Caralvá
Intimissimun
Gaceta del Salvador en la República de Centro-América
San Salvador noviembre 9 de 1848
Legación de los EE. UU en la América Central
El Sr. Cónsul de Estados Unidos M.E. Geo Squier residente en Nicaragua, ha remitido sus poderes al Gobierno del Salvador par ser reconocido en su carácter diplomático y fue en el acto admitido por nuestro Gobierno abriendo con dicho Cónsul las más francas y sinceras relaciones. – El Sr. Squier deseaba presentarse personalmente; pero en atenciones en Nicaragua y la necesidad de abrir prontas relaciones a causa de los últimos avances de los ingleses, lo obliga a mandar sus credenciales con un comisionado. – Sin embargo, ofrece venir en persona tan luego como se lo permitan los graves negocios de que ahora está ocupado y entonces tendremos el placer de recibirlo con todas las muestras de aprecio que nos merecen la gran nación a quién representa. – También manifiesta la buena disposición de su gobierno en favor de estos Estados. – Sus principios políticos están en su mayor parte consignados en la siguiente nota oficial que dirigió al Gobierno de Costa Rica la cual se inserta a continuación.
COMUNICACIÓN
Que el Excelentísimo Sr. E. Geo Squier ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Norte-América en Nicaragua, dirigió al Supremo Gobierno de Costa Rica el 1 de octubre último, impresa en León por unos nicaragüenses, y reimpresa por unos salvadoreños como un débil testimonio de sus simpatías con la ilustrada República del Norte, y de su adhesión al principio de no permitir en el continente americano la intervención de las monarquías europeas.
(Fragmento)
Legación de los Estados Unidos en Centro-América
León Nicaragua, octubre 1 de 1849
A su excelencia el ministro de relaciones extranjeras de la República de Costa Rica.
Tengo la honra de acusar a U. recibo de su comunicación del 20 en que manifiesta los profundos sentimientos de su gobierno, de que yo haya juzgado conveniente, en cumplimiento de mis deberes, pedir una información definida sobre ciertos puntos de alto interés para el mío, y de los cuales es necesario tener conocimiento para que me sirvan de guía en mis relaciones oficiales de en Costa Rica y los demás Estados de Centro-América; y en la que también se queja de que yo haya considerado propio pedir tal información antes de haber primero presentado formalmente mis credenciales.
Será totalmente posible Sr. que yo no haya cumplido plenamente con todas las formas que el gobierno de Costa Rica haya crecido convenientes, o necesario adoptar para dirigir sus relaciones diplomáticas. Sobre estos puntos quiero bien conceder que su Excelencia, por su grande experiencia, esa ampliamente competente para darme instrucciones. – había supuesto que el reconocimiento de mi carácter oficial contenido en su nota de julio último, fuese garantía suficiente para que continuase la correspondencia ya establecida, y que el conocimiento tácito de que yo presentaría personalmente mis credenciales, tan pronto como se pudiera, por no sujetarlos a las contingencias de la vía de conducción ordinaria, sería todo lo que era requerido para ponerme en todas las relaciones necesarias con un gobierno tan amigable como el de Costa Rica; pero me había equivocado al suponer que su gobierno tenía ideas de cortesía tan liberales.- Yo no pretendo decir que las precaución que él ha considerado conveniente manifestar, no solamente sea propia, sino necesaria en todos los casos en que haya lugar de dudar de los poderes, o de la identidad del oficial público que reclama su atención pero U. no pretenderá Sr. que en este caso existiera el más leve motivo de duda; y por consiguiente la importancia que U. ha dado a una mera materia de forma, debe interpretarse en oposición directa a los amistosos sentimientos y altos miramientos que en otra parte a expresado. – Con todo el respeto debido a su Excelencia, séame lícito decir, que éste es puramente un punto técnico, sobre el cual no es esencial, ni a los derechos o dignidad de mi gobierno, ni a mí, prestar más atención. – En puntos de etiqueta y forma los Estados Unidos y sus representantes podrán ceder a Estados más antiguos, y a los emuladores y comitivas de los costes; pero en todo aquellos que es esencial, justo y propio en su trato con las más débil o la más fuerte de las naciones, nunca se hallarán defectuosos.
Hay otras partes de su comunicación que parecen poner en duda el derecho que los Representantes de potencias soberanas, tiene de pedir informaciones auténticas sobre puntos de interés a sus gobiernos respectivos; derecho que indudablemente tienen tales Representantes, y demasiado evidente par necesitar el apoyo de argumentos. Este derecho pude referirse a cuestiones de hecho, o a medidas de política. También es indudablemente verdad que los gobiernos a quienes se dirigen estos inquisidores, pueden a su discreción satisfacer a sus preguntas, o rehusarse a responderlas, dejándolos libres para inferir lo que quieran por su conducta.
Luego no considero necesario entrar en explicaciones algunas sobre los motivos u objetos que yo tuve para hacer las preguntas que contiene mi nota de 13 de agosto último, por haber U. directa o indirectamente puesto en cuestión mi derecho de hacerlas. – No obstante, como política de los Estados Unidos están sincera y franca, como firme y decidida, y deseoso que Costa Rica no tenga motivo ninguno de queja real o imaginaria, no vacilo en dar explicaciones que lo convencerán, de que por categóricas que hayan sido mis preguntas, no fueron dictadas por sentimientos no amigables, sino con el propósito de ponernos en estado de dirigir justamente y de una manera que no contraríe los derechos de ninguno de los Estados de Centro-América, negociaciones de una inmensa importancia no solo a los Estados Unidos y estos Estados, sino al mundo entero y así mismos para poder corregir impresiones que en Washington van tomando fuerza, y las cuales deben seriamente afectar la posición y los intereses de Costa Rica, si se dejan pasar sin enmienda.
