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La paz es el camino, se gana y se defiende por los pueblos

Licda. Norma Guevara de Ramirios
@guevara_tuiter

Cuando llegamos a un cuarto de siglo de haber conquistado la paz para nuestra querida patria, mediante acuerdos políticos,  cuando  en Colombia se vive un complicado proceso que busca dejar atrás medio siglo de guerra agravada por los despojos de tierra y el desplazamiento de más de seis millones de personas, asoma de nuevo la amenaza militar en nuestro continente. De manera velada, el gobernante de EE.UU, anuncia que también contempla la opción militar contra Venezuela.

La amenaza aparece cuando la lucha del pueblo venezolano ha derrotado uno a uno los intentos de derrocar al Presidente Nicolás Maduro, electo por el pueblo en un proceso transparente; cuando han fracaso los intentos de provocar insurrecciones populares y levantamientos militares y todos esos fracasos de la aplicación intensa, de la estrategia descrita como “golpes suaves”; demuestra que cada vez es más difícil sojuzgar a pueblos con convicciones revolucionarias.

Las agresiones militares y los golpes de Estado son viejos recursos utilizados para violentar la voluntad de los pueblos; para apoderarse de recursos, para  utilizar a los Estados y sus instituciones como gendarmes de otros gobiernos o de grupos empresariales. Los efectos  de una agresión militar, de un golpe de Estado y de otros procesos utilizados para desestabilizar a gobiernos progresistas y revolucionarios son dañinos para la vida de las naciones; por eso, al advertir los riesgos, es un deber político y ético luchar para evitarlos.

América Latina ha vivido las intervenciones, el socavamiento de gobiernos, y los golpes apadrinados por fuerzas externas: Guatemala, Bolivia, República Dominicana, Nicaragua, Uruguay, Chile, Argentina, Honduras, Paraguay y Brasil, entre otros. Siempre esos actos injerencistas han contado con aliados internos; pero la secuela de los mismos marca la vida de modo dramático, incluso en ocasiones, para los sirvientes  de las fuerzas externas.

América Latina en el último cuarto de siglo ha cambiado, abrió paso a lo que creímos una era de paz y de lucha por la paz; de democracia y de lucha por la democracia; las fuerzas de izquierda y progresistas, con la voluntad popular han ganado el derecho de gobernar y de poner en marcha procesos de transformación, en unos países incluso cambiaron de manera profunda su pacto social y cuentan ahora con Constituciones de avanzada, con sistemas electorales e instituciones renovadas.

Ese es el caso de Venezuela, de Bolivia, de Ecuador, de Nicaragua. Sus marcos constitucionales se reformaron y contemplan mecanismos de empoderamiento y participación popular más allá de pronunciarse en un día de elecciones. Por eso, en Venezuela, cuando la Asamblea Nacional fue dominada por una coalición de más de 20 partidos políticos y con ello creyó que podía modificar todo el entramado institucional, se encontraron con la circunstancia de que hay más contrapesos que los clásicos tres poderes u órganos de gobiernos ejecutivo, legislativo y judicial; la Constitución venezolana da al pueblo mucho poder y de esos recursos contemplados en su norma fundamental es que aparece  la Asamblea Constituyente.

Las amenazas de una intervención, es un abuso, es un irrespeto a la soberanía popular de cada una de nuestras naciones; y hecha esa amenaza sobre una sola de ellas, conlleva un mensaje  prepotente, es la exhibición del “garrote” y es el olvido que la historia registra fracasos de esas estrategias en diferentes países del mundo.

A los salvadoreños y salvadoreñas con memoria nos provoca el recuerdo de haber vivido nuestra rebelión contra la dictadura militar, con el apoyo de los gobiernos de EE.UU, a la dictadura, apoyo en dinero, armas, entrenamiento, presencia en “asesoría” y en bases militares vecinas, de haber vivido el escalamiento, y todo eso, vivido a la par del apoyo del  pueblo estadounidense, de la solidaridad de pueblos de todo el mundo y de haber vivido esa época con la seguridad de que nuestra lucha era justa y  venceríamos. Y seguramente así lo vivieron otros pueblos cuando se intentó sojuzgarles.

Es hora de unir voces a favor de la paz en Venezuela; de desenmascarar ante los segmentos de población susceptibles a creer las mentiras que proyecta la propaganda  a través de los medios de comunicación, propiedad de las oligarquías y los bloques imperialistas. El pueblo venezolano lucha  por defender la paz; la elección de la Asamblea Constituyente tiene ese propósito; debe saber ese pueblo hermano que estamos a su lado y que deseamos que sigan venciendo y defendiendo el derecho a decidir ellos su propio destino.

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