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¿Qué hacer para liberar a Ruth López?

Por Leonel Herrera*

El 7 de julio de 2025, cuando CRISTOSAL denunció que  Ruth López había sido llevada al Centro Penal de Izalco, califiqué como “perturbador” el hecho que la abogada de derechos humanos salvadoreña más reconocida fuera recluida en la más mortífera de las cárceles del país.

En una columna en Revista Elementos planteé que esta inquietante y aterradora situación confirmaba no sólo la ilegalidad e injusticia con que actuaba el sistema judicial y penitenciario, sino la crueldad y el sadismo exhibido por el régimen autoritario salvadoreño.

https://revistaelementos.net/palestra/la-dictadura-se-ensana-contra-ruth-lopez/

Ruth López había estado en bartolinas de la División de Tránsito de la PNC y su traslado fue repentino, violando una resolución judicial -aún vigente en ese momento- que impedía llevarla a un centro penitenciario.

Resultaba irónico y mordaz que fuera llevada a la cárcel donde -según ella misma había documentado con sus informes sobre violaciones derechos humanos- muere la mayoría de presos fallecidos en los centros penales: por golpizas, hambre o enfermedad, durante el régimen de excepción. ¿Acaso era un castigo por haberlo denunciado?

“¿Por qué mandan a Ruth López a Izalco?”, preguntaba, conmovido, en aquel texto. “¿Para que la golpeen, la violen o la maten?”, insistí, con preguntas que podrían ser a su vez posibles respuestas. “¿Para que sufra todos los abusos y vejámenes que ella misma denunció?”.

Comparaba la situación de Ruth con lo que habían hecho a Fidel Zavala, a quien enviaron nuevamente al mismo centro penal donde presenció los abusos carcelarios que había denunciado públicamente. Son las lecciones de terror de una dictadura cruel que se jactaba de ser «cool», señalaba en el artículo.

Finalmente, retomando una publicación del periodista Héctor Silva Ávalos, responsabilizaba directamente a las magistradas de la cámara penal que habían ratificado la detención provisional de Ruth en vez de otorgar medidas sustitutivas a la prisión.

La misma sensación de preocupación y angustia me provoca ahora conocer que Ruth López fue llevada a un hospital durante la noche del pasado sábado 16 de mayo y devuelta al centro penal inmediatamente después de la cirugía. ¿Será que quieren generar una complicación médica que le provoque la muerte?

La Prensa Gráfica y Diario Co Latino revelaron esta semana que la operación se dio sin seguir el protocolo posquirúrgico de reposo y recuperación.¿Cuál es el propósito de tratar así a Ruth? En serio, ¿acaso la quieren matar?

Familiares de Ruth, sus defensores y CRISTOSAL denunciaron -en un comunicado conjunto- que no fueron informados sobre la referida diligencia médica. Esto violenta las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de Reclusos, conocidas como “Reglas Nelson Mandela”, que obligan a los Estados a informar sobre complicaciones de salud a familiares y abogados de personas detenidas.

La situación de Ruth López y los graves peligros que enfrenta en las entrañas de la cárcel más mortífera de El Salvador, debería estremecer a toda la población decente y provocar la mayor movilización ciudadana hasta lograr su libertad.

Ahora es el momento en que las organizaciones sociales se propongan luchar, en serio, para salvar a Ruth López y evitar que muera en la cárcel. Su estado de salud es argumento para exigir que -al menos- le sea concedida alguna medida alternativa a la prisión, tal como planteó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), en las medidas cautelares otorgadas en septiembre del año pasado, hace ya ocho meses.

Hay ejemplos de que sólo la presión pública genera posibilidades de arrancarle prisioneros a este régimen. El más elocuente es el de los ambientalistas antimineros de Cabañas, dos veces absueltos y actualmente libres mientras esperan la entrada en firme del segundo fallo absolutorio recientemente ratificado por la Cámara Penal de San Vicente.

Pero también están los casos de Atilio Montalvo, Sabino Ramos y Leví Morales. El firmante de los Acuerdos de Paz fue puesto en libertad gracias a la movilización de sus familiares y de organizaciones que les apoyaron. El promotor cultural de Panchimalco salió de prisión por la demanda de organizaciones sindicales. Y el hijo del líder indígena Silverio Morales está en libertad por la denuncia de su padre y de organizaciones comunitarias.

En el caso de Ruth, como ella misma decía, “el silencio no es opción”. Ella evitará la muerte y será libre cuando la denuncia nacional e internacional sea incontenible para el régimen opresor que quiere callarla para siempre.

Es ahora o nunca. Por Ruth, por su familia…por el país, ojalá sea ahora.

*Periodista, analista y activista ambiental.

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