Redacción Nacionales
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Una manta elaborada por la Sociedad de Estudiantes de Ingeniería y Arquitectura (SEIAS) de la Universidad de El Salvador (UES) para conmemorar el décimo aniversario de la masacre estudiantil del 30 de julio de 1975 constituye uno de los símbolos históricos que mantienen viva la memoria de las luchas del movimiento universitario salvadoreño.
La manta fue confeccionada por integrantes de SEIAS con motivo de la conmemoración del quincuagésimo primer aniversario de la represión militar que dejó decenas de estudiantes muertos y heridos durante una manifestación universitaria en San Salvador.
Durante los actos conmemorativos, la pieza fue colocada frente a la entrada principal del edificio que en ese momento albergaba la Biblioteca Central de la Universidad de El Salvador. Fotografías de la época también registran que posteriormente fue exhibida en el Auditorio de la Facultad de Derecho, aunque las limitaciones técnicas de las cámaras utilizadas y las condiciones de iluminación impiden apreciar con claridad todos sus detalles.
Una vez concluidas las actividades conmemorativas, la manta quedó bajo resguardo de la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS), organización que históricamente encabezó las principales luchas estudiantiles del país.
Asimismo, recuerda que algunos propusieron que los autores de la obra plasmaran sus nombres en el reverso de la manta para dejar constancia de su creación. Sin embargo, la iniciativa fue descartada debido al clima de persecución política y represión que predominaba en El Salvador durante la década de 1970, cuando la participación en organizaciones estudiantiles podía significar amenazas, capturas o incluso la muerte.
El texto destaca que el anonimato de sus creadores respondió a la necesidad de proteger su integridad en un contexto marcado por la violencia estatal contra el movimiento universitario y las organizaciones sociales.
Más de cinco décadas después de la masacre del 30 de julio de 1975, la manta permanece como un testimonio del compromiso de generaciones de estudiantes con la defensa de la autonomía universitaria, las libertades democráticas y la memoria histórica del país.
El documento concluye con una reflexión que reivindica la permanencia del espíritu universitario y el legado de quienes protagonizaron aquellas jornadas de lucha: «La Universidad que se niega a morir, se niega porque sus hijos la reviven en cada aliento», una frase que resume el significado simbólico de esta pieza para la comunidad universitaria salvadoreña.
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