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La detención de Julián Assange

Iosu Perales

Cuando la presidencia de Ecuador, abrió las puertas de su embajada en Londres e invitó a la policía británica a entrar y arrestar a Julián Assange, cometió un grave atentado a la libertad, mostrando con ello servilismo a Estados Unidos que ha pedido su extradición. Inmediatamente las redes sociales se llenaron de la palabra traidor, para juzgar la decisión de Lenin Moreno; pero yo pensé de inmediato que en realidad se trata de un infiltrado. Lenin Moreno se incorporó a la revolución ciudadana liderada por Rafael Correa, con el objetivo predeterminado de destruirla. Durante unos años mantuvo una presencia discreta en las estructuras de la revolución a la espera de su momento. De inmediato que obtuvo el poder presidencial, procedió a perseguir a Correa y a sumarse al carro de los países que combaten la revolución bolivariana.

Para tratar de justificar su execrable orden, ha fabricado un relato según el cual Assange, estaba poco más o menos que violando las normas de la embajada, espiándola e incumpliendo las treinta y dos condiciones especiales que le fueron impuestas desde Quito. Nada de eso le parece creíble al juez español Baltasar Garzón, que ha dicho: “No es cierto el incumplimiento por parte de Julián Assange de las medidas del protocolo de convivencia”, ha señalado el juez, quien ha añadido que el presidente Moreno ha mentido. Es claro que una historia tenía que inventar, para permitir que la policía británica mancillara suelo ecuatoriano y detuviera a quien ha sido durante sus siete años de encierro, en una pequeña habitación un icono de la lucha contra los poderosos de la tierra.

El grave pecado de Assange, no ha sido otro que poner al descubierto documentos secretos proporcionados por la exanalista militar norteamericana Chelsea Manning, a Wikileaks, la organización del periodista australiano. Los documentos desvelan acciones norteamericanas en Afganistán e Irak contra poblaciones civiles. Manning, que fue indultada por Barack Obama, está de nuevo en la cárcel por no querer testificar contra Wikileaks y Assange. La publicación de Los Papeles de Irak, de los Los Papeles de Afganistán y de Los Papeles del Departamento de Estado (o Cablegate), a lo largo de 2010, convirtió a Wikileaks en la marca global del nuevo periodismo de denuncia.

El robo de documentos de la soldado y su publicación permitió desvelar los excesos, torturas y asesinatos sumarios de militares norteamericanos en la Guerra del Golfo y luego en Afganistán e Irak. En sus primeros diez años, Wikileaks sacó a la luz 490.000 documentos clasificados de las actividades bélicas de Estados Unidos, entre ellas el ataque desde el aire a varios reporteros de la agencia Reuters, por pilotos que los remataron. Fue en ese momento que Estados Unidos, declaró a Assange enemigo de su seguridad nacional. Pero la red de transparencia publicó además las fiestas salvajes de Silvio Berlusconi y las grabaciones hechas a Nicolás Sarkozy y Ángela Merkel.

De modo que Assange y su organización, llevaba muchos años desvelando violaciones de derechos humanos y corrupciones en instituciones y de personajes con poder, así que difícilmente iba a quedar indemne. Creó Wikileaks en el año 2006, con la intención de utilizar las potencialidades que ofrece la tecnología y las redes para denunciar y exponer las conductas de los corruptos. Su éxito consistió en construir una plataforma, en la que los denunciantes pudieran filtrar documentos de manera anónima sin que se les pudiera seguir el rastro. Convertido en azote de políticos, también de Lenin Moreno, de quien publicó hechos de corrupción que alcanzan a su familia, tenía que llegar su detención. Se veía venir. El gobierno de Lenin Moreno, le cortó sus comunicaciones con el exterior y le impidió recibir visitas, excepto las de sus abogados. El cerco era cada vez mayor y se cerró con las treinta y dos condiciones que debía cumplir, para vivir en veinte metros cuadrados. Su supuesto incumplimiento es la cobertura ecuatoriana, para invitar a la policía británica a que procediera a su detención.

Julián Assange ha de esperar juicio en Londres y es previsible que deba cumplir un tiempo de cárcel, por incumplimiento en 2012 de las condiciones que dieron lugar a su libertad provisional, cuando el Tribunal Supremo, investigaba las acusaciones de abuso sexual contra él interpuestas por Suecia. Después tendrá que verse si procede o no la extradición que solicita Estados Unidos. Opción esta última a la que se niega el líder laborista Jeremí Corbyn, quien analiza la detención como un golpe a las libertades y a la transparencia. Además Corbyn, teme que en Estados Unidos, se violenten sus derechos. Por otra parte, al parecer, Ecuador y Reino Unido habrían llegado al acuerdo de no extraditarlo a un país donde esté vigente la pena de muerte. Pero este es un acuerdo que podría quedar disuelto con el paso del tiempo.

De toda esta historia cabe extraer al menos dos conclusiones. La primera es que mientras Rafael Correa fue presidente, Assange estuvo a salvo del apetito norteamericano de llevárselo para imponerle una condena ejemplar, tal vez la pena de muerte. En segundo lugar, se trata exactamente de eso: del afán norteamericano en dejar claro que sus incursiones violentas, salvajes, en el campo internacional (Wikileaks publicó 400.000 documentos secretos sobre la guerra de Irak y 250.000 cables diplomáticos provenientes del Departamento de Estado de EE. UU.) no pueden ser publicadas y han de permanecer ocultas al gran público. Tal vez Trump esté pensando en la importancia de impedir que sus intervenciones de antes, de ahora y de mañana en Venezuela, queden al descubierto.

En todo caso a Julián Assange le espera otro infierno. Estados Unidos no dejará escapar a su presa. Hasta ahora no ha desvelado los cargos de sus tribunales contra el fundador de Wikileaks, algo que resulta inquietante. Por otra parte la acusación de abuso sexual, supuestamente cometido en Suecia, actualmente es caso cerrado pero bien puede reabrirse. Sobre este caso sí me gustaría que Julián Assange, declare y afronte lo que tenga que afrontar ante un tribunal sueco independiente. Cada cosa en su sitio.

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