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El principe con traje de mendigo

Mauricio Vallejo Márquez

Escritor y Editor

suplemento Tres mil

 

No sé por qué en nuestra sociedad se acostumbra a irrespetar a las demás personas, como si no tuviéramos todos la dignidad que se nos confiere en los Derechos Humanos. Incluso los personajes que van recibiendo mayor educación académica los veo pasar frente a los trabajadores de servicio sin dirigirles la palabra o tratarlos como si fueran seres humanos de segunda categoría. Es obvio que es una deficiencia de la humanidad al no reconocer  la famosa igualdad entre los humanos.

Cuando era niño observé esa mala educación como algo normal entre las personas que estaban en posición de ventaja, esa curiosa ubicuidad que puede cambiar en un periodo aunque ellos crean que será eterna. Sin embargo, el común denominador para el que se siente más o poderoso es tomar distancia con cualquiera que no se encuentre en la “misma categoría” política, social o económica.

Y creen que la nobleza es estirar el cuello y ver sobre el hombro a los demás. Tan lejos está el conocimiento de ser noble, de ser generoso y amable, cortes y agradable. Al llegar a los nueve años me dieron una compilación de cuentos, entre los que estaba el príncipe feliz de Oscar Wilde, quien se despojaba de su piel de oro para dársela a los más necesitados, con suma generosidad y pensando en el prójimo antes que en sí mismo terminó ofreciendo su corazón en apoyo de una golondrina que igual cedió su vida por amor. Eso es ser noble, esa es la manera en la que debe actuar alguien con grandeza.

En casa me enseñaron a hablarle con respeto a los demás, anteponerle el título a “don” (De Origen Noble) a cualquier individuo, al señor que corta la grama, al que conduce al bus, al compañero de trabajo, al vecino, al médico, y a todos. Como una forma de respeto a los demás, para tratarlos con cortesía.

En una interminable conversación acerca del tema respeto, con César Ramírez Caralvá llegamos a plantear muchas teorías, y de pronto el me dio un gran lección acerca del respeto. Me dijo que, “uno nunca sabe si está frente a un príncipe disfrazado de mendigo. Por eso siempre vale la pena tratar bien a los otros” Aquellas palabras resonaron en mí. Era obvio que el respeto debe ir implícito en la dignidad de las personas, sin embargo el destino de los individuos o su apariencia puede ser difusa para el que no logra observar. Y en definitiva la gente que trata mal a los demás puede verse en la penosa situación de terminar ofendiendo a quien no debe. Justo como sucede en algunos videos, en los que algunas chicas se les ha jugado la broma de que un individuo que aparenta ser pobre y cuando ha sido maltratado por la muchacha termina demostrando que en realidad es un millonario.

Así es la vida, un escenario lleno de apariencias que pueden engañar a cualquiera. Por eso, el poder y la nobleza no se demuestran con prepotencia y malcriadeza. Se demuestran con generosidad y respeto. Porque, tal como dice Caralvá, “no sabemos si estamos frente a un príncipe vestido de mendigo. Las apariencias engañan, resulta mucho mejor tratar a los demás con respeto y dignidad.

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7 Comentarios

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