Luis Rafael Moreira Flores
Colaborador
El Movimiento Indígena para la Integración de las Luchas de los Pueblos Ancestrales (MILPA) de El Salvador, arropado por una amplia coalición de organizaciones sociales y sindicales, ha lanzado una enérgica denuncia pública contra las políticas extractivistas, la destrucción sistemática del medio ambiente y la vulneración de los derechos de las comunidades originarias y campesinas en el territorio salvadoreño.
La actividad sirvió de plataforma para anunciar las acciones urgentes de visibilización global que emprenderán de manera inmediata.
La conferencia de prensa se desarrolló bajo el amparo de la Caravana de Pueblos de Resistencia en Europa, por el clima y la vida, una iniciativa internacionalista nacida de la articulación regional en Mesoamérica y apuntalada por los esfuerzos de los Espejos del Sur Global.
El objetivo primordial del encuentro fue poner en el centro de la agenda pública las graves violaciones ambientales y socioculturales que se ejecutan en El Salvador bajo la fachada de un “desarrollo tecnológico y de transición verde”, revelando que estas acciones corresponden a dinámicas corporativas que priorizan el capital sobre la supervivencia humana.
Depredación desmedida en El Salvador
El núcleo de la intervención de los portavoces de MILPA giró en torno al acelerado proceso de destrucción ecológico que azota al país. Ángel Flores, dirigente de MILPA El Salvador, ofreció una preocupante valoración sobre el estado de emergencia climática y territorial que padece la nación centroamericana, apuntando directamente a la laxitud e irresponsabilidad institucional en la entrega de licencias ambientales y de edificación.
“En nuestro país estamos viendo cómo la facilidad comercial de los permisos de construcción aumenta la depredación de nuestros ambientes. Proyectos de viviendas en zonas de resguardo, depredación de bosques y humedales aumentan indiscriminadamente. Un desarrollo sin que importen nuestros ecosistemas. Los calores e inundaciones son solo el inicio de una serie de desastres que viviremos en el futuro próximo”, dijo.
Las afirmaciones de Flores reflejan la honda preocupación de los defensores de la tierra ante la pérdida irreversible de mantos acuíferos, la deforestación de pulmones ecológicos clave y la impermeabilización de los suelos debido a la urbanización descontrolada.
Este desequilibrio, según advierten los expertos, ya está pasando factura a través de temperaturas récord en el territorio salvadoreño y un incremento drástico en la vulnerabilidad ante inundaciones repentinas y deslaves en las periferias urbanas y rurales.
Respaldos sectoriales frente a la ofensiva neoliberal
El reclamo de MILPA no es un hecho aislado. La actividad contó con el acompañamiento y respaldo expreso de diversas organizaciones sociales, movimientos populares y gremios sindicales del país. Estas agrupaciones coincidieron en que el modelo económico actual promueve una “arquitectura del despojo” que precariza el empleo, privatiza los bienes comunes bioculturales y desplaza a la población de sus territorios tradicionales para favorecer enclaves inmobiliarios de lujo e infraestructuras logísticas internacionales.
Los sindicatos y colectivos presentes manifestaron de forma contundente su rechazo unánime a la depredación ambiental, denunciando que los discursos estatales de seguridad energética y modernización turística actúan como una cortina de humo para expandir fronteras neoextractivas en sectores sensibles.
Además, se recalcó de forma crítica la existencia de un contexto autoritario y de violencia estatal que criminaliza, persigue y silencia judicialmente a defensores de derechos humanos y del territorio para evitar que obstaculicen estas iniciativas económicas.
Etnocidio e irrespeto a las costumbres ancestrales
La destrucción material del entorno natural va estrechamente de la mano con el desmantelamiento de la herencia identitaria de los pueblos nativos de El Salvador. Durante la jornada, Fermín Meléndez expuso con profunda gravedad la crisis de derechos humanos que atraviesan las comunidades autóctonas en el país, acuñando el término de “etnocidio” para describir el desplazamiento sistemático y el olvido forzado al que son sometidos.
“Las graves situaciones que viven las poblaciones originarias y el irrespeto de las costumbres indígenas las cuales protegen la tierra. Manteniendo el respeto a los elementos y a nuestros alimentos producidos desde la tierra son garantía que solo las poblaciones indígenas podemos aportar al cuido y protección”, dijo.
Para las organizaciones convocantes, las tradiciones indígenas no representan meras manifestaciones folclóricas, sino sistemas complejos de gobernanza, soberanía alimentaria y ordenamiento territorial que han demostrado ser la barrera más efectiva contra el cambio climático durante siglos. Al vulnerar, ignorar e ilegalizar estas prácticas comunitarias y de autogobierno, el Estado salvadoreño rompe el tejido social y acelera el deterioro ecosistémico de las pocas zonas boscosas y fluviales que aún se conservan vírgenes en el país.
Los proyectos de la muerte bajo la lupa
La conferencia sirvió para enumerar detalladamente aquellos megaproyectos específicos que avanzan sobre la geografía salvadoreña, amenazando la autonomía comunal y concentrando la riqueza territorial en pocas manos. MILPA y las organizaciones sindicales aliadas señalaron las siguientes intervenciones de alto impacto negativo.
Estos son el Aeropuerto del Pacífico, enclaves residenciales (Health City) en San Alejo, complejos hoteleros El Paraíso en Conchagua, centrales energéticas, Conchagua Power y los circuitos turísticos como Surf City 1 y 2.
Estas obras, lejos de saldar las deudas históricas con las poblaciones empobrecidas, profundizan dinámicas coloniales al integrar al país en las cadenas globales de mercancías, minerales y turismo transnacional, destruyendo los medios de vida nativos.
Con destino a Europa
Para concluir la conferencia, los delegados de MILPA explicaron que, tras haber completado un exhaustivo recorrido de monitoreo e intercambio de resistencias comunitarias entre el 4 de octubre y el 22 de noviembre de 2025, desde los desiertos de Sonora en México hasta Panamá, constataron que el conflicto es continuo en toda Mesoamérica. En todas las latitudes se repiten el militarismo, el despojo corporativo y la persecución estatal.
Por esta razón, anunciaron de manera oficial que una delegación mesoamericana —con una participación protagónica de los liderazgos salvadoreños— se trasladará a Europa del 1 al 22 de junio de 2026. Durante este recorrido internacionalista, sostendrán espacios de diálogo, foros públicos y encuentros bilaterales con movimientos ecologistas, universidades, medios de comunicación libres, colectivos sociales y organismos defensores de los derechos humanos en el viejo continente.
“No viajamos a Europa para promover agendas individuales, disputas personales ni protagonismos políticos”, aclararon en su comunicado.
La misión internacional responde a la urgencia de denunciar ante los centros del poder global —donde residen muchas de las corporaciones transnacionales y organismos financieros que financian estos megaproyectos— la sistemática vulneración de la vida en el Sur Global. Con esto, buscan tejer puentes sólidos de dignidad y solidaridad recíproca, bajo la firme convicción de que la defensa colectiva del planeta y de los ecosistemas no debe poseer fronteras geográficas.
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