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Luz y tierra

Mauricio Vallejo Márquez

Escritor y Editor suplemento Tres mil

 

Sabemos que la muerte llegará, pero no la esperamos tan pronto. Pero así es la vida de los seres humanos, un equilibrio donde vivimos a la espera de la muerte. Algunos poetas presagian ese hecho y lo demuestran en sus poemas hablando de esas escenas que acontecera cuando ellos trasciendan. Los poetas de la Generación Olvidada de El Salvador lo demuestran, así con muchos más.

En diciembre compartí con maravillosas personas y poetas en Soconusco, Chiapas gracias a la generosa invitación del poeta Ameht Rivera y Astrid Asturriaga. Conocí a personas honestas y comprometidas con las letras y con  la justicia que participaron el X Festival Mesoamericano de poesía, y el primero internacional fuera de mi tierra en la que yo asistía.

Tenía muchas expectativas por conocer el trabajo de los demás escritores, y quedé asombrado por el buen trabajo que se está desarrollando en Mesoamérica, así como los valores expuestos y la lucha contra la Desaparición forzada, un tema con el que me siento identificado, porque mi papá es un desaparecido político. Me encantó descubrir la solidaridad y el respeto por el trabajo de los demás, y por supuesto compartir con cada una de las personas. Todos son especiales

Después del desayuno del primer día compartí una breve conversación con la poeta Ayari Lüders, que también era actriz, y promotora artística. Hablamos de comida, del origen de su apellido, cosas para romper el silencio mientras esperábamos la programación que íbamos a seguir. Era tan suelta que conversar con ella daba la impresión que nos conocíamos desde hace mucho. Después solo nos vimos en el espacio del transporte a cada lugar del festival, con mucha simpatía. La noté desenvuelta y alegre, una de esas almas con las que es bonito compartir. Existe un video que se compartió en Facebook en el que todos nos vemos cansados o serios, viendo por las ventanas mientras nos movemos de un lugar a otro en un microbús. En cambio ella, iba feliz. Se peinaba y cantaba. Le daba luz a toda la escena. Y así fue durante todo el festival, ella siempre estaba alegre y tenía detalles bonitos.

Ayari Lüder Monsiváis (1988-2019) tenía 30 años y un futuro prometedor. Su poesía está finamente labrada y se observa su alma, y cómo no iba a ser así si ella la escribía con todo su ser. Era intensa como su vida.

El 13 de enero recibimos la trágica noticia de que falleció en su casa de la Ciudad de México producto de una fuga de gas. Me enteré por el grupo de WhatsApp de los asistentes al festival.

Todos nos vimos sorprendidos y no podíamos creer la noticia. No esperamos que falleciera alguno de nosotros, mucho menos a pocos días de separarnos. Fueron tres días de festival, en los que logramos hermanarnos. La muerte de Ayari nos entristeció.

Enero siempre es un mes complicado en el que la mayoría se está ordenando, y ese fue el caso de Ayari, a quien le solicité unos poemas para publicarla. El 11 de enero Ayari me los envió y ahora reproducimos en el Suplemento Tres mil como un humilde homenaje a una poeta que brindó su luz y cariño, dejando cimiento en cada uno de los pasos que dio.

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