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San Romero, el mártir que prefirió caminar con su pueblo. Foto Telesur/Agencias

«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)
¿Años del Cambio?

Teología campesina versus Teología episcopal

JUAN: en este sentido recuerdo una anécdota curiosa que no la tenía anotada aquí: era el final de una de las evaluaciones trimestrales de la pastoral en la parroquia de Jiquilisco, realizada en Los Naranjos, llegó Monseñor a celebrar la eucaristía de clausura un domingo de julio; tocó la lectura de la multiplicación de los panes…; y yo le había dicho: “Mire, Monseñor, aquí hacemos siempre así: hacemos las lecturas y después de las lecturas, se invita si alguien tiene un comentario que hacer, o alguna reflexión, que la haga; y al final, el sacerdote que preside, hoy le toca a Ud., hace el resumen de lo que se ha reflexionado, o si hay que rectificar alguna cosa se rectifica y se aclara. “Está bien, me parece bien”, me dijo.

Bueno, pues, cuando llegó el momento, hubo un campesino, uno de estos delegados que comenzó su comentario diciendo: pues a mí esta lectura del Evangelio me hace entender que este muchacho que tenía los panes y los peces, le obligó a Cristo a hacer el milagro…

En cuanto oyó Monseñor esto de que “le obligó a hacer el milagro”, le interrumpió inmediatamente y le dijo: “muchacho, quién le podía obligar a nada a Jesús; Jesús era libre”. Pero el campesino muy tranquilo, muy sereno, le dijo: “Sí, Monseñor, pero permítame un momentito y verá; yo digo que le obligó a hacer el milagro porque él, (el muchacho), solo tenía cinco panes y dos pescados, y eso para tanta gente no era nada; a pesar de eso, él dio todo lo que tenía; o sea, que el muchacho hizo todo lo que podía hacer para que la gente comiera. Entonces Jesús tenía que hacer todo lo que pudiera hacer para que comiera la gente. Y nuevamente le interrumpió Monseñor y le dijo: “Ahora entiendo”. Sí, pero vea, Monseñor, lo que yo pienso: muchas veces le pedimos milagros a Dios, pero empezamos guardando los panes que tenemos, y así Dios no hace milagros. Dios solo nos hará milagros el día que aprendamos a dar el pan que tenemos, entonces nos hará el milagro de que no nos falte, pero mientras guardemos no nos va hacer milagros… Monseñor se quedó así… Luego hubo otras intervenciones…

Y al terminar Monseñor hizo este comentario: “Yo había preparado una homilía para el día de hoy, pero después de todo lo que he oído, solo me resta decirles a Uds. las palabras del Evangelio: “Te doy gracias, Padre, porque has revelado estas cosas a los sencillos, y se las has ocultado a los sabios y entendidos…”. Y no dijo más.

Mª LÓPEZ VIGIL: O sea, que él se quedaría… sorprendido, ¿no?

JUAN: Después, hasta ese momento, a mí me había insistido mucho en aquello de decir, no; para la Celebración de la Palabra, esperen, que se preparen bien; son gente que no saben, tienen que aprender, tienen que capacitarse para que puedan hacer la Celebración de la Palabra, para que puedan hacer comentarios sobre la Palabra de Dios.

Al salir de la Misa, ese día, me dijo: “Padre, déjelos que hagan comentarios, bien pueden”.

Mª LÓPEZ VIGIL: ¿Ah, sí? ¿Y era la primera vez que él participaba en algo así?

JUAN: No; ya había participado otras veces. Pero es que esa vez fue un comentario muy, muy…

Mª LÓPEZ VIGIL: Como que le sorprendió.

JUAN: Sí; le sorprendió. Y eso fue entonces como una enseñanza más, recibida de los pobres”.131

“Una vez más he venido a predicar y me han predicado”

“ZACARIAS: Esto que acabas de testimoniar me hace recordarme de otra anécdota: ¿Juan, no te recuerdas de una fiesta de la Santísima Trinidad, que hubo la Confirmación de Roberto, uno de los delegados? No sé si se leyeron los textos del día o textos escogidos; solo me recuerdo que una de las frases del Evangelio era aquella: “Felipe, el que me ve a mí, ve al Padre…”.

El primer comentario de un campesino delegado fue en síntesis este: “el que ve a Jesús ve al Padre; y a Jesús se le mira y se le ve especialmente en el pobre; entonces, a través del pobre vemos a Jesús, el Hijo, y al Padre y al Espíritu Santo”.

A través del amor a los pobres podemos ver y vivir este misterio tan alto de la Santísima Trinidad que no comprendemos pero que sí podemos vivirlo en el amor al pobre. El que sabe ver a Jesús en el pobre llega a la Trinidad…

Y así fueron aterrizando los distintos comentarios de los campesinos; un misterio tan elevado de la Trinidad hecho realidad en el amor de cada día entre los pobres.

Monseñor iba a decir sus palabras, pero no dijo nada de la homilía que había preparado. Al final nos dijo en la sacristía cuando se estaba quitando los ornamentos: “Una vez más he venido a predicar y he sido predicado”. Y no dijo nada más. Solo dijo: “Es maravilloso estos campesinos, cómo profundizan estos campesinos, como lo que les llega a su realidad, lo que sienten lo saben interpretar así”.

Indiscutiblemente que este contacto con los sencillos y los humildes es lo que le iba haciendo cambiar poco a poco.

JUAN: Hay muchas anécdotas como estas, pues él llegaba con frecuencia al centro así, y le gustaba participar”.132

“Los campesinos son más cristianos que los sacerdotes”.

Y transcribimos otra anécdota que es todo un signo del amor, confianza, aprecio y unidad que Mons. Romero tuvo con los pobres, los campesinos de su diócesis santiagueña, que tanto le enseñaron en tan poco tiempo:

“JUAN: …Y es que, bueno, él recordaba la experiencia que habíamos tenido con un curso de campesinos en Los NARANJOS, una experiencia interesante: en el año 1976 hubo un Proyecto de Ley de Transformación Agraria en El Salvador; entonces, cuando estaba toda esa propaganda de la Ley de Transformación Agraria: que al campesino le estaban ofreciendo tierra, que al campesino le estaban ofreciendo… todo. En uno de los cursos con los campesinos, hice una experiencia: puse en la pizarra unas nueve cosas, ponía esta lista, más o menos, de palabras o frases:

-tener tierra propia

-la ayuda a los compañeros

-el amor a los padres

-una buena enseñanza o educación

-tener una buena casa

-tener una buena familia

-etc.

Y varias cosas más; y las puse todas en la pizarra; y les dije a los campesinos: copien esas palabras y me van a ir en grupos de tres o cuatro, y pónganse de acuerdo en la importancia de cada palabra o frase, a cada palabra la pongan un número, la que crean la más importante de todas pónganle el número uno, la que le sigue en importancia pongan el número dos y así sucesivamente hasta que pongan número a todas las palabras, no importan el tiempo que necesiten para hacer eso, les dije, pero quiero que me lo hagan. Y fue curioso; porque con toda la propaganda de la Transformación Agraria que había, lo lógico era de esperar que lo primero pusieran el “tener tierra propia”; pero lo interesante fue, en lo que coincidieron todos los grupos, que lo primero y más importante era “ayudarse unos a otros”; y “tener tierra propia” lo pusieron el sexto lugar; “tener una buena casa” en séptimo lugar.


131. Testimonios: Grupo nº 2: JYV: págs. 19-20.
132. Testimonios: Grupo nº 1: JZE: págs. 13-14.

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