No debe ignorar el gobierno de Costa Rica que recientemente se han tomado medidas decididas para asegurar la apertura del canal marítimo, por este istmo, obra que había de ser fundada sobre principios tan abiertos y liberales, como aquellos que asegurasen su constante duración, y la volviesen en utilidad y provecho del género humano. – A estos fines mi gobierno ha dirigido su particular atención, y estos están comprendidos entre los más importantes de mi misión a Centro-América para la prosecución de ellos, U. debe bien concebir, cuan importante es para mi gobierno, que yo no este equivocado respecto a los derechos territoriales y otros de Centro-América, ni que yo consienta extraviarme por exparte relaciones. Y presumo Sr. que U. no ha de pretender que los límites de Costa Rica sean también señalados, que pudiesen poner obstáculo a que se dé una respuesta atenta a cualquiera cuestión, que viniendo de algún origen respetable, lo toque, ya sea este diplomático u otro. – Tal modo de proceder, mas que ninguna otra cosa, causaría sospecha sobre cualesquiera pretensiones que en lo futuro se hiciesen; y cualesquiera reclamos que después siguiesen sobre infracción de derechos territoriales, no merecerían consideración alguna.
Trataré ahora de materias de más importancia, de las que deseo hablar con la seriedad e interés que demandan, y en un sentido tan amigable como lo es el de las relaciones que existen entre los Estados Unidos y Costa Rica. – No puede U, ignorar que por algún tiempo han corrido rumores no tan solo en Centro-América, sino en los Estados Unidos y en Europa, que el actual gobierno de Costa Rica tenía la intención de poner esa república bajo la protección de una grande potencia monárquica europea; este rumor importante en cuanto a que en vuelve un principio, no dejó de penetrarse por el gobierno de los Estados Unidos; pero no era de creerse que, por un procedimiento tan directamente en contravención con todo el espíritu y la tendencia de las instituciones republicanas se tomase seriamente en consideración por cualquiera Estado que merezca el nombre, o respete las instituciones de una república; y mucho menos podría creerse, después de la explícita negativa de que Costa Rica tuviese intención hecha en octubre 1848 por el Sr. Molina ministro de esa república acerca del gobierno de la Gran Bretaña, al Sr. Bancrof, ministro de los Estados Unidos cerca de mismo gobierno. – Se le intimó entonces al Sr. Molina que los Estados Unidos no presenciarían con indiferencia un procedimiento de parte de cualquier república americana, lo cual se decía era el que meditaba Costa Rica. – Las razones en que los Estados Unidos basan sus intereses son sumamente simples y justas. El principio fundamental por el cual lo pueblos del continente americano arrojaron el dominio europeo, y proclamaron su libre y separada existencia, fue aquel de la exclusión de la autoridad e influencia extranjera y particularmente monárquica, como nociva a sus derechos e intereses. Todos declararon del modo más solemne su adhesión a principios nuevos y más liberales que los que anteriormente habían reconocido las naciones del globo y entre estos principios, ninguno se entendía tan distintamente, como el de que todas las provincias y colonias americanas en el acto de entrar en la hermandad de las repúblicas de América, contrajeron la obligación de adherirse fielmente a aquel sistema de política que mejor pudiese proteger sus derechos, conservar su seguridad, y promover los intereses de cada una de ellas; y ninguna declaratoria subsecuente hecha por alguna comunidad, de una existencia nacional diferente, puede exonerarlas de las obligaciones contraídas en aquel acto a los sistemas corruptos de Europa, de alianzas y contra alianzas, y de intrigas únicamente calculadas para fines interesados de engrandecimiento individuo nacional, armonizaba con la alta posición tomada por el conjunto de Estados soberanos. Desde el periodo revolucionario estos principios han sido repetidas veces proclamados por todas las repúblicas americanas, incluyendo aquellas de cuyas ruinas se ha levantado Costa Rica; ellos constituyeron la base común sobre la que los miembros de la memorable convención de Panamá canjearon sus juramentos; y han llegado a ser considerados, con respecto a las repúblicas americanas, como reglas de derecho internacional que ya es demasiado tarde para cuestionar.
Luego, no es sin sorpresa que mi gobierno haya de nuevo tenido informes de que el actual gobierno de Costa Rica no tan solo medita poner aquella república, bajo la protección de un poder monárquico extranjero; sino también cederle una parte de sus derechos territoriales y reconocer las pretensiones a soberanía del supuesto jefe de una tribu salvaje, cuyos reclamos a una existencia nacional, sino tan despreciables, como son injustificables los medios que se han tomado para apoyarlos. Estos informes, creo de mi deber el decir, están acompañados de detalles sostenidos por circunstancias recurrentes, que los hacen acreedores a mas consideraciones, que el rumor tan explícitamente contradicho por el Sr. Molina. Sr. si el gobierno de Costa Rica hace tan poco aprecio de su bienestar, su paz, su gloria futura y de la felicidad de su pueblo adicto como lo es al principio y política de republicanismo, para adoptar una medida tan extraordinaria, a lo menos debiera imponer de sus intenciones a la fraternidad de los Estados republicanos a quienes profesa pertenecer, y cuyos derechos, intereses y sentimientos contrariaría y menospreciaría de este modo.
Mas, Sr. no puedo por un momento creer que tal medida sea meditada, pues, el gobierno de Costa Rica, prescindiendo de sus principios es demasiado sabio para no conocer que un paso de esta naturaleza seguramente habría recaer sobre si la justa indignación de todas las naciones republicanas. No puedo creer que tal paso se haya meditado, porque, Sr. U ha expresado el vivo deseo que su gobierno tiene de entrar en íntimas relaciones por medio de tratado con los Estados Unidos, relaciones que claro es no se podrían establecer bajo estas circunstancias.
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