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 “El patio trasero”: EN RESISTENCIA

Por Óscar Miguel Marroquín*

“Donde hay poder, hay resistencia

Michel Foucault

 

Que “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”; eso nos dice aquel viejo refrán que seguramente se esconde como un código no de venganza, sino de resistencia en las paredes del Palacio de la Moneda, en el cual intentaron matar la palabra y la esperanza de quienes han sido despojados, vilipendiados y humillados. Salvador Allende está presente y dice: «Proclamamos el derecho a la propia determinación y el derecho a combinar la diversidad de las vías hacia el desarrollo, sin presiones ni amenazas externas». Estas palabras se convirtieron en un dardo clavado en el corazón del imperio y un lacayo, como muchos, hizo el trabajo sucio. Augusto Pinochet Ugarte dijo “a sus órdenes, mi capital” [1] y en un acto propio de todo militar servil a los intereses de Estados Unidos asesinó a Salvador Allende.

Aquella sangre, sin embargo, no fue, ni ha sido o será olvidada; la juventud ahora se levanta en un solo grito de RESISTENCIA. Las calles de Chile ahora vuelven a retumbar; hombres y mujeres con el canto de Víctor Jara dicen: “Mi canto es una cadena sin comienzo ni final y en cada eslabón se encuentra el canto de los demás”. No hay miedo, ni olvido, hay esperanza y lucha por dejar atrás el fastidioso PATIO TRASERO; en su resistencia hay el asomo de un nuevo modelo, de una forma diferente de ver la vida, de un decir al carajo con el puñetero capitalismo saqueador y rapaz.

La resistencia se agranda y se expande porque es un verbo que no se deja amedrentar por el miedo. En El Salvador también hay RESISTENCIA, y la hay porque el olor a dictadura es putrefacto, como putrefacto es el nombre del general Maximiliano Hernández Martínez, quien a sangre y fuego permitió a la oligarquía terrateniente arrebatar las tierras a los campesinos y, no bastándoles con eso, también les arrebataron la vida. La oligarquía con gusto borraría de los libros de la historia salvadoreña el nombre de Agustín Farabundo Martí y otros; todos ellos fusilados por el general Martínez bajo la consigna anticomunista, pero en realidad fue “A partir de las movilizaciones sociales, calificadas como comunistas, que surgieron en los tiempos en que arreciaba el hambre y mientras los precios se desplomaban a raíz de un sistema monetario confiado a tres bancos privados que controlaban el financiamiento de la cosecha de café y el negocio de su exportación, que el gobierno decretó un Estado de Excepción para combatir al enemigo interno”[2].

El dictador Martínez, valiéndose de un ESTADO DE EXCEPCIÓN, dijo también “a sus órdenes, mi capital” y uno a uno fueron cayendo bajo las balas los pobres, los campesinos, los marginados, los sin tierra, los que no tuvieron voz, los tildados de comunistas.

Ahora, en pleno siglo XXI, nos vienen con el cuento de la DEMOCRACIA. “A menudo las mentiras son más creíbles, y más atractivas a la razón, que la realidad, ya que el mentiroso tiene la gran ventaja de saber de antemano qué es lo que su audiencia desea o espera oír” [3]. Una democracia construida con mentiras y, además, arropada con violaciones constitucionales se acerca más a una dictadura; nadie que busca quedarse en el poder por tiempo indefinido puede llamarse democrático, y menos aquellos que se rasgan las vestiduras criticando a otros gobiernos.

 

No solo El Salvador tiene su lacayo, lo tiene también Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, quien se autodenomina ser demócrata cristiano y de apellido neoliberal; ahora quiere imponer a sangre y fuego los dictados del patrón mayor. Intenta hacer todo un esfuerzo por reafirmar que Bolivia es también el patio trasero de los Estados Unidos y, sin más, gritar a los cuatro vientos: “A sus órdenes, mi capital”.

La pretensión de Rodrigo Paz, entre otras, es arrebatar las tierras a los campesinos e indígenas para entregarlas a los capitalistas y extractivistas extranjeros; a esto el sacerdote Francisco Van der Hoff Boersma dice: Creo que otra organización social es posible porque el capitalismo no es más que la organización sistemática y legal de las injusticias, desigualdades y exclusiones, porque las democracias existentes son ficticias. Son simulacros que sirven a intereses particulares y privados. Solo los que tienen la facultad de sobrevivencia se las arreglan, nunca los más vulnerables” [4].

El Fondo Monetario Internacional (FMI) intenta recordarnos ahora que seguimos siendo el patio trasero de los Estados Unidos en toda regla; buscan sin ninguna vergüenza alguna arrebatar los recursos naturales y económicos en beneficio del gran capital; conocen de sobremanera que los lacayos y oligarquías nacionales, como es el caso de Colombia, están dispuestos a entregar la riqueza natural; por ejemplo, este país es rico en petróleo, carbón y oro. No es producto de la casualidad que el presidente Donald Trump dé su apoyo incondicional al ultraderechista y actual candidato a la presidencia, Abelardo de la Espriella, y en forma peyorativa se dirija a Iván Cepeda como un marxista de izquierda radical [5].

Se debe entender que un marxista de izquierda radical no puede ser un lacayo al servicio de los Estados Unidos; y mucho menos un contrario a los dictados de los organismos internacionales como el Banco Mundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) Todos ellos de generales conocidas en el mundo del hampa internacional. Quizá vale la pena poner como ejemplo la deuda externa de El Salvador; esta ronda los 16,899 millones de dólares. “Si esa cantidad se dividiera entre los 6,2 millones de ciudadanos contados en el último censo poblacional, cada salvadoreño cargaría con una deuda de más de US$2.725 que tendrá que pagar a lo largo de su vida a través de impuestos”[6].

El camino está trazado; la resistencia es lo que queda ante un poder voraz e inhumano.

*Periodista, magister en estudios latinoamericanos y, estudios de doctorado en filosofía iberoamericana

 

[1] Palabras tomadas del sacerdote jesuita Ignacio Ellacuría, quien fue asesinado por el ejército salvadoreño en 1989.

[2] https://noticias.uca.edu.sv/articulos/la-actual-caricatura-de-maximiliano-hernandez-martinez

[3] La mentira política, Arendt, Hannah, Alianza Editorial 2025

[4] MANIFIESTO DE LOS POBRES, Francisco Van der Hoff Boersma, Edición privada de la Unión de Comunidades Indígenas de la Región del Istmo, 2011, Cd. Ixtepec, Oax.

[5] https://www.nytimes.com/es/2026/06/03/espanol/america-latina/trump-colombia-de-la-espriella.html

[6] https://www.sela.org/el-salvador-registra-deuda-mas-alta-de-centroamerica/

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