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Pacífico Chávez

Trinomio perfecto: Democracia, Desarrollo Humano, Estado

– Pacifico Chávez

En cuanto a régimen político la democracia es por excelencia el sistema que asegura o debería asegurar la participación ciudadana, el respeto a los derechos humanos y la búsqueda del bien común.

Con este sistema político trabajando, se implementan procesos que construyen bienestar para toda la ciudadanía, nivelando así las oportunidades para alcanzar el segundo componente de este trinomio, el Desarrollo Humano.

El tercer componente es el que se encarga de garantizar y articular los primeros, hablamos del Estado, que tiene capacidad funcional y presencia territorial.

La democracia interactúa directamente con el desarrollo humano, esta interacción se hace realidad a través del Estado y su capacidad para garantizar derechos, proveer bienes públicos y ejercer autoridad en todo el territorio, esto influye tanto en la calidad de la democracia como en los resultados en materia de desarrollo humano.

Con niveles bajos o ausentes de educación, salud, seguridad, empleo, vivienda, medio ambiente, es decir, todo lo que genera autonomía, si todo esto es deficiente, entonces el ejercicio efectivo de los derechos políticos se ve limitado, disminuido. En este sentido, el desarrollo humano constituye una condición fundamental para el buen funcionamiento democrático, van de la mano.

También cabe señalar que la calidad de la democracia disminuye si baja la representación política. La representación es el mecanismo que articula preferencias ciudadanas a través de partidos políticos y las traduce en decisiones públicas al darles espacios de poder dentro del aparato del Estado. Cuando este mecanismo deja de funcionar porque ignora, dificulta o no le asegura igualdad de condiciones para ganar espacios de poder a todas las voces para que participen en las elecciones de los funcionarios esto se traduce en ausencia de participación en el diseño e implementación de las políticas públicas, es decir, que no todas las voces pesan igual, puede que se les permita expresarse pero no son consideradas, ni escuchadas, así en estas condiciones se reduce la capacidad de la democracia para procesar el conflicto social, más bien éste se incrementa, porque el ritmo y el poder la tiene una sola voz y que además no escucha las demandas sociales.

La creciente atracción por liderazgos personalistas probablemente genera entusiasmo entre la ciudadanía y la política al principio, pero a la larga va debilitando la participación estructurada y capacidad de incidencia del ciudadano común, porque todo se centraliza, no importa lo que la población necesita sino solo y únicamente lo que dicta “un elegido”.

En este escenario, el ciudadano tiende a convertirse más en un espectador o en un comentarista de las redes sociales olvidando su rol de ciudadano responsable, pierde la capacidad efectiva de incidir en los resultados políticos, puede que si defina elecciones hasta cierto punto y hasta donde lo permita “el elegido”, ya que se la ha dado tanto poder que hasta ese derecho puede llegar a perder. Este tipo de ciudadanos espectadores se dedican unicamente a marcar la papeleta y meterla en la urna, lo que viene después pasa frente a sus narices sin poder reaccionar.

Los partidos políticos deben trabajar por recuperar su función de intermediación entre ciudadanos y Estado, sobre todo los nuevos, no hacerlo debilita aún más la democracia.

En una democracia erosionada, la institucionalidad es débil, crece el cuestionamiento y desconfianza de los procesos electorales, la concentración del poder en liderazgos personalistas, esos que se proclaman “los elegidos”, encuentran facilidades para crecer, engatusar a sus fanáticos, desaparece todo contrapeso al poder y se instaura sistemáticamente la difusión de narrativas polarizadas que deterioran la confianza en las organizaciones, movimientos y personas opositores, aunque sean voces nuevas, lógicas, profesionales y de interés genuino por el desarrollo.

Un Estado en estas condiciones no lucha contra la corrupción, su presencia territorial es desigual, limita la garantía efectiva de los derechos y genera espacios donde la legalidad es parcial. En estos contextos, redes como el crimen organizado pueden incidir en la competencia política, restringir la participación y afectar directamente los procesos electorales.

Por lo tanto no es solo contar con buenos candidatos, es necesario partidos políticos fuertes institucionalmente que garanticen valores, principios, donde los ciudadanos afiliados a este organismo tienen los procesos y métodos para participar y llevar ciudadanos de bien con respuestas y soluciones claras, acordes a la realidad, con capacidad de detener cualquier influencia de mafias criminales.

Los partidos del siglo pasado, más si ya fueron gobierno, difícilmente pueden garantizar institucionalidad, principios y valores, porque tienen una estructura y mecanismos que han sido parte de lo malo de la política, es el momento para nuevas opciones.

En cuanto a los candidatos no se trata de gente popular, sino de personas preparadas, que quieran trabajar y equilibrar la relación del trinomio: democracia, desarrollo humano y estado.

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