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Espiral sangrienta: policía, sacerdote, concejal, periodista…

César Ramírez
@caralvasalvador

Walter Osmir Vásquez, Claudia Patricia Guillén de Gudiel, Karla Lisseth Turcios son personas que han sufrido violencia y la ciudadanía reclama pronta justicia.

Karla Mayarí Ayala Palacios, agente policial, se une a este panorama desolador, por su condición de persona desaparecida desde el 29 de diciembre de 2017.

La constante de estas tragedias parecen ser grupos terroristas, de una u otra forma permanecemos atrapados en la telaraña de organismos que usan la violencia en forma indiscriminada, no distinguen entre parientes de policías, familiares, testigos circunstanciales, miembros de la fuerza armada, religiosos, mujeres, niños, etc.

El aumento de esta violencia parece asociada al momento electoral y post-electoral, una extraña situación que insinúa dirigirse contra las “medidas extraordinarias”, que limita el modelo comunicacional de los privados de libertad… un mensaje dirigido a la Asamblea Legislativa, al Gobierno y todas las instituciones democráticas; es un momento singular en nuestra historia, puesto que estas organizaciones cometen estos hechos en forma desesperada, irracional e indiscriminada contra: ciudadanos, religiosos, políticos, niños etc., los cuales no tienen fin. La solución al problema aún son propuestas de largo plazo, que tienen la arista política y la sospechosa condición (de la oposición) en aprobar o no las medidas correctivas necesarias para este cáncer social; quizás la verdadera frontera para solucionarlo sea el diálogo de la clase política, puesto que mientras predominen dos elementos estratégicos: la desconfianza política y la corrupción, estaremos expuestos a criterios cosméticos de corto plazo y subordinados a las elecciones, que nos conducirán a un enorme sacrificio de vidas humanas con daños a la economía profundos.

Un gobernante no desea pasar a la historia con las manos manchadas de sangre, tampoco se proclama paladín de la esclavitud, ninguno anuncia poseer la “espada de azor” para destrozar a sus enemigos en una sola mañana, puesto que las leyes impiden semejantes atropellos aún en condiciones extremas. ¿Tendremos que esperar la desgracia de miembros de la clase política? ¿Veremos pasar cadáveres de personalidades inocentes?… es tiempo de demostrar que más allá de un cargo en la Asamblea Legislativa, elecciones o una administración política, se encuentra el pueblo que sufre la violencia. ¿Por qué dividir a la nación en fracciones de uno u otro color, cuando a las víctimas no se les pregunta su filiación partidaria? La solución es una sola nación contra el terrorismo, otra opción perpetuará nuestra espiral sangrienta.

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