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La navidad en las manos de los artesanos

Javier Alvarenga,

Escritor y fotógrafo

Diciembre nace con brisa fresca sobre San Salvador, clima que rompe con todo lo rutinario del año, los arboles bailan rítmicamente a cada chiflido que desciende de las cumbres del Boqueron, la humedad crea mañanas mágicas que vuelve más especial, al último mes del año, en el que se pone de manifiesto, la alegría de los pobladores envueltos en sus fiestas llenas de tradición.

Entre ese crear y recrear idiosincrásico, surge la creatividad del artesano salvadoreño; él, que toma, los elementos básicos de la naturaleza, para transformarlos en hermosas piezas de arte popular, que sirven a su vez, para construir y personificar a seres mitológicos de nuestra tradición cuscatleca.

De esa arcilla dorada, de esas adecuadas cantidades de agua, de esas sabias manos inculcadas en conocimientos heredados de generación en generación, aparece un bien elaborado “Cipitío” de sombrero ancho, de vestiduras blancas, de panza regordeta, con su tecomate a cuesta, para recordarnos, que, entre las creencias impuestas, nuestros personajes míticos se niegan a desaparecer.

Es así, como entre los pesebres que surgen cargados de religiosidad, no es difícil observar a nuestros más míticos personajes, habitar entre santos y ángeles, entre los reyes magos, camina la Siguanaba, con sus pechos al aire y sus cabellos revueltos; el padre sin cabeza observa desde la distancia donde reposa el niño, a un costado, las campesinas caminan, el borracho festeja, y las gallinas cacarean.

Todo se mezcla y todo se complementa, uno necesita de otro para subsistir en el acervo de creencias que nos conforma, pero lo que cabe, por destacar, es el hermoso universo colorido, creado por nuestros más sabios artesanos, que diciembre a diciembre nacen bajo el soplo fresco de fin de año, en San Salvador esos días no nieva, pero la zafra cubre nuestras calles, recordando que ya es navidad.

 

 

 

 

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