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In Memoriam Alejandro Bustillo

César Ramírez Caralvá

Escritor y Fundador Suplemento Tres mil

 

Aquella tarde nos reunimos por coincidencia en el Teatro Nacional, para comentar el libro del Ing. Hugo Navarrete: “Memorias de mi lucha” un testimonio de su vida política en el MNR… fue una feliz coincidencia.

Alejandro Bustillo, fue un viejo amigo.

Nuestra amistad comenzó hace más de 40 años en la Universidad Nacional puesto que era promotor deportivo y tenistas, además abogado. Un día le compartí mi libro La primavera salvadoreña recuerda España, en la siguiente ocasión que nos encontramos, me refiero que fue testigo del evento que a continuación relato.

Alejandro colaboró en nuestro periódico Co Latino con la columna: “La Historia del Deporte Jamás contada”;  tenía una gran memoria, en su intervención mencionó sus anécdotas de los años setentas y anunció que preparaba un evento para el Dr. Sarbelio Navarrete con documentos y detalles de su vida; el Dr. Navarrete fue presidente de la Corte Suprema de Justicia, Rector de la Universidad Nacional y miembro de la Academia de Salvadoreña de la Lengua.

En la presentación del libro refirió la anécdota de la Bandera de ADESAM, con los nombres de los participantes ¡notable! puesto que había sucedido 44 años antes.

La primavera salvadoreña recuerda España.( Fragmento)
amazon.com/author/csarcaralv

Bandera de ADESAM

Esos días entre el 31 de julio y los primeros días de agosto de 1975, fueron exhaustivos.
El día se iniciaba con la búsqueda de nuestros amigos y amigas confundidos entre las multitudes, nuestro punto de encuentro era la Universidad, luego partíamos hacia Catedral Metropolitana que se encontraba tomada por un grupo de organizaciones, ahí el pueblo se volcaba a apoyar la causa. Tomábamos el bus, nos reuníamos en el umbral de la iglesia, repartíamos todos los volantes del mundo, colectábamos dinero, éramos fieles a la colaboración del momento, los que dicen que no existe la espontaneidad de las multitudes se equivocan, aquello en realidad era un mar de personas solidarias, pero nada más… solo era eso, acciones de colaboración humanitaria.
Existía una multitud de apoyo, Catedral era lo mismo que una ventana con el rostro de los estudiantes desaparecidos.
Manifestamos durante la Toma de Catedral, un repudio contra la matanza de compañeros, es necesario por lo tanto ir donde están las masas, donde la presencia militante es real, la teoría cotidiana se debe transformar en acción en las calles. En ADESAM (Asociación de Deportistas del Alma Mater) concluye una discusión sobre las formas de protestar contra la acción del ejército; el equipo ejecutivo se reúne para tratar alguna forma de protestar, es un hecho que requiere de hacer algo, lo planificamos. Carlos Borromeo Najarro, Jesús Sorto, Juan, G, el Dr. Torres y otros en la cabaña de ADESAM. El Consejo reunido piensa en un Campo pagado o una acción de hecho, con todo y la bandera rojinegra del gremio, por fin se resuelve llevar la bandera de los deportistas desde la Universidad hasta Catedral de manera que fuese un acto de protesta.

-Hey Carlos, vas a ir con nosotros ¿verdad?

-Y qué querés, uno no puede ser indiferente a la lucha popular
-Y ¿vos Sorto?

-Bueno este, -contesta Sorto vacilante- mira Juan tengo un compromiso, me esperan.
-Bien de todas maneras estamos completos -dijo Juan- es hora de irnos, las 4 puntas de la bandera significan 4 compañeros del equipo ejecutivo; los de la Juventud Comunista al pasar junto a ellos se sorprendieron y nos reclamaban porque toda acción debe hacerse de conjunto.

