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«EN SANTIAGO DE MARÍA ME TOPÉ CON LA MISERIA»

Dos años de la Vida de Mons. Romero (1975-1976)

¿Años del Cambio?

en este proceso creo, no me cabe la menor duda, de que Juan tuvo un lugar muy importante: las conversaciones continuas, profundas e impresionantes con Monseñor sobre temas de pastoral y de teología, fueron también muy importantes en el caminar de este proceso de cambio de Mons. Romero. Lo mismo pasó cuando nuestro superior de Centroamérica, P. Victorino Sevilla, que residía en Honduras, llegó a platicar con él sobre el caso del cierre del centro; fue una conversación que duró más de dos horas: vio en él una mentalidad muy tradicional en lo que a pastoral se refiere, que naturalmente tenía que chocar con nuestra mentalidad un poco más abierta y diríamos de vanguardia. No obstante, vio nuestro superior en él un obispo con buena voluntad, que no es poco, al que teníamos que ayudarle en todos los campos -según su expresión-, tanto en lo pastoral como en la reflexión teológica… El P. Victorino le dejó una carta muy interesante, (de autoridad a autoridad), en la que le hacía interrogantes serias sobre pastoral y teología; también trataba de justificar, o , mejor, de fundamentar el porqué de nuestra línea de pastoral que él tenía como sospechosa.

Resumiendo un poco, diríamos que en este PROCESO de cambio -o de ¿conversión?- fueron diversos los factores humanos que intervinieron; (no hablamos de los factores divinos por ser para nosotros desconocidos, pero no por eso menos reales, sin los cuales no se da verdadera conversión); entre aquellos podemos recordar:

-El caso del centro, y todo su interrogante sobre nuestra pastoral, con su consecuente reflexión.

-El conocimiento más profundo y el contacto más frecuente y casi continuo con la realidad, sobre todo rural de su diócesis de Santiago de María.

-Los diálogos y conversaciones cotidianas con los campesinos con los que se encontraba en sus frecuentes visitas a los cantones o comunidades.

-Las reflexiones (y diríamos que algunas veces fueron discusiones) informales, profundas, frecuentes e interesantes del P. Juan Macho, Vicario de pastoral, con Mons. Romero.

-También habría que expresar otra razón que creo muy importante: él era un hombre humilde, que sabía escuchar porque no lo sabía todo. Tenía Monseñor una capacidad de escucha impresionante. Era humilde y un hombre de una fe grande, y confiaba también en las personas”.119

RESUMIENDO, diríamos que Mons. Romero:

-Se encontró con unas realidades nuevas y distintas, no solo sociales, religiosas y eclesiales, sino también pastorales en su nueva diócesis, a las que tuvo que dar soluciones nuevas.

-Se topa con gente que exige, en justicia, un sano pluralismo dentro de la Iglesia: ya sea en las ideas teológicas, pastorales o sociales, como en la práxis pastoral.

-Observa que no todas las acusaciones o denuncias contra los padres son exactas ni verdaderas, sino muchas de ellas interesadas y manipuladas.

-Definitivamente tiene que cambiar de estilo en la solución de “los nuevos problemas”; y en la responsabilidad y dirección de la pastoral de su diócesis: no son suficientes las tradicionales posturas del autoritarismo, o del “ordeno y mando”, se impone el diálogo, el discernimiento, la reflexión compartidos.

Aunque no se cumplieron muy exacta y escrupulosamente esas tres conclusiones propuestas por Monseñor, ciertamente, el P. Juan fungió competentemente y con cierta autoridad como vicario de pastoral. Las otras dos propuestas o conclusiones apenas se llevaron a la práctica. No obstante, nosotros le hicimos ver con insistencia que los pudientes, los ricos, los terratenientes, amigos suyos, son los que le habían intentado manipular en cuanto a las acusaciones falsas sobre nuestra línea de pastoral, y sobre “nuestro comunismo”; y le retábamos a que no hiciera caso de esas denuncias interesadas, que mejor él fuera directamente a escuchar nuestras charlas o clases. Y él tomó esto muy en serio: quiso enterarse y conocer personalmente, no por intermediarios, el contenido de nuestras enseñanzas:

