Redacción Nacionales
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Un nuevo capítulo de despojo socioambiental y grave deterioro ecológico se despliega con impunidad en la franja costero-oriental del país, denunció Ángel Flores de MILPA El Salvador. Entre el kilómetro 171 de la carretera Litoral y las faldas de la cordillera montañosa del distrito de Intipucá, en el municipio de La Unión Sur, el agroecosistema de La Marañonera enfrenta una embestida de maquinaria pesada que ya deja cicatrices profundas e irreversibles.
La Filial de Oriente del Movimiento de Integración de Lucha Popular y Agraria (MILPA El Salvador) ha alzado la voz de alarma ante lo que califican enfáticamente como un crimen ambiental de amplias proporciones.
Ángel Flores, coordinador regional de MILPA, denunció sobre el terreno la rápida depredación de más de 20 manzanas de bosque y plantaciones productivas, un proceso destructivo que implica la tala sistemática de más de 2,200 árboles de marañón, además de valiosas especies de importancia forestal y maderable. Este enclave natural, establecido a mediados de la década de 1990 en unas 900 manzanas que pertenecieron al Estado salvadoreño, ha representado durante cerca de tres décadas el sustento económico directo de cientos de familias campesinas e indígenas de los distritos de Intipucá, Conchagua y La Unión.
«No estamos únicamente ante la destrucción del patrimonio productivo campesino, sino ante el arrasamiento deliberado de un ecosistema crucial para la vida comunitaria y la biodiversidad costera», aseveró Flores. La deforestación desmedida está provocando el desplazamiento forzado de fauna silvestre nativa hacia asentamientos poblacionales, desencadenando nuevos conflictos de convivencia humana y destruyendo el hábitat ancestral del bosque seco.
La crisis en La Marañonera no es un hecho aislado. Se suma de manera alarmante a la devastación previa del bosque tropical seco ocasionada por la construcción del Aeropuerto del Pacífico, una obra megaestratégica que extirpó un área natural que servía como amortiguamiento ecológico indispensable para el manglar del estero de El Tamarindo. Hoy, las dinámicas de acaparamiento y cambio de uso de suelo se trasladan hacia la llanura de Intipucá.
De acuerdo con los testimonios recopilados por MILPA entre las comunidades locales, la historia dominial de estas tierras —originalmente administradas por el Instituto Salvadoreño de Transformación Agraria (ISTA) y disputadas posteriormente por la Cooperativa de la Reforma Agraria San Ramón— ha derivado en una opaca transferencia hacia poderosos grupos corporativos. En el territorio se señala la presencia e intereses del Grupo Flores —asociado al excomisionado presidencial de proyectos estratégicos, Christian Flores— con un acaparamiento estimado de 260 manzanas, así como las operaciones recientes de la empresa constructora Castro.
Esta concentración de tierras desplaza el modelo de conservación comunitaria para imponer megaproyectos turísticos de masas e iniciativas inmobiliarias privadas. Este enfoque mercantilista sacrifica la vocación agrícola y la soberanía alimentaria local a favor del lucro corporativo, contado además con la permisividad evidente de las instituciones gubernamentales llamadas a tutelar el medio ambiente.
El impacto más severo de este ecocidio recae sobre la seguridad hídrica regional. La Marañonera constituye una vital área de captación y recarga de mantos acuíferos que alimenta riachuelos, manantiales y pozos comunitarios en toda la zona baja. MILPA calcula que más de 5,500 familias de comunidades campesinas como Loma Larga, Llanos los Patos, Monares, San Francisco, La Maguillera, La Leona y Nuevo Amanecer quedarán despojadas del agua potable indispensable para su vida diaria y sus cultivos.

Ante este alarmante escenario, la dirigencia de MILPA y las directivas comunitarias del oriente del país hicieron un llamado urgente a la unidad popular para detener los trabajos de maquinado y exigir la intervención inmediata de las autoridades judiciales y ambientales. «Es una tragedia anunciada que compromete el presente y el futuro de nuestras generaciones. Debemos alzar la voz de manera unificada para poner un alto al ecocidio y rescatar los bienes comunes de nuestros territorios», concluyó el líder ambientalista.
CONFLICTO AMBIENTAL EN INTIPUCÁ
- Daño directo: Más de 20 manzanas destruidas y 2,200 árboles de marañón talados.
- Población en riesgo: 5,500 familias de 8 comunidades sin acceso garantizado al agua.
- Acaparamiento de tierras: 260 manzanas bajo sospecha de acaparamiento por grupos empresariales.
- Ecosistemas afectados: Zonas de recarga hídrica y zona de amortiguamiento del estero El Tamarindo
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