Por: Luis Rafael Moreira Flores
Panchimalco se prepara para vestirse de gala. Este mayo de 2026, el aroma de la flor de mayo y el colorido de las palmas no solo buscarán elevar las plegarias de un pueblo devoto, sino también satisfacer el ojo clínico de la UNESCO. El organismo internacional ha intensificado sus labores para declarar la tradición de las Flores y las Palmas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, posicionando a este municipio como el nuevo epicentro de la cultura salvadoreña. Sin embargo, tras el aparataje turístico y el protocolo mediático que amenaza con opacar la realidad económica de sus habitantes, emerge una figura que personifica la resistencia cultural: Don Sabino Ramos.
El peso de la danza y el peso de las cadenas
Don Sabino no es un nombre cualquiera en las colinas de Panchimalco. Es un Gestor Cultural de los Chapetones, una danza que es, una sátira social mordaz contra la sociedad política colonial. Mientras las instituciones gubernamentales y locales pulen las fachadas del centro para el «gran montaje» internacional, Sabino Ramos enfrentaba una realidad mucho más cruda que la ficción colonial que representa en sus bailes.
Como sindicalista municipal y miembro activo de la comunidad, Sabino se convirtió en un símbolo de la lucha social. Pero esa misma voz crítica lo llevó a ser privado de su libertad. Durante meses, organizaciones sindicales y movimientos sociales impulsaron una campaña imparable bajo una consigna clara: la liberación de un hombre que es padre de familia, gestor cultural y un pilar de la identidad local.
El desenlace llegó con una precisión que muchos califican de estratégica. El 10 de abril se decretó su libertad y el 22 finalmente cruzó el umbral de su encierro, apenas unos días antes de que las cofradías y las danzas se tomen las calles para la celebración de mayo. La pregunta que flota en el aire no es si se hizo justicia, sino qué tan conveniente resultaba para el Estado mantener a un líder cultural encarcelado mientras las cámaras del mundo apuntan a Panchimalco.
La UNESCO y el peligro de la vitrina cultural
Para la Asociación Salvadoreña Sindical Independiente de Trabajadoras y Trabajadores de las Artes y las Culturas (ASITAC), la intervención de la UNESCO en este contexto político no es una victoria desinteresada. Existe una preocupación legítima de que estos reconocimientos internacionales, bajo la administración actual, se traduzcan en una gentrificación acelerada.
«El reconocimiento internacional se convierte en una herramienta de urbanismo exagerado que choca con la esencia de los ‘pueblos vivos’. Se utilizan las figuras ancestrales y originarias con un fin comercial que rara vez lleva desarrollo real a los cantones de la zona», señalan voces críticas del sector artístico.
El temor es que Panchimalco pase de ser una comunidad con raíces profundas a ser un escenario de cartón para el turista extranjero. La paradoja es evidente: mientras se busca proteger una tradición, se desplaza a quienes la mantienen viva mediante procesos económicos que los marginan.
¿Justicia o cálculo político?
Si bien las campañas populares por la liberación de presos políticos y sociales son constantes en El Salvador, los casos de éxito son mínimos. ¿Por qué Sabino Ramos sí? La respuesta parece hallarse en el calendario. Imaginar la celebración de las Flores y las Palmas con pancartas de Don Sabino, con volantes informando a los delegados de la UNESCO sobre su detención arbitraria, o con la ausencia deliberada de los danzantes en protesta, era una pesadilla logística y mediática para el gobierno.
Era mucho más fácil liberarlo para acallar la justa protesta y garantizar que el «gran montaje» transcurra sin ruidos molestos. La liberación de Sabino no parece ser una concesión de buena voluntad, sino un movimiento de control de daños ante una actividad de envergadura mundial. El «Chapetón» era una pieza incómoda que debía ser devuelta a su lugar antes de que los reflectores se encendieran.
La labor de la prensa y la sociedad civil
Este triunfo de la libertad no puede adjudicarse al sistema judicial, sino a la labor de denuncia incansable desde los sindicatos, las organizaciones sociales y los movimientos artísticos. Ha sido vital la cobertura de los medios alternativos e independientes que, alejados de la línea oficialista, mantuvieron el nombre de Sabino Ramos en la agenda pública cuando el discurso gubernamental intentaba sepultarlo bajo la retórica del progreso turístico.
Don Sabino Ramos, el hombre que danza burlándose de los poderosos de antaño, hoy se erige como una sátira viviente de los poderosos de hoy. Su caso demuestra que la cultura no es solo color y adorno, sino una herramienta de lucha que puede torcerle el brazo a la narrativa estatal.
Un mayo de resistencia
No sabemos si Don Sabino tendrá las fuerzas físicas para danzar este mayo. El encierro deja marcas que la música de la flauta y el tambor no siempre logran borrar de inmediato. Pero lo que es innegable es que tiene la fuerza moral para seguir activo. Su historia ya no es solo suya; es la historia de Panchimalco resistiendo a ser devorado por el marketing internacional.
Al final, la tradición de las Flores y las Palmas sobrevivirá, no por el sello de la UNESCO, sino por hombres como Sabino que entienden que la cultura se defiende tanto en la plaza bailando como en la calle exigiendo dignidad. Este mayo, cuando los turistas vean pasar a los Chapetones, deben saber que bajo esos trajes hay una historia de resistencia que el protocolo mediático no pudo silenciar.
Panchimalco no es solo una postal; es un pueblo que, a pesar del asedio de la gentrificación y el autoritarismo, ha logrado recuperar a uno de sus hijos más valiosos. La celebración este año tendrá un matiz diferente: el de un Chapetón que, por fin, vuelve a caminar libre por su tierra.
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