa Don Santos Romero” (Escrito hacia 1930), “Realidades Cotidianas”, “El temor es algo humano”, “Se que mi hora se acerca”. “En la liturgia”, “El Imperio del infierno”,  escritos hacia los 70s a 80s, donde se plasma el espíritu lírico, al estilo de San Juan de Letrán, San Juan de la Cruz,  Santa Teresa de Jesús, ese es el pensamiento  místico que plasma  la poesía de Monseñor.  Mucha poesía escribió en su adolescencia,  se sabe que un cofre con muchos de sus escritos, según se cuenta se perdió olvidado por sus padres en un cambio de casa.

Monseñor Romero,  asesinado el 24 de Marzo de 1980,  momentos en que celebraba misa en la Parroquia de la Divina Providencia en El Salvador, Centroamérica. Crimen que causó mucha consternación en El Salvador,  la condena de todos los pueblos del mundo, exigiendo el inmediato castigo para sus asesinos intelectuales y materiales; y ya el pueblo, la opinión pública mundial, todo mundo es  sabedor de tan execrable crimen. Cobarde asesinato ha sido esclarecido en 1992 a través de la llamada “COMISIÓN DE LA VERDAD” entidad nombrada por la ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS” (ONU) que explica,  está plenamente esclarecidos quienes fueron sus asesinos, como  planificaron el crimen, con saña, con premeditación de odios de clase. La historia nacional enfatiza ante el pueblo quien ya conoce la verdad de los hechos criminales. Monseñor Romero fue tan bueno de corazón que con anticipación perdona hasta  sus  mismos verdugos. Algunos crímenes horrendos han quedado impunes en este país, demuestra que clase de justicia nos ha juzgado. Es el tipo de justicia institucional que hemos tenido, donde hay intereses creados. Pero todo lo malo, siempre sale esclarecido con la verdad, con el tiempo; pero aquí en mi país, algunas veces, ni se ha hecho justicia. El caso de Monseñor Romero ha sido,  el mismo de los hermanos jesuitas, mártires de la UCA, ha estado prácticamente impune, pues no se castiga como debía ser a los culpables; pero  ellos se castigaron su remordimiento personal, sus cargos de conciencia, si es que la tienen. Aquí la justicia tiene sus privilegios de clase,  pues todavía los matadores, algunos  judas y caínes andan vivitos y coleando. Los mismos que asesinaron a Monseñor fueron los mismos que asesinaron a los hermanos jesuitas en 1989  en el recinto universitario,  almas lucidas que tanto  aportaban a la educación, a la cultura y al análisis a la situación nacional;  criticando,  cuestionando, acusando al régimen que hacia la guerra al pueblo. Con el apoyo descarado del imperialismo  para seguir derramando sangre del pueblo. Pienso que a la par de Monseñor, no se debe olvidar, como rescate a la memoria histórica, las huellas de insignes héroes y mártires, como los Hermanos Jesuitas de la UCA, asesinados por la Fuerza armada en 1989, las Monjas Mariknoll, norteamericanas, asesinadas por la Guardia Nacional, la muerte de Rutilio Grande, Octavio Ortiz, Barrera Moto, padre Macías y otros sacerdotes, recordar a nuestros poetas muertos, desaparecidos en la lucha y en memoria de los miles de combatientes  anónimos, caídas almas del pueblo abonando con sangre los nuevos aires del futuro y de la historia.