“Si el padre es comunista, yo soy chino”:

“JUAN: hay un detalle: siendo yo vicario de pastoral, me pidió un día que quitara de enseñar en el centro a un sacerdote de allá, porque, me dijo, que le habían dicho varios sacerdotes de la diócesis que era comunista. Entonces yo le dije: “Mire, Monseñor, pero, ¿le han dado alguna prueba? Porque yo condenar sin pruebas no puedo, y quitarle así no más porque dicen que…, tampoco me parece cristiano ni justo; entonces, si hay pruebas, vamos a analizar las pruebas si valen o no valen”. Me dijo que no tenía prueba, que solamente le habían dicho que era comunista el sacerdote ese.

Entonces yo le dije: “Mire, Monseñor, hay una manera clara de saberlo: Ud. puede oírle sus lecciones cuando quiera y le puede escuchar sin que él se dé cuenta; Ud. le puede escuchar perfectamente, y luego juzgar si su doctrina es o no es doctrina católica”. Entonces me dijo que sí iba a ir un día.

Y cuando llegó, yo le dije: “Mire, (y le señalé un lugar donde él pudiera escuchar toda la lección sin ser visto, y le dije que ahí podía estar tranquilo) el padre no tiene inconveniente que Ud. le escuche”. Entonces él me dijo que no, que prefería entrar dentro. Entró, se sentó, y escuchó unas dos horas en la clase que el padre estaba dando a los campesinos. Y al final cuando se acabó la lección y salió Monseñor, se fue a mi cuarto y solamente dijo: “Si el padre David es comunista, yo soy chino”.120

Esta anécdota que acabamos de escuchar, nos recuerda otra parecida que sucedió y que vamos a narrar a continuación. Con este proceder Monseñor manifestaba interés en escucharnos y en ver directamente, si en efecto, lo que enseñábamos era lo que decía la gente interesada, o no.

Monseñor estuvo escuchando como un campesino más:

“ZACARÍAS: Y yo cuento otra anécdota igual: un domingo, a las 4 de la tarde, pues teníamos curso, se presentó Monseñor en el centro; yo estaba dando, precisamente, el tema del Éxodo; entró sigilosamente sin hacerse sentir, se sentó atrás, y estuvo escuchando más de dos horas, (era de los temas que a penas hacíamos descanso para no perder la atención del conjunto). Lo extraordinario para mí fue “cómo pudo aguantar tanto tiempo escuchándome”. Lo importante fue lo que me dijo al final: “Yo le agradezco, padre, porque es un tema que se presta a la manipulación, pero conviene hablar con sinceridad a nuestra pueblo de la realidad, de la liberación. Le agradezco, padre, lo ha hecho muy bien; y he visto con qué interés los campesinos seguían esta enseñanza tan propia de ellos”. El estuvo escuchando como un campesino más”.121

Vemos por estas anécdotas que él sí tomó en serio las conclusiones de nuestro “Affaire”. Como que Monseñor quería verificar él mismo lo que se hacía y se enseñaba en el centro para tener motivos de reflexión y de decisión propios. Se iba apartando de los chismes y decires de la gente, aunque esta fuera importante; iba haciéndose su criterio propio e independiente, dejando a un lado otras conjeturas o suposiciones motivadas por intereses particulares muy concretos. ¿Se estaba dando cuenta de la manipulación a la que había estado expuesto por parte de los terratenientes y poderosos de la zona?

119. Testimonios: Grupo nº 1: JZE: págs. 21-23.
120. Testimonios: Grupo nº 1: JZE: págs. 11-12.
121. Testimonios: Grupo nº 1: JZE: pág. 12.

Ver también

REFUGIO EN EL CONFLICTO

Cecil A. Pool, F.R.C. (1) Pasado Secretario Supremo de la Gran Logia de Habla Hispana …

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