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Las penurias por la falta del agua potable

Carlos Girón S.

Se estimó en aproximadamente un millón de personas en el gran San Salvador las que fuimos afectadas por la interrupción del suministro del agua potable, por parte de ANDA, durante más de una semana.

No se sabe a ciencia cierta cuál fue la verdadera causa de los problemas en las tuberías madres en la planta de Nejapa, según se dijo, mencionándose que habían sido objeto de un atentado que puede llamarse criminal por las penurias que ocasionaron a la población comprendida en la zona que se abastece de dicha fuente de Nejapa.

Lo que se pudo apreciar es que prontamente, tanto la misma ANDA, como varios ministerios y otras dependencias gubernamentales, establecieron un sistema de emergencia para llevar en pipas el vital líquido a los habitantes de los distintos barrios y colonias capitalinas y circunvecinos. A las embotelladoras del agua potable les vino de perlas esa escasez a gran escala del agua potable con el sacrificio del bolsillo de muchas familias al comprarla cara en supermercados y camiones repartidores.

Bueno, eso con la gente que pudo comprarla, ¿y la que no? A padecer sed, reseca la garganta, o armarse de paciencia para ir a hacer fila con sus cántaros para que se los llenaran de las pipas. Y, a propósito, no se sabe ni se informó nada a cerca de que las embotelladoras anduvieran dando gratis entre los habitantes garrafas o siquiera garrafitas de las que andan vendiendo en todo el país.

Como la falta del agua duró más de una semana, por la falta de aseo e higiene, muchas personas, especialmente niños, podrían haberse enfermado. Pero, sin duda el Ministerio de Salud también tomó las providencias del caso para que los hospitales atendieran prontamente a los pacientes que llegaran.

Sabemos que la gente puede aguantar hambre por varios días, pero no padecer la falta de agua, por la sed y la pronta deshidratación que viene, con los consiguientes efectos: baja sensible de los signos vitales dado que, como ya se sabe, el cuerpo humano está compuesto de más de un 75% de agua.

Por otro lado, debe reconocerse que ANDA ha venido trabajando arduamente no solo manteniendo en buen estado las redes de distribución, sino también perforando pozos en muchos lugares del país para suministrar el líquido vital a la población. Y hay que ver también que ello ha sido una previsión sabia ante el crecimiento constante y en considerables niveles de la población que cada vez requiere de nuevos servicios. Las compañías envasadoras del agua se benefician (lucran) de esos proyectos realizados por el Gobierno. Por su lado, las empresas constructoras de grandes proyectos habitacionales, de condominios y locales para oficinas y comercios deberían acercarse a ANDA y darle alguna ayuda económica. Asimismo, podrían emprender proyectos para la desalinización del agua del mar y transformarla en potable. La ONU o/y el Banco Mundial seguramente podrían conceder préstamos en condiciones favorables para ese propósito. Sería un valioso aporte de dichas empresas constructoras, no para el Gobierno –que hace su parte, y la mayor— sino para el país, para la población.

Pero, incuestionablemente, el mayor y principal aporte debería ser imperativamente el de los diputados de la actual Asamblea Legislativa, aprobando el proyecto de la Ley General de Agua –que tienen malévolamente engavetado desde hace más de una década— que ya llevaba más de 90 artículos aprobados, pero que perversamente prefirieron tirarlo a la basura, dando con ello una bofetada al rostro del pueblo, que es el que pide esa ley para tener garantizado el suministro del vital líquido. De manera inhumana los diputados derechistas y antipatrióticos que han integrado las anteriores y la presente legislatura están velando únicamente por los intereses de las embotelladoras, en detrimento de los del pueblo. Por eso, este se mantiene a la expectativa del próximo movimiento de manos de los “esos padrastros de la Patria, para ver las acciones que lo obligarán a emprender -que no son muy halagadoras que se diga.

Se ha dicho que la Asamblea está pensando volver a iniciar debates sobre este asunto después de las elecciones presidenciales de febrero de 2019. No se sabe cuál podría ser la razón poderosa para ese compás de espera, que no lo necesita, pues se trata de una cuestión de carácter eminentemente humanista.

¿Cuál será el pensar de esos diputados? Si gana un candidato o el otro, ¿qué pitos tienen ellos que ver en el asunto? El pueblo es el pueblo, como el país es el país mismo, que es permanente, tiene siempre continuidad histórica e institucional. Los gobernantes –buenos o malos- son pasajeros, pero el pueblo necesita progresar, prosperar y disfrutar de paz y bienestar. Que no ignoren eso los padrastros.

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