En un acto emotivo 4 estudiantes y otros, salen con su bandera sobre la 25 ave. Norte, los vehículos se detienen encendiendo las luces, estos manifiestan que no avanzáramos más, somos como jóvenes rebeldes que no temen la muerte, no era tal llevar una bandera, sino que 4 miembros del equipo no serían mucho para la voracidad de la policía, el paso sobre la Embajada yanqui es crucial; la guardia rutinaria se asombra y carga sus M-16, toman posición de tiro y se ve el movimiento de alarma dentro de la Embajada; no nos detenemos y seguimos sobre la 25 Ave. Casi sin novedad, dentro de cada compañero los pensamientos más variados se cruzan y hablan para no perder la contextura, alguien comenzó a cantar una canción chilena:

Verán a sus compañeros cruzar por las alamedas…
Verán a sus compañeros cruzar por las alamedas
y los compañeros caídos….

En el tiempo esa acción no deja de sorprender, era como reclamar ¿desean más sangre? tomen la nuestra. Ahí íbamos con voluntad infinita, con sueños en nuestra piel, sin prisa por morir, pero dispuestos a demostrar que no teníamos temor, la solidaridad estaba en nuestros corazones. Entonces sin pedir permiso nos lanzamos hacia la acción. Si nuestros padres nos hubieran visto, de seguro no dejan que diésemos un paso más. Pero nosotros no teníamos “sentido de peligro”.
Los automóviles continúan encendiendo sus luces anuncian que adelante esta la policía, ni modo, los compañeros no se detienen y avanzan como sellando un destino premeditado. En ocasiones “no morir a tiempo significa algo de vergüenza”, es un presentimiento constante; el deseo de ser solidario también con los compas caídos. ¿Qué importa morir? ¿era el momento de morir?
Son viejas las historias, pero nunca lo histórico. Esto permanece inmortal como en medio de una fotografía ¿es romanticismo revolucionario?, o en el peor de los casos ¿desesperación pequeño burguesa (como nos decían los políticos profesionales) que nos llevó a la acción?, no importa, estamos dominados por hacer todo en un día, porque mañana no llega nunca; avanzamos a mediodía, bajo el sol, con sombras perpendiculares y también con nuestros temor.
Avanzar por las calles con la bandera rojinegra de la Asociación de Estudiantes Deportistas del Alma Mater, era lo mismo que entregar el alma al creador en aquellos lejanos días del 1 de agosto de 1975. G. estaba entre nosotros, valiente a fin de cuentas, un día optó por la homosexualidad y según la leyenda es feliz.
-Oíme Carlos, pásame un cigarro
-Ya sabes Oscar, ¿pero si vos no fumas?…

-Claro, pero esta puede ser la última vez y vos comprendes que morir sin un cigarrito es como no morir bien –Oscar permaneció en silencio, espera recordar donde lo había leído-, mientras los carros aceleran drásticamente ante su presencia, por lo de posibles enfrentamientos, de manera que sus pasos se acercan con cada movimiento a un destino en Catedral. G. con nosotros apenas habló.
– Juan –intervino-, recuerden que mañana debemos reunirnos para que veamos lo del traidor, ese pendejo regaló a la Escuela Militar los equipos de esgrima de la Universidad, recuerden que se trata de planificar que haremos.
-Carlos contestó con la agresividad que le caracteriza, sí ¡hay que darle verga!, ¿ese cabrón que se cree?, eso significa que si alguna vez la Universidad llega a tener caballos para Hipismo, se los regalaría también… hay que taleguearlo.
-Bien –dijo Oscar- mañana lo vemos, por hoy lleguemos.

Las cuadras de San Salvador destilan vapor y más cuando el sol se impone, ya estamos sobre la primera calle poniente, luego tomamos la calle Arce y por fin llegamos a la Catedral aún estaba tomada, la bandera roja y negra del gremio ADESAM, jamás estuvo mejor representada por semejantes miembros. Los megáfonos anuncian nuestra llegada. Junto a una ovación… ¡vivan los compañeros! Saludo de bienvenida a los compañeros, ellos también saben que cumplieron, si mueren mañana, ya será mañana.

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