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La Revolución mexicana de 1910

Javier José 

Rodríguez Vallejo,

historiador

Para conocer la historia y el proceso histórico de la Revolución mexicana de 1910, es indispensable leer los libros de Mariano Azuela, fue un doctor que participo activamente en dicha revuelta, sus vivencias fueron narradas en primera persona, mismas que recrean la atmosfera fotográfica en blanco y negro sobre las injusticias de principios del siglo XX.

El doctor Azuela escribe una biografía novelada sobre Fco. I. Madero, en unos de los párrafos expresa los ideales del llamado “Apóstol de la Democracia”, y el fragmento dice así:

“Oiga, don Pancho —lo interrumpió el más viejo—, usted es medido, gasta poco, tiene más de medio millón de pesos. ¿Para qué diablos quiere más dinero? (…) Quiero más, sí, quiero por ejemplo que por donde corra el río Nazas no haya ser humano que pueda decir: tengo hambre, tengo frío”.

En el Archivo Municipal de Saltillo está el facsímil con los detalles de filiación de Madero con fecha del 22 de octubre de 1910, cuando era perseguido por el régimen porfirista, ahí el Apóstol de la Democracia contaba con 37 años, de estado civil casado y agricultor de profesión, 1.63 metros de estatura, ojos cafés, frente ancha, cejas espesas, nariz roma, vestía traje de casimir y usa barba recortada.

Madero fue un burgués de abolengo, se distinguió por ser un hombre polifacético, en el año de 1908 cuando el Porfirismo estaba en su mayor represión surge un hombre chaparrito intelectual, estudiado al estilo de los ilustrados franceses, su nombre no era reconocido en la política, pero su libro “La sucesión presidencial en 1910”, era una obra rebelde que atacaba a Don Porfirio Díaz, criticaba sus reelecciones.

Madero soñaba con una verdadera transformación para los mexicanos, estaba consciente de las mafias políticas que imperaban en los gobiernos porfiristas, por esa razón funda un partido político antirreeleccionista y se postuló como candidato a presidente de México.

Estando en campaña es encarcelado, pasa un tiempo en prisión y al ver que la legalidad no iba a prosperar, huye de la cárcel y proclama el Plan de San Luis, convocando al pueblo a levantarse en armas el 20 de noviembre de 1910, era un plan que desconocía a Porfirio Díaz como primer magistrado de la nación.

Madero confiaba en sus ideas filantrópicas, por tal motivo emprendió una campaña contra el dictador, en ella se agruparon rancheros, campesinos, obreros y la juventud intelectual encabezada por José Vasconcelos. De hecho, Madero mantenía una estrecha correspondencia con amigos y seguidores, se ganaba su confianza y poseía un carisma electrizante.

En la Revolución había caudillos que conquistaron los sueños del pueblo mexicano, uno de ellos fue el famoso “Centauro del Norte”, me refiero al señor Pancho Villa, quien le profesaba lealtad a la amistad que mantenía con Madero.

Madero le expresó al fiero diversos consejos porque éste era una analfabeta, fue siempre un hombre errante, disfrutaba robarles a los ricos y ayudar a los pobres, como un protagonista de los cuentos se le conocía. Sin embargo, sus palabras tuvieron eco, en una de sus tantas charlas le dice lo siguiente:

“Pancho Villa —le dijo echándole un brazo a la espalda—, tú vales más de lo que te imaginas. Deja esas pobres aventuras y conságrate a la defensa de los desheredados y de los injustamente perseguidos y tu nombre será famoso en el mundo. Hondamente conmovido, Villa lo abrazó sin poder responder una palabra”.

Madero encarnaba los ideales de José María Morelos y el temple de Benito Juárez, dos figuras de la historia que ayudaron verdaderamente a transformar al país, a formar su espíritu combativo que ayudaría a derrocar la figura mítica del general Porfirio Díaz.

La Revolución de Francisco I. Madero es una página de la historia difícil de comprender a primera lectura, la misma investigación te va llevando a nuevos datos y es una historia sin final cuyo reto sería escribir una biografía completa.

Madero fue un luchador entusiasta, poseía un corazón noble, sus últimos días fueron de tragedia, fue traicionado por Victoriano Huerta y el embajador norteamericano Henry Lane Wilson, ambos traidores conspiraron en su contra. Fueron los actores intelectuales de su brutal asesinato, murió a espaldas de la penitenciaría de Lecumberri en la Ciudad de México, le dieron dos balazos en la cabeza.

La obra de Mariano Azuela y el ejemplo político de Madero siguen vigentes, ambos lucharon contra la injusticia, es importante hoy que los jóvenes asuman compromisos con la lectura histórica y con la vida misma, los tiempos no son los mismos, “ya nada es igual”, vivimos momentos bélicos y de ruptura, hoy es el momento de los jóvenes, por tal razón es necesario hacer un alto y reflexionar con el compromiso y los ideales que soñamos alcanzar.

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