¡Quienes conocemos  el martirologio!  ¡Quienes admiramos su obra como pastor de la Iglesia Católica Salvadoreña y en Latinoamericana, quien tomó los preceptos de la teología de la liberación y su opción al lado de los pobres! ¡Quienes mantenemos en vivo su memoria, su misión evangelizadora y valiente! Monseñor Romero, ¡Quien levantó su voz en beneficio de los pobres, por la paz y la justicia social en El Salvador durante fue Arzobispo de San Salvador!  ¡Quien criticó severamente la grave situación en que la nación vivía en el periodo  1977-1980. Monseñor, denunciaba a los causantes de la  violencia en contra del pueblo, situación caótica, producto de la misma injusticia social, de la falta de respeto a los derechos humanos; aquella  represión militar llevaría al pueblo salvadoreño, a una sangrienta guerra civil desde 1980-1992. Con sus denuncias Monseñor se ganó el odio de los grandes del capital, los que siempre quieren manejar el país a sus antojos e intereses creados de clase dominante; la causante, sus ambiciones de riqueza y corrupción; es la culpable de todos nuestros males padecidos. Monseñor hablaba de la grave situación de la realidad que se vivía, fue testigo ocular,  enfrentando días  convulsionados. La amenaza, los escuadrones de la muerte, la sangre corría en los montes y en la ciudad, la maquinaria militar represiva,  fascistoide apoyado por los yanquis hacían de las suyas,  reprimiendo con sangre toda protesta social,  cuando el movimiento de las masas de todos los sectores populares era intensa; bien organizada,  con la resistencia misma, además muy combativas desde los 70s.  Monseñor también salió a manifestarse a la calle ante la persecución a la iglesia progresista de su tiempo  que había asesinado cruelmente a sus sacerdotes;  fue fiel testigo ocular de los inicios del conflicto armado y por su actitud a favor de la justicia del pueblo, le traería amenazas a muerte por parte del poder.  Pero la sangre que derramo Monseñor Romero, es parte de esa tragedia histórica que se hereda en los que luchan por la justicia de los pueblos. Vayan pues estos bellos  y breves poemas brotados del  pensamiento de Monseñor Romero, como tributo a su misma persona,  por ser la voz de los sin voz  pero una voz siempre justiciera a favor de los pobres. Poemas que nos enseñan mucho con su verdad cristiana. Tomados de la  inédita Antología “Poesía Romeriana. El Salvador en América.”(2015)

 

Poemas de Monseñor Romero


-I-

Realidades 

cotidianas

Entre nosotros siguen siendo verdad

las terribles palabras de los profetas de Israel.

Existen entre nosotros los que venden al justo

por dinero y al pobre por un par de sandalias;

los que amontonan violencia y despojo en sus palacios;

los que aplastan a los pobres;

los que hacen que se acerque un reino de violencia,

acostados en camas de marfil;

los que juntan casa con casa

y anexionan campo a campo hasta

ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país.

Estos textos de los profetas Amos e Isaías

no son voces lejanas de hace muchos siglos,

no son solo textos que leemos reverentemente en la liturgia.

Son realidades cotidianas, cuya crueldad

e intensidad vivimos a diario. Las vivimos

cuando llegan a nosotros madres y esposas

de capturados y desaparecidos, cuando aparecen

Cadáveres desfigurados en cementerios

clandestinos, cuando son asesinados aquellos

que luchan por la justicia y por la paz.

-II-

El Temor es 

algo humano

El temor es algo humano,

Todos lo tenemos.

Mi deber es estar

Junto a mi pueblo

Y no sería conveniente

Que yo mostrase miedo.

Yo le pido a Dios que, aunque sea con miedo,

Siga cumpliendo un deber

Que yo creo necesario.

Cuando venga la muerte,

Vendrá en el preciso momento

Que Dios ha escogido para mí.

-III-

Sé que mi hora 

se acerca

Sé que mi hora se acerca y  presiento

Que mi misión no acaba

Sino que comienza.

Hasta el fin del mundo

Quiero permanecer en la tierra,

Junto a los hombres,

Luchando con ellos por la liberación.

No puedo gozar y no quiero descansar

Mientras haya hombres a quien liberar.

Cuando la historia acabe

Y la liberación sea total,

Entonces reposare

Con todos los elegidos

Y gozare eternamente

De la alegría de Dios.

-IV-

El Imperio 

del Infierno

El imperio de la muerte se pasea sobre la tierra;

los caminos sagrados de nuestro suelo

se empapan cada vez más

de sangre humana

La muerte violenta ya casi se hizo

Aire que respiramos.

Se manda a matar, se paga por matar,

Se gana por matar, se mata por odio.

¡Es triste esta danza

Macabra de la muerte!

A mí me toca ir recogiendo

atropellos y cadáveres.

¡Cuánta sangre! ¡Cuánto crimen!

¡Cuánto horror!

La violencia, el asesinato

La tortura, todo eso

Es el imperio del infierno.

 

Monseñor  Oscar  Arnulfo  Romero 

 

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