Por: Luis Rafael Moreira Flores
En un contexto marcado por la necesidad de reorganización social y el análisis profundo de la coyuntura nacional, el Movimiento Popular de Resistencia 12 de Octubre (MPR-12) volvió a convocar a las principales organizaciones históricas del país. El encuentro, desarrollado en un ambiente de reflexión y memoria combativa, sirvió como escenario para romper con un periodo de letargo social y conmemorar casi un cuarto de siglo de trayectoria, análisis crítico y acción directa en favor de las clases populares salvadoreñas.
Con la mirada puesta en el próximo 12 de octubre de 2026, fecha en que la articulación cumplirá 24 años de existencia ininterrumpida desde su fundación en el año 2002, veteranos dirigentes, liderazgos territoriales y representantes de las nuevas generaciones se reunieron para evaluar el legado del movimiento, redefinir sus banderas de lucha e impulsar un proceso de revitalización organizativa capaz de hacer frente a los desafíos del presente.
24 años de memoria: La fundación del MPR-12 y sus primeras batallas
El nacimiento del MPR-12 se remonta al 12 de octubre de 2002, una fecha impregnada de un fuerte simbolismo histórico de resistencia popular en el continente americano. Surgido como un espacio de coordinación unitario, el MPR-12 articuló a diversos sectores de la sociedad civil salvadoreña: organizaciones campesinas, colectivos comunales, instituciones de fe, sindicatos independientes, y de sectores que buscaban una plataforma común para hacer frente al modelo económico neoliberal de principios de siglo.
Durante la asamblea, la dirigencia histórica recordó a viva voz las intensas jornadas de protesta que caracterizaron sus primeros años de existencia. El movimiento nació en un periodo crucial en el que las élites políticas y económicas de la región impulsaban una serie de tratados e iniciativas de integración comercial que el movimiento social catalogó como amenazas directas a la soberanía nacional y al bienestar popular.
Entre sus principales banderas de lucha, los asistentes destacaron la resistencia contra el Tratado de Libre Comercio (TLC), la Alianza del Pacífico y el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), así como la oposición al Plan Puebla-Panamá (PPP) y al tratado comercial DR-CAFTA (Dominican Republic-Central America Free Trade Agreement). Para el MPR-12, estas políticas representaban la privatización de bienes comunes, el desmantelamiento de la producción agrícola local y la entrega de los recursos naturales a corporaciones multinacionales.
A la par de la resistencia contra el comercio transnacional, el MPR-12 jugó un papel decisivo en la defensa de los derechos sociales básicos en El Salvador, destacándose de manera especial su participación protagónica en las movilizaciones en defensa de la salud pública y la seguridad social, impidiendo los intentos de privatización del sistema sanitario que se promovieron durante la década del 2000.
Coordinación mesoamericana y la histórica Asamblea Popular de 2004
Uno de los puntos culminantes de la jornada de análisis fue el reconocimiento del carácter internacionalista y mesoamericano de la organización. La dirigencia evocó cómo el MPR-12 logró trascender las fronteras nacionales para integrarse de forma activa en redes de resistencia a nivel regional.
A través de alianzas estratégicas con movimientos populares de Guatemala, Honduras, Nicaragua y otros países del istmo, el MPR-12 participó en coordinaciones hemisféricas que impulsaron acciones directas de gran impacto geopolítico, tales como los cierres sincronizados de fronteras continentales. Estas acciones de protesta no solo paralizaron el tránsito comercial para visibilizar el rechazo a los tratados neocoloniales, sino que demostraron la capacidad organizativa del movimiento popular centroamericano para actuar como un solo cuerpo.
El punto cumbre de esta escalada de presión social en el ámbito local ocurrió en diciembre de 2004. En un hecho inédito en la historia política del país, las organizaciones integradas en el MPR-12 irrumpieron y se tomaron las instalaciones de la Asamblea Legislativa de El Salvador. Dentro del recinto estatal, los delegados populares instalaron una «Asamblea Popular», un espacio deliberativo autogestionado desde el cual se legislaron de forma simbólica las demandas reales de la clase trabajadora, el campesinado y las comunidades excluidas. Esta acción marcó un hito en la memoria de las luchas de calle en el país, demostrando que el poder popular podía cuestionar de manera directa la institucionalidad vigente.
El viraje político de 2009 y el costo de la movilización de calle
Durante el desarrollo de la asamblea, la militancia también dedicó un espacio sustancial a la autocrítica y al análisis del aporte que las organizaciones del MPR-12 dieron para la construcción de una nueva correlación de fuerzas en la política salvadoreña.
Se debatió detenidamente el papel desempeñado por el movimiento en la acumulación de fuerza social que desembocó en el cambio de gobierno de 2009. Las organizaciones territoriales y sindicales alineadas en el MPR-12 fueron determinantes para canalizar el descontento popular hacia una alternativa política de izquierda que garantizó, por primera vez en la historia reciente del país, el impulso de programas sociales de gran alcance, como la entrega de uniformes y útiles escolares, paquetes agrícolas, la pensión básica universal para adultos mayores y la gratuidad en la salud pública.
Sin embargo, el balance del MPR-12 sobre esta etapa incluyó un matiz reflexivo: la dirigencia reconoció que el esfuerzo volcado hacia la transición institucional de 2009 tuvo un costo elevado para las dinámicas populares. Al priorizar la correlación política parlamentaria y gubernamental, se descuidó parcialmente la presencia beligerante, la movilización de calle y la formación de bases comunitarias autónomas, lo que eventualmente condujo al debilitamiento y al periodo de letargo que afectó al movimiento social en los años posteriores.
Rearticulación y relevo generacional hacia el 12 de octubre de 2026
La asamblea concluyó con un renovado ambiente de fraternidad y mística combativa. Lejos de ser una mera revisión nostálgica del pasado, la actividad funcionó como un catalizador para la rearticulación organizativa. La histórica dirigencia del MPR-12 cedió la palabra a los representantes de las nuevas dirigencias de militantes, quienes asumieron públicamente el compromiso de reimpulsar a la organización.
Los dirigentes expresaron la urgencia de actualizar las banderas de lucha frente a las nuevas realidades socioeconómicas que atraviesa El Salvador. Se enfatizó que el MPR-12 debe recuperar su carácter aglutinador, posicionándose nuevamente como el espacio de convergencia para las organizaciones históricas, los nuevos movimientos territoriales, los defensores del medio ambiente y los sectores populares desposeídos.
«El reto de hoy no es solo recordar las victorias de hace 20 años, sino construir las victorias del mañana», expresaron voceros durante el cierre del evento. La meta fijada por la plenaria es clara: llegar al 12 de octubre de 2026 con un Movimiento Popular de Resistencia fortalecido, territorializado y con la capacidad de generar voz, “Por la Vida, la Dignidad y la Soberanía” de El Salvador.

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