Julio Enrique Ávila
El poeta habló así:
“Bendice mi egoísmo
ingenua Humanidad.
Yo tengo para ti
lo mejor de mí mismo:
Mi Amor!
Mas hurto para mí
lo mejor de mi Amor:
-lo que nadie querrá-
Su Dolor……!
El dolor del amor…
Bendice mi egoísmo.
Toma, exprime mi amor.
Toma entera la flor,
perfúmate la vida,
un poco… Y si quieres
deshójala enseguida…
Mas, si eres
Ignorante del dolor
del grano al germinar,
del mudo reventar
de la yema, y el lento
y hondo desgarramiento
del alma al dar un verso…. ¡Qué contento-
oh, ingenua Humanidad-
Ignorar…! Ignorar….!
¿Para qué conocer
tanta pena callada
si no sirve en la vida
para nada?
Goza de la belleza,
mas no quemes tus alas en su luz.
No intentes escrutar
el doloroso hechizo
del mago que la hizo.
No busques la tristeza!….
No sabrías catar
en tu plato de arcilla
el excelso manjar.
Tu cristal
no puede contener ese divino
mal……
Se agriaría tu vino!
Bendice mi egoísmo
ingenua Humanidad
Yo tengo para ti
lo mejor de mí mismo:
Mi amor!
Mas hurto para mí
lo mejor de mi Amor:
-lo que nadie querrá-
Su Dolor!….”
El poeta calló
Y lento, con locura de esteta,
se inyectó,
hasta la última gota, la Tristeza!….
Germinó la Tristeza
-Sangre de la Belleza-
en los glóbulos rojos del poeta…..
Y fue la Melancolía
madre de la Poesía….
Noviembre 1921
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