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EL LIBRE ALBEDRÍO

Dr. H. Spencer Lewis, F.R.C.

(Pasado Imperator de AMORC)

   LIBRE ALBEDRÍO es un termino que representa una doctrina. A un cuando la doctrina pueda ser mas o menos comprendida, por algunos, el término libre albedrío es mal entendido por la mayoría. Incuestionablemente, el Cósmico nos impele a veces a hacer cosas, del mismo modo que el mundo material, con sus brillantes y fantasmagóricos oropeles, nos tienta a veces a hacer ciertas cosas. Entre los impulsos y tentaciones, tanto del Cósmico  como del mundo material, tenemos el privilegio –no podemos decir el derecho— de escoger nuestra manera de ceder. Se sabe que cuando el tentador trato de tentar a Jesús, el dijo: “Detrás de mi, Satanás”. Recientemente oí decir a un hombre, que hoy en día la gente vive de una manera tan atolondrada, que parece que dijera: “Detrás de mi Satanás y empújame”.

   Parece que en lo reciente la mayor parte del mundo, ha ido cediendo gradualmente a las tentaciones materiales, ignorando los impulsos cósmicos y por lo tanto hemos tenido un mundo que es un ejemplo glorioso o un ejemplo opuesto, según nuestro punto de vista, de la famosa idea del libre albedrío. Es cierto que la humanidad ha tenido una larga temporada de libre albedrío; libremente ha querido hacer toda clase de cosas, que no debiera haber hecho, gradualmente ha aumentado su descaro, atrevimiento hasta el punto de que el mismo mal que ha provocado, tolerado, consentido y madurado, gradualmente la ha aplastado y golpeado. Hoy tenemos millones de hombres y mujeres en el mundo que están tratando de redimirse; están tratando de zafarse, aunque fuera tirando de los cordones de sus zapatos, para salirse del pantano de dificultades en que se habían hundido como si se hubieran zambullido en una piscina angélica, ¡Esto dizque es libre albedrío!

    Dios nos dio la facultad de razonar, de llegar a conclusiones, y de emplear nuestra voluntad para hacer las cosas que resolvamos querer hacer. Pero al mismo tiempo hizo Él un poquito más rígidas y un poquito mas fuertes las leyes de la compensación. Parece que el hombre olvidara que junto a su libre albedrío, esta la obligación voluntariamente asumida de ser responsable de lo que él quiere. Según escogemos, asimismo asumimos ciertas condiciones karmicas. El hombre no puede salvarse por ningún sustituto, ni por la gracia de Dios o de Su Hijo, Jesús el Cristo, a menos que el hombre se salve a si mismo. Toda la sangre derramada en el Calvario, multiplicada por mil, no puede salvar al pecador que tozuda y arrogantemente emplea su libre albedrío y luego trate de escurrirse de su obligación  o responsabilidad, para que sus deudas kármicas sean canceladas, evadidas y colgadas en la cruz de otra persona, es el mismo quien tiene que ser crucificado en su propia cruz y padecer el dolor de los clavos que el hizo que le atravesaran su  propia carne. Sobre su frente debe posarse la corona de espinas de su consciencia y del costado de su cuerpo debe fluir la sangre ennegrecida de sus propios malos deseos.

   Aquel que es el mayor exponente del libre albedrío, que lo acompaña por un continuo ejercicio de él, es el primero que protesta  contra cualquier otro individuo que pretenda vivir de acuerdo con el mismo código. El libre albedrío significa para quien sabe ejercerlo, una libertad otorgada exclusivamente a el. Es su libre albedrío, y solo su albedrío, el que debe ser libremente ejercido. Desde el momento en que él va contra la demostración de libre albedrío por parte de otros seres humanos, el protesta, pues ciertamente que el libre albedrío de todos los seres, libremente ejercido, actuara como restricciones y limitaciones para todos.

   No puede haber un libre albedrío universal, por lo tanto, semejante idea es, por esa razón, una idea falsa. La ley y el orden son la única voluntad que puede expresarse libremente y su libertad de expresión, aumenta en la misma proporción en que esa voluntad esté de acuerdo con la armonía del Universo y con el plan divino universal, tendré libertad de expresión para mi alma y para mi ego mundano. Pero en el momento en que yo trate de hacer de esa libertad de expresión y de ese libre albedrío, una cosa mía y libre en todo sentido, quedara fuera de armonía con el Universo. Tengo entonces que someterme a la libertad de expresión de todos los otros seres humanos, o que dominar su libertad de expresión.

   Por esta razón, yo prefiero escuchar y atender los impulsos del Cósmico y estar en armonía con él, pues por su mediación no puede venir la destrucción y el resultado de esto será solamente la paz y una vida constructiva. Este es el único libre albedrío que esta de acuerdo con la vida eterna, la paz y la felicidad.

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