Editorial
De las redes sociales se puede decir mucho, en pro o en contra, se pueden puerilizar o magnificar. El Filósofo, lingüista, politólogo y activista estadounidense, Noam Chomsky, ha sido uno de los más críticos de las redes sociales.
Chomsky, en su libro “Fabricando Consentimiento”, expresa: “En un estado militar, o en uno feudal, o en lo que hoy llamaríamos un estado totalitario, da igual mucho lo que piense la gente, porque tenés un garrote sobre sus cabezas y podés controlar lo que hacen. Pero cuando el estado pierde el garrote, cuando no podés controlar a la gente por la fuerza, y cuando la voz del pueblo se puede escuchar, tenés este problema; puede que la gente se vuelva tan curiosa y arrogante que no tenga la humildad de someterse a una regla civil, y por lo tanto tenés que controlar lo que la gente piensa…”.
Y agrega: “Y la forma estándar de hacer esto es recurrir a lo que en tiempos más honestos se llamaba propaganda, fabricación de consentimiento, creación de ilusiones necesarias, varias maneras de marginar al público en general, o de reducirlos a la apatía”. El subrayado es nuestro.
En El Salvador, nadie duda que la forma extraordinaria de como Nayib Bukele ha hecho uso de las redes sociales para sus propósitos: manipular la opinión pública mediante la “creación de ilusiones”.
Los salvadoreños, en una primera etapa del gobierno constitucional de Bukele, se dejó arrastrar por la imagen mesiánica de Bukele, con la “ilusión” o la esperanza de que él sí podía resolver los problemas que no pudieron resolver “los mismos de siempre”, una frase repetida una y otra vez, como principio de la propaganda que de tanta repetición la gente la asimila como verdad.
Y, así, una gran cantidad de frases propagandísticas pegajosas, como “El dinero alcanza cuando nadie roba”, que mil veces repetida, la opinión pública la aceptó como realidad, y, por tanto, incapaz de preocuparse ni una pizca del por qué el gobierno de Bukele tiene todo en reserva, sin transparencia, por qué semana tras semana endeuda el país, de tal suerte que, hasta la fecha, en siete años, Bukele ha endeudado al país en más de 14 mil millones de dólares.
Bukele ha utilizado las redes sociales, como un instrumento para manipular el pensamiento de la opinión pública, para crear ilusiones, además de odio contra la oposición.
El único resultado real de este gobierno ha sido en el tema de la seguridad, con respecto a las pandillas, pero lo está utilizando para generar esperanza en la ciudadanía, propagandísticamente hablando, de que, así como ha resuelto el tema de las pandillas, podrá resolver los otros problemas de los salvadoreños, lo cual, es más que discurso, pue, los problemas estructurales de los pueblos se resuelven con políticas públicas, y estas no existen.
La oposición política y social está rezagada en su narrativa, pero nunca es tarde, y, alejando de la crítica de las redes sociales, debe pensarlas como un instrumento que le sirva para informar, concienciar y organizar a los salvadoreños, para sacarlos de esa gran nube de ilusiones creadas por el bukelismo mediante las frases hechas, el encementado de áreas estratégicas y las luces LED.
Retomando lo que planteaba Lenin en 1902, en su obra “¿Qué hacer?, con respecto a la prensa”, cuando decía que esta cumplía un papel estratégico fundamental: “agitador y propagandista colectivo, y sobre todo, el organizador colectivo·.
Y si nos hacemos la misma pregunta de Lenin, en cuanto a las redes sociales, la oposición debe responder que deben ser utilizadas para difundir, denunciar, concienciar y organizar. Esta debe ser la tarea, pero de forma sistemática, articulada, y no atomizada como la entiende la oposición política y social.
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