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La campaña de recolección de firmas impulsada por el colectivo Somos El Espino para detener la construcción del Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) en terrenos boscosos de la finca El Espino, en el Área Metropolitana de San Salvador, acumula hasta la fecha más de 324 mil firmas y continúa en aumento.
La iniciativa “Salvemos El Espino: protejamos el pulmón de San Salvador”, promovida a través de la plataforma Change.org, busca alertar sobre el riesgo de destrucción de esta zona boscosa. Según el movimiento Somos El Espino, el proyecto amenaza con sustituir un espacio vital para la fauna y flora local por más concreto y contaminación, lo que incrementaría las temperaturas y reduciría la calidad del aire en San Salvador.
En los últimos días, y tras el impacto generado por el boicot digital contra el proyecto turístico Perfect Day, señalado por organizaciones ambientalistas de poner en riesgo un ecosistema costero en México, la campaña para proteger la finca El Espino ha cobrado mayor relevancia y difusión entre usuarios de redes sociales.
Sin embargo, desde que el movimiento inició la campaña en agosto de 2025 para oponerse a la construcción del nuevo CIFCO, aseguran haber enfrentado negativas y falta de respuesta por parte de funcionarios públicos.
En abril de 2026, ciudadanos acudieron a la Asamblea Legislativa para solicitar una audiencia en el pleno, con base en el artículo 78 del Reglamento Interior de la Asamblea Legislativa, con el fin de exponer su preocupación por la construcción del CIFCO, pero no fueron recibidos. El movimiento insiste en que el proyecto sea trasladado a otra ubicación que no implique afectaciones a la fauna y flora de la finca El Espino.
Los miembros del movimiento señalaron que han realizado diversas gestiones para exponer la problemática y lograr que sus solicitudes sean escuchadas. Entre las instituciones visitadas mencionaron al Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados (ANDA), Cancillería, la Fiscalía General de la República, la Presidencia de la República y la Asamblea Legislativa; sin embargo, aseguran que hasta la fecha no han obtenido respuestas.
Pese a ello, el movimiento “Todos Somos El Espino” y ciudadanos que respaldan la iniciativa mantienen la meta de recolectar un millón de firmas para solicitar al Gobierno que no construya el Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) en la finca El Espino y evitar así la deforestación de uno de los principales pulmones ecológicos de San Salvador, encargado de la purificación del aire, la protección del suelo y la recarga de acuíferos.
“Vendedores ambulantes, estudiantes, trabajadores y madres luchadoras se han convertido en héroes silenciosos que recorren calles y plazas, hablando con vecinos y explicando la importancia de salvar El Espino. Cada firma es un testimonio de respeto por la vida que en ella habita”, expresó el movimiento.
Además, señalaron que el proyecto habría sido aprobado sin consulta ciudadana, sin estudios públicos de impacto ambiental y bajo un proceso que califican de opaco.
“El Espino es hábitat de especies en riesgo, como el torogoz, la ardilla roja, el tacuazín y más de 100 especies de aves y mariposas que contribuyen a la salud del ecosistema. También es una fuente de recarga hídrica vital para San Salvador”, sostuvieron.
Entre las principales exigencias ciudadanas se encuentra la suspensión inmediata del proyecto y de cualquier obra de tala o construcción, la publicación transparente de estudios de impacto ambiental y contratos, la realización de audiencias públicas con organizaciones ambientalistas, universidades y comunidades, así como la protección legal permanente de toda la finca El Espino como reserva ecológica.
“El Espino es uno de los últimos pulmones naturales de El Salvador. Permitir su destrucción es abrir paso a un colapso ambiental y a la pérdida irreversible de biodiversidad. Mientras el mundo entero busca frenar la crisis climática, en El Salvador se autoriza el ecocidio institucionalizado”, denunció el movimiento.
“Este proyecto representa una amenaza no solo para la fauna y flora local, sino también para la seguridad hídrica, la estabilidad del suelo y la salud de la población metropolitana”, concluyó.
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