Por Leonel Herrera*
El gobierno salvadoreño mantiene una fuerte campaña publicitaria y de lobby político para sacar al país de la llamada “lista corta” de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), integrada por una veintena de países que más violentan los derechos y convenios laborales.
En esta obscena lista El Salvador comparte puesto con otros países con regímenes autoritarios como Myanmar, Turquía, Bielorrusia, Túnez, Argelia y Bangladesh. Nuestro país está en este grupo, entre otras razones, por el despido de centenares de miles de empleados públicos, includos trabajadores de la salud y la educación.
Y ha cerrado filas con la estrategia gubernamental (además de un grupito de sindicatos vendidos manejados por el Ministerio de Trabajo) la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), la gremial que durante gobiernos anteriores defendía “la democracia y las libertades”.
Durante las administraciones del FMLN, la referida gremial estaba atenta a denunciar cualquier acción u omisión gubernamental que “afectara los principios democráticos y las libertades de empresa, de comercio y hasta de expresión”, especialmente medidas fiscales progresivas que buscaban la justicia tributaria.
La ANEP y sus agremiados (ASÍ, CAMAGRO, CASALCO, ASDER, etc,) ponían el grito en el cielo y calificaban como antidemocrática cualquier ley o política pública que afectara sus mezquinos intereses. Al coro se sumaban “tanques de pensamiento”, hoy ausentes del debate público, como FUSADES.
Ahora, frente al grave retroceso democrático, la deriva autoritaria y la consolidación dictatorial, la ANEP no sólo guarda silencio (como hasta hace algún tiempo), sino que se ha sumado a la propaganda oficial y ha cerrado filas con el régimen. Así aparece “de la mano” con el gobierno de cara a la próxima cita de la OIT para intentar salir de la “lista corta”.
La ANEP y compañía se olvidaron de “la democracia y las libertades” que tanto defendían. Su flamante nuevo presidente, el dueño de emisoras de radio José Luis Saca, se muestra en total sintonía con el actual gobierno y declaró, tras su nombramiento, hace dos meses, que “no hay mejor momento que éste para ser empresario”.
Semejante declaración confirma de manera contundente dos cosas. La primera es que la ANEP realmente no defiende ni nunca defendió “la democracia y las libertades”, sino sus intereses económicos; y la otra es que el gobierno actual, igual o incluso más que los de ARENA, procura los intereses de clases empresariales, más que los de la mayoría de la población.
Esto también se confirma con el activismo personal de grandes empresarios como Roberto Kriete, el hombre más rico del país, quien, entre otros privilegios, no paga impuestos al combustible que usan sus aviones. Para este oligarca, el actual presidente es el mejor que ha tenido El Salvador.
Los grupos oligárquicos celebran, especialmente, las exenciones fiscales que generosamente les permite el oficialismo. Con toda razón, para José Luis Saca, “éste es el mejor momento para ser empresario”. Es probable que “la democracia y las libertades” sólo sean defendidas nuevamente por la ANEP cuando un nuevo gobierno democrático post dictadura amenace los intereses empresariales.
*Periodista, analista y activista ambiental.
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