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Pensamiento crítico, familia, escuela y régimen político (III)

Ricardo A. Hernández

En términos generales, el régimen político puede ser democrático, autoritario o totalitario. El pensamiento crítico se desarrolla en un régimen democrático y se intenta anular en los regímenes totalitarios o autoritarios. Es precisamente en un régimen totalitario donde se ejecutan políticas dirigidas a crear un pensamiento único.

El régimen democrático potencia el pensamiento crítico y este, a su vez, fortalece al sistema democrático. Ahora bien, el régimen democrático tendría que garantizar las libertades políticas, pero también la equidad económica, la equidad de género y la diversidad cultural. Si el régimen democrático únicamente garantiza las libertades políticas (democracia formal), pero no se preocupa por mejorar la equidad económica (democracia sustantiva), de género o la diversidad cultural, será cuestionado por los pensadores críticos.

Un régimen democrático que garantiza las libertades políticas, de organización, de pensamiento y de expresión tendrá que rodearse de un grupo de intelectuales que lo defiendan de las críticas; sin embargo, garantizará que los que lo cuestionan lo hagan con total libertad. Que no se sientan perseguidos, atemorizados, que sepan que hay un marco legal que los protege de cualquier acción atentatoria contra su libertad de expresión. Pues el pensamiento crítico se expresa a través de la libre de expresión.

En el caso de El Salvador, hay una herencia de persecución al pensamiento crítico, en tanto que la historia nacional ha sido la típica de un régimen autoritario. La llamada “democracia oligárquica” del siglo XIX se caracterizó por ser oligárquica, pero no democrática. Entre 1863 y 1913 hubo, al menos cinco golpes de Estado y un magnicidio, mientras que en el resto del siglo XX se sucedieron por lo menos seis más.

A partir de los años treinta, el país vivió lo que se conoce como un ascenso del militarismo, por lo que, tanto en el siglo XIX, con la “democracia oligárquica”, como en el siglo XX, con el autoritarismo militar, no hubo mucho espacio para que el pensamiento crítico se expresara.

Evidentemente, tanto la democracia oligárquica, como el régimen autoritario militar fueron regímenes enemigos de una sociedad abierta en la cual se manifestará la crítica, la libertad de pensamiento y expresión. No obstante, las fisuras que mostraban daban paso a que se divulgaran algunos análisis críticos, especialmente a partir del surgimiento del multipartidismo en los años sesenta.

Un régimen autoritario que permite el multipartidismo, puede ser sujeto a cuestionamientos, siempre y cuando haya una oposición real al régimen, en tanto las fuerzas políticas leales al régimen, aunque se presenten como opositoras jamás se opondrán a las políticas estratégicas de la dictadura, un ejemplo de esto fue el Partico Conservador en la Nicaragua de los Somoza. Esto contrasta con lo que sucedió en El Salvador, donde frente a la dictadura militar, el Partido Demócrata Cristiano se constituyó como una oposición real, por lo que cuestionaba frecuentemente las políticas y el ejercicio de poder de los gobiernos de turno. Me refiero a la democracia cristiana de los años sesenta y setenta.

En una guerra, el ejercicio del pensamiento crítico es peligroso, debido a que los actores en pugna ven como una amenaza las posturas que cuestionen sus estrategias de lucha, especialmente aquellas que se expresen a través de la prensa y redes sociales. Recordemos que los actores en guerra tratan de imponer su versión de los hechos; por lo tanto, quien se atreva a cuestionarla se puede volver un blanco de los actores en pugna.

En El Salvador de los años ochenta, era peligroso que se ejerciera el pensamiento crítico, aquellos que lo hicieron corrían el riesgo de ser castigados con la cárcel o la muerte. Un ejemplo muy conocido, es el caso de los sacerdotes jesuitas de la UCA, quienes mantuvieron un permanente ejercicio de pensamiento crítico a lo largo de los años ochenta, por lo que fueron amenazados frecuentemente, hasta que finalmente fueron asesinados por los militares en 1989.

Lo mismo le había sucedido años antes a Monseñor Romero en 1980, quien era acusado de ser comunista por cuestionar las estructuras políticas y económicas del país. El asesinato de estos líderes de la Iglesia tenía como propósito vengarse por sus análisis críticos, pero además se buscaba silenciar a otros que se atrevieran a cuestionar a los círculos de poder.

La paz y la democracia son los mejores entornos para potenciar el pensamiento crítico; mientras que la guerra y el autoritarismo constituyen el peor clima para que este pueda cultivarse. Cuando hay paz y democracia, el pensamiento crítico sirve para que estás se consoliden, por el contrario, si lo que prevalece es el autoritarismo el pensamiento crítico se vuelve necesario, para contribuir a derrumbar el sistema autoritario; pero quién estará dispuesto a ejercerlo, pues el costo a pagar es demasiado grande.

 

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