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Desvaríos de la razón pura

Luis Armando González

Inmanuel Kant (1724-1804), qué duda cabe, es uno de los grandes de la filosofía. Supo poner el acento en aspectos centrales de la naturaleza humana; entre otras cosas, en los desvaríos en los que cae la mente de las personas cuando su capacidad de razón comienza a operar a la libre, sin ningún control por parte de lo que indica la realidad externa a su subjetividad. Son los desvaríos de la “razón pura”, como acertadamente los calificó el filósofo de Königsberg. Los intelectuales, las gentes de ideas, son particularmente procolives a caer en las trampas de la razón pura. Y eso sería poco relevante si esos “ejercicios intelectuales” –que consisten en realizar ideaciones a la libre, sin control alguno por parte de lo real— se quedaran restringidos al ámbito privado; lo que sucede es que trascienden a la esfera pública, influyendo en círculos amplios de personas, que se ven contaminadas por el hábito de los juegos de ideas, engarzadas de mil maneras, sin más orden que el impuesto por la propia secuencia de pensamientos.

Qué se la va a hacer: esos desvaríos han acompañado, desde siempre, al Homo sapiens. Son los que alimentan sus “ilusiones metafísicas”. Se tiene que decir que este “mono desnudo” también ha inventado los correctivos a esos desvaríos –la ciencia es el mejor correctivo—, pero su atractivo es inobjetable. Así, es difícil que muchos se resistan a los “juegos de ideas”, a las ideaciones, que plantean que la coyuntura generada por el coronavirus es la antesala al “fin” del capitalismo o, como dicen los más metafísicos, al fin de una Era. Hilvanan palabras y argumentos para “demostrar” que el “sistema capitalista” se está resquebrajando de manera inexorable y que de las “ruinas” de un “sistema” que se derrumba está naciendo algo absolutamente nuevo. Al leer o escuchar a quienes hilvanan tales ideas y argumentos, no puede menos que concluirse que están totalmente seguros de lo que afirman; no hay resquicio para la duda, para el es probable, para el quizás: el sistema capitalista se derrumba y una nueva Era está naciendo.

¿Y los datos de la realidad?, ¿y las dinámicas reales que, en el ámbito económico, están operando y que están poniendo en marcha estrategias bien definidas para implementarse una vez que pase la coyuntura suscitada por el coronavirus? Esos datos y la referencia a esas dinámicas reales –las bancarias y financieras, por ejemplo— no aparecen en las argumentaciones que, por ello, constituyen un ejercicio de la razón pura, del que Kant nos previno en su momento. Los datos de la realidad, que son accesibles a cualquiera que esté dispuesto a escapar de los marcos de la razón pura, indican que los bancos no han dejado de operar (y que al aportar préstamos a los Estados se fortalecen como bastiones de la economía), lo mismo que las grandes corporaciones de internet y de telecomunicaciones (en las que difunden, vaya paradoja, los mensajes del fin de una Era): aquéllos y estas son ejes fundamentales del capitalismo neoliberal globalizado, actualmente vigente y operante. A lo mejor, lo que podría anticiparse es un reajuste importante en algunos rubros de ese capitalismo neoliberal globalizado. Pero no hay evidencia empírica que permita adelantar o proponer, como conocimiento válido, su derrumbe total y el surgimiento de una nueva Era.

No es sano -desde criterios cognoscitivos- acercarse a la situación actual del país y del mundo arropados en la razón pura. Esta es un impedimento para conocer y explicar los resortes y mecanismos de la realidad, y una grave limitación para incidir con alguna eficacia en esos resortes y mecanismos. Las herramientas de las ciencias naturales y sociales (estas últimas “descontaminadas” de las ilusiones metafísicas) son el mejor recurso para acercarnos a la realidad actual, con su particular complejidad. Quizás el conocimiento y las herramientas científicas no sean capaces de saciar la sed de un “deber ser” que agobia a muchos, pero nos permiten encarar con bastante solvencia el “ser”, que es donde las personas reales realizan su vida.

Cabe sospechar que quienes están convencidos de que el capitalismo neoliberal globalizado se está derrumbando, y que una nueva Era está naciendo, confunden sus deseos con la realidad, e incluso es posible que crean que al desear ese derrumbe y lo nuevo que vendrá, están contribuyendo a que eso suceda. Esto es algo propio de las ilusiones metafísicas: si deseamos algo, sucederá. Pero no: la realidad (natural y natural-social) no se configura a partir de los deseos, sino de mecanismos reales que física, química, biológica, económica, política y culturalmente la dinamizan. Desear que el capitalismo neoliberal globalizado se derrumbe está bien; desear un nuevo orden, más humano, justo y solidario, es igualmente bueno. Que eso esté sucediendo efectivamente en la realidad es harina de otro costal. Hay que probarlo con datos suficientes y de gran envergadura, pues se trata del planeta en su conjunto el que estaría viviendo su renovación. Los desvaríos de la razón pura no son el mejor camino para conseguir esas pruebas ni mucho menos las pruebas en contra que, como anotó ese postkantiano que fue Karl Popper, son lo fundamental en el proceder científico. Es recomendable no gastar energías en desvariar; es mejor gastarlas en pensar científicamente la realidad nacional y mundial, aunque –eso sí— quienes hacen alarde de sus ilusiones metafísicas le ponen un toque pintoresco al debate de ideas.

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