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Los pequeños detalles salvan la poesía. Lectura del libro “Poesía no completa” de Wislawa Szymborska

“La vida es una aventura con fecha de caducidad” Wislawa Szymborska

Sergio Inestrosa,

Escritor

Por fin después de muchas semanas de espera, y de haber recibido el mismo libro dos veces con apenas dos días de separación, pues el primero ordenado directamente al Fondo de Cultura Económica aquí en Estados Unidos se perdió en el correo, pero milagrosamente me llegó  después de varias semanas de haberlo dado por perdido; el otro, ordenado directamente de México me llegó apenas ayer (dos días a parte)

El título que hoy presento a la amable consideración del lector es Poesía no completa de la poeta polaca Wislawa Szymborska, quien en 1996 ganó el premio Nobel de Literatura.

Polonia, como bien lo sabemos, ha sido un país que ha sufrido mucho, primero lo ocuparon y desgarraron los nazis y después lo hizo Stalin. Con todo, Polonia es un país que ha dado al mundo notables poetas, entre ellos Czeslaw Milosz (también ganador del Nobel de Literatura en 1980) y Zbigniew Hebert, un destacado poeta que es, desafortunadamente, poco conocido entre nosotros.

Se afirma que Wislawa Szymborska repudió sus dos primeros libros publicados antes de 1957 por considerar que estos estaban demasiado apegados al realismo socialista, sin embargo, a partir de 1957 publicó más de una decena de libros y su voz poética ya no cambió.

Poesía no completa es un libro de 400 páginas publicado por el Fondo de Cultura y tiene una bella introducción de Elena Poniatowska, escrita para esta edición en el 2001. Como sabemos la familia de Poniatowska es de origen polaco, de modo que en México nadie mejor que ella para hacer una presentación de la autora.

En su discurso de recepción del premio Nobel de Literatura Szymborska  dijo: “El poeta de hoy es escéptico e incluso desconfiado… Cuando escribo siempre tengo la sensación de que alguien está detrás de mí haciendo muecas. Por eso huyo, todo lo que puedo, de las grandes palabras”. Y esta misma idea la volvió a repetir en una entrevista concedida al periódico El País (Javier Rodríguez Marcos, 5 de diciembre del 2009, sección Babelia) cuando el periodista le preguntó si había palabras que trataba de evitar, su respuesta fue: Las arcaicas y las grandilocuentes.

Los temas de la poesía de Szymborska recogidos en este libro son, entre otros, el de la memoria, el paso del tiempo, el amor y su contraparte el desamor, el dolor, la belleza, los sueños, los misterios de lo cotidiano; como puede ver el lector el espectro es sumamente amplio y prácticamente lo abarca todo con su poesía.

Su estilo han dicho sus críticos es sutil e intimista, pero a la vez (al menos en la traducción) su poesía tiene un estilo sencillo. Otros de los rasgos notables en la poesía de Szymborska son la ironía y el humor frente al horror de la existencia; recuerde el lector todo el sufrimiento por el que ha tenido que pasar el pueblo polaco.

Szymborska fue una persona que rehuyó la publicidad y las cámaras, y desde su encierro construyó una poesía en la que encontramos una serie de preguntas que son fundamentales, esas que nos hacen temblar de pies a cabeza. Esta poeta explora tanto la sombra como la luz de los seres humanos y su poesía no es de una sola vía; muy por el contrario, es una poesía que busca una salida al dilema de ser actual, salida que, en su caso particular, pasa por la mediación de la palabra poética.

Ella misma ha escrito en uno de sus poemas:

Mis señas personales

son el entusiasmo y la desesperación.

Y en su poema “Asombro”, escrito en 1972, deja ver ese peso luminoso ante la angustia y extrañeza de eso que llamamos vivir:

¿Por qué demasiado una persona?

¿Esta y no otra? ¿Y qué hago yo aquí?

¿Un día que es martes? ¿En casa y no en un nido?

¿En piel y no en una cáscara? ¿Con un rostro y no una hoja?

¿Por qué sólo una vez personalmente?

¿Precisamente en la tierra? ¿Junto a la pequeña estrella?

¿Después de tantas eras de ausencia?

Afirman los que conocen su obra con más detalle que Szymborska pensaba que su poesía no es una respuesta rotunda y definitiva y que por el contrario su respuesta es provisional porque ella pensaba que en última instancia nada es definitivo. A continuación el ejemplo de un poema de ese tenor:

Alma se tiene a veces. 

Nadie la posee sin pausa 

y para siempre. 

Día tras día, 

año tras año 

pueden transcurrir sin ella. 

A veces solo en el arrobo 

y los miedos de la infancia 

anida por más tiempo. 

A veces nada más en el asombro 

de haber envejecido.

En otro de sus poemas (uno de los más conocidos) titulado “Epitafio” escribe:

AQUÍ YACE, COMO LA COMA ANTIUADA,

la autora de algunos versos. Descanso eterno 

tuvo a bien darle la tierra, a pesar que la muerta

con los grupos literarios no se hablaba…

Quiero terminar diciendo que la visión poética de Szymborska tiene el afán de conocer y descifrar ese enigma que es la vida, que se define fundamentalmente como un devenir, un transitar por el mundo. Y que algunas veces, cuando corremos con suerte, entre las grietas de ese transitar se filtra la luz para iluminar nuestra vida.

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