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La izquierda vuelve a despertar en Suramérica

El arrollador triunfo del Movimiento Al Socialismo (MAS) en Bolivia, en las elecciones generales del domingo pasado, no solo es una afirmación que el MAS hizo bastante bien las cosas en Bolivia, y que el golpe de Estado a Evo Morales fue eso, precisamente, pero además, que todavía hay confianza en la izquierda, en el socialismo, pese al descrédito al que fue sometido en América Latina, por malas actuaciones de algunos de sus representantes en el Gobierno, pero, fundamentalmente, por una campaña finamente y burdamente montada por la derecha, para recuperar el poder bajo los auspicios, sin lugar a dudas, del imperialismo.

El único pecado de Evo Morales fue acudir a la Asamblea Legislativa, dominada por la izquierda, para modificar la Constitución y así poder aspirar a una cuarta candidatura, la cual, por supuesto ganó, pero hizo fraguar un golpe de Estado, con la utilización de las Fuerzas Armadas Bolivianas, por parte de la ultraderecha boliviana asentada en Santa Cruz, su feudo, y, por supuesto, la Embajada de los Estados Unidos, además de su principal instrumento político regional, la OEA, que se hizo siempre del ojo pacho.

El 21 de octubre de 2008, Evo Morales cometió el error de modificar la Constitución para reelegirse en un cuarto mandato. Esta acción, pese al buen Gobierno que hizo Evo y el MAS en Bolivia, fue rechazada por diferentes segmentos de la izquierda en América Latina, y le dio a las derechas continentales y al imperio la fuerza para sembrar la cizaña de que la izquierda utiliza las leyes y su amplio respaldo, para modificar las constituciones y así hacerse del poder de forma permanente y convertirse en dictadores, lo “que va en contra de la democracia”. Así, tras el cuarto triunfo arrollador de Evo Morales, el imperio instrumentalizó a la Organización de Estados Americanos (OEA), quien, sin mayor desfachatez, bajo la conducción del alfil del imperio Almagro, realizó un informe, sin mayores pruebas, que en Bolivia Evo había ganado con fraude. Por cierto, el cuarto triunfo de Evo fue con apenas un par de puntos que el triunfo de Luis Arce, el domingo pasado.

El informe de la OEA fue el ardid “legal” para que la derecha boliviana, aliada con la Fuerza Armada y la Embajada de Estados Unidos en Bolivia, y con la complicidad de Luis Almagro y la OEA, dieran el golpe de Estado a Morales y se colocó a un Gobierno de Facto. El 10 de noviembre de 2019, Evo Morales es obligado a renunciar “tras una petición” del alto mando militar, luego de 21 días de sendas protestas de la derecha en diferentes puntos del país, incluida la capital. Y un día después, asume la presidencia de facto, la senadora Jeanine Áñez.

El golpe a Evo fue volver al pasado con la utilización de las Fuerzas Armadas, luego de experimentar el método de “golpes suaves” o encubiertos, aplicados a Lula y Dilma Rousseff, en Brasil, utilizando a los jueces y cualquier “leguleyada”, pero antes recurrieron al desprestigio a través de la prensa de derecha nacional e internacional. Lo mismo sucedió a Cristina Fernández en Argentina. En ambos países retornaron al poder gobiernos de derecha y populista, que pronto echaron abajo todos los programas sociales que los dirigentes de izquierda habían establecido.

La derecha, con la utilización de sus medios, y el aprovechamiento de las redes sociales, siguieron en su línea de desprestigio de los dirigentes de izquierda, muchas veces con medias verdades y, otras, con mentiras burdas, pero con la técnica de la repetición se volvieron “verdades incuestionables”.

El triunfo de los peronistas Alberto Fernández y Cristina Fernández en Argentina, en octubre de 2019, era buena señal para la izquierda en Suramérica, y que hoy se reafirma con el triunfo del MAS en Bolivia, bajo el liderazgo de Luis Arce.

Esperamos que tanto los Fernández en Argentina, como Arce en Bolivia, hagan un buen desempeño que no solo garantice la confianza a sus conciudadanos, sino que emanen buenas vibras para la izquierda en América Latina.

Esperemos, también, que esos triunfos le den confianza a los venezolanos para volcarse a las urnas en noviembre y darle el triunfo a Maduro y que en Ecuador, nuevamente, la izquierda le de su confianza a sus liderazgos y saquen democráticamente al traidor de Lenin Moreno